Investigan el uso de proteínas de insectos para hacer vacunas mas rápidas y baratas contra pandemias

El sistema permitió a la empresa Algenex diseñar en solo cuatro meses un fármaco contra la gripe aviaria para animales


Redacción / La Voz

El mundo se ha lanzado a una carrera contrarreloj para encontrar una vacuna que permita poner fin a la crisis sanitaria creada por el covid-19. Y en Algenex, una empresa de biotecnología con sede en Madrid, cuentan con un sistema pionero que podría ayudar a producir estos fármacos de forma más rápida y económica. CrisBio, nombre de su método, está basado en los insectos y la compañía confía que le permitirá, en solo unos meses, disponer ya de la primera vacuna contra el coronavirus probada en animales. Después, será una farmacéutica la que se encargue de los ensayos clínicos y de su comercialización.

La firma está especializada en en la producción de proteínas que se emplean tanto para la fabricación de vacunas, como para moléculas terapéuticas y reactivos diagnósticos. «Los sistemas tradicionales para producir productos basados en proteínas son muy costosos, porque precisan de biorreactores», explica José Escribano, fundador de la empresa. Su investigación se ha basado en que «los insectos son unos magníficos organismos para producir proteínas», añade. De ahí ha salido CrisBio, tecnología alternativa que aprovecha la naturaleza para crear una herramienta de fabricación de proteínas de manera sencilla. «Usamos insectos para que fabriquen algo sofisticado de forma simple».

El sistema se basa en el uso de la crisálida de la oruga de la col, a la que se le inocula un virus inocuo para los animales y el hombre, llamado baculovirus. Los insectos empiezan entonces a replicar este virus y, en menos de una semana, las crisálidas generan el antígeno vacunal en grandes cantidades en sus células. Este se extrae mediante un proceso de purificación y ya está listo para ser utilizados como vacuna. El sistema es más barato que el tradicional, pues no requiere inversiones costosas en maquinaria, y más rápido, pues en doce semanas se pueden obtener hasta 250 millones de crisálidas partiendo de un par de polillas. «Nuestra tecnología tiene una propiedad única: que en dos meses podemos empezar a producir una vacuna desde que decidimos qué gen vamos a poner en el virus», explica Escribano. Hay más porque, además, «el escalado es ilimitado. Cuantos más insectos infectemos más cantidad podemos producir y podemos producir millones de insectos en poco tiempo», relata. Estas dos circunstancias permiten «que nuestras factorías sean más baratas y que el coste de producción de una dosis de vacuna sea también más económico», añade. De hecho, la empresa colabora con diferentes compañías de investigación en antígenos de gripe y del virus del papiloma humano con el objetivo de desarrollar vacunas eficaces y asequibles para países en vías de desarrollo o pandemias. «Nuestra técnica podría permitir fabricar proteínas en países en vías de desarrollo, porque es más barata y no precisa de biorreactores», añade Escribano.

Vacunas animales

Hasta ahora, buena parte de esta tecnología se ha usado en vacunas animales. De hecho, obtuvo su primera licencia de una vacuna en el 2015 en colaboración con la empresa italiana Fatro. A esta han seguido otras licencias para otras empresas del sector de la salud animal que se encuentran en distintas fases de desarrollo. Durante el pasado año, la empresa realizó una prueba en gripe aviar que le permitió demostrar su capacidad de fabricar un candidato a vacuna en solo cuatro meses, probando su seguridad en modelos animales. Lo mismo quieren hacer ahora con el coronavirus. «Todas las vacunas más avanzadas contra el covid-19 son desarrolladas en sistemas que todavía no han sido probados en humanos», añade. Escribano sostiene que, además de producir su propia vacuna, la tecnología de Algenex puede ser utilizada por otra empresa que haya desarrollado su propia vacuna basada en las proteínas para producirla de forma más rápida y barata.

Una empresa que nació en el año 2005 gracias a capital gallego

Algenex es una firma que nació en el año 2005 gracias a capital gallego, más concretamente, a Unirisco. Es esta una sociedad de capital riesgo de la que forman parte la Universidad de Santiago, entidades bancarias e inversores privados, como Amancio Ortega. «Nuestro primer capital de inversión vino de Galicia», recuerda Escribano, que junto con Covadonga Alonso puso en marcha la compañía. Actualmente, 17 profesionales trabajan en ella, muchos de ellos doctores en diferentes campos de la biomedicina. El 70 % de la compañía pertenece a un fondo privado de Luxemburgo y el 30 % a otros accionistas, como la gestora de capital riesgo Uninvest. Durante el pasado año, facturó 650.000 euros. La firma está construyendo nuevas instalaciones en Tres Cantos, donde ha invertido 1,2 millones de euros.

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