Gran descenso de la inseminación en la actividad diaria de las granjas

Veterinarios admiten que su trabajo estos días se centra en cuestiones médicas y en atención a partos


VILALBA / LA VOZ

La epidemia de coronavirus también pasa factura a las granjas. Las explotaciones de ganado vacuno funcionan estos días con un ritmo menor del habitual, lo que a su vez repercute en el trabajo de los veterinarios que las atienden y las asesoran. Los profesionales con los que ayer contactó este periódico aseguraron que sus tareas se estaban centrando en cuestiones médicas y de partos, pero afirmaron que la inseminación estaba prácticamente ausente por ser una práctica expuesta a contagio.

«Traballamos para atender casos de necesidade», dijo Carlos Riveira, veterinario de A Pastoriza. Partos y enfermedades de las reses son asuntos que siguen presentes, mientras en cuestiones básicas se toman otras precauciones: por ejemplo, se recomienda que no ayuden en los partos personas diabéticas, hipertensas o con problemas de corazón, y la documentación se entrega en bolsas de plástico.

José Ulla, veterinario en Begonte y alcalde de ese municipio, admitió que la inseminación estaba parada. Lo que ocurra a corto o a medio plazo es algo difícil de precisar, como reconoció. «En función da evolución, retomarase ou non, pero a produción hai que mantela», dijo. Este veterinario begontino también admitió que las medidas de precaución tomadas por profesionales como él suponían un modelo para que lo siguiesen los ganaderos. «Todo o que fas serve para que eles o fagan tamén», explicó.

«Nótase que hai menos traballo do habitual», subrayó Xosé Manuel Fernández Santamariña, veterinario de Vilalba. Aspectos clínicos son los que predominan en su actividad, en la que la inseminación está prácticamente ausente. Este profesional destacó que las medidas de control no suponían grandes novedades, pues, por ejemplo, una de las pautas implantadas es que ganaderos y veterinarios mantengan una mínima distancia de seguridad. «Imos facendo medidas de sentido común», manifestó.

Caben suponer que si las vacas no son inseminadas en estos días, pueden serlo en el siguiente período de celo, que llegará tres semanas después del actual. De todos modos, resulta conveniente mantener un intervalo de un año entre un parto y otro, por lo que posibles retrasos en la inseminación pueden alterar ese ritmo. La situación plantea consecuencias distintas en el ganado vacuno de carne que en el de leche. En este, como explicó Xosé Manuel Fernández Santamariña, afecta más al gasto diario de la granja, ya que los gastos de alimentación de una res son más elevados.

 Celos programados

Que una vaca se preñe en los 90 días siguientes al parto es interesante para que mantenga su nivel productivo y su rendimiento lechero no se vea alterado a medio o a largo plazo. En una explotación de 200 o 250 cabezas los celos ya suelen programarse, y la alteración supone un contratiempo mayor que en una pequeña. De todos modos, precisó Riveira, las medidas de estos días vienen dadas por causas de fuerza mayor.

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