La UE toma al rural gallego como rehén para cortar las ayudas a la PAC

No quiere seguir financiando explotaciones fantasma o subvencionando a magnates


Redacción / La Voz

Galicia se queda sin aliados en la batalla por los fondos europeos. Y, lo que es peor, se ha convertido en rehén a manos de sus contendientes. A un lado se despliega el frente de halcones. No quieren seguir destinando ayudas millonarias al Fondo de Cohesión (del que se benefician los países del Este, no Galicia) ni a la PAC (de la que beben el campo francés y el español).

En esa lucha por cercenar las carteras han forzado a sus socios, de forma más o menos deliberada, a retratarse en materia agrícola. A elegir a quién le pasan la factura: a los gigantes agroalimentarios y «agricultores de sofá», que ahora proliferan también en algunos países de Centroeuropa, o a los pequeños negocios familiares del rural, como los gallegos, que viven pendientes del futuro de los fondos destinados al desarrollo rural.

Por ahora son los segundos los que tienen la soga al cuello, con esa propuesta de recorte del 25,1 % en el segundo pilar de la PAC y la intención de que corran a cuenta de esta partida las ayudas para la descarbonización de la industria, un doble recorte que dejaría a Galicia sin un buen pellizco de los 890 millones que venía recibiendo del sobre de 2.771 millones.

En Francia tienen clara cuál es su prioridad y no coincide, ni mucho menos, con la de los gallegos. París toma partida por las ayudas directas, no tiene ningún interés en batirse por una causa que solo divide en España. Las opciones de Galicia pasan por la mano negociadora de Pedro Sánchez, que gustosamente se mostrará dispuesto a sacrificar unos fondos -los de cohesión, de los que ahora se benefician principalmente los países menos desarrollados del Este-, por blindar la PAC. Pero esa es una jugada que no aceptarán sus socios. Sánchez tendrá que elegir entre un modelo u otro. Entre blindar los pagos directos a las grandes explotaciones y agricultores de pedigrí o garantizar el futuro del campo.

También el ministro de Agricultura, Luis Planas, es consciente de que tendrá que pagar el rescate o dejar morir lentamente al rural si blinda el primer pilar, por eso trató ayer en vano de «buscar lo que nos une por encima de lo que nos separa». Cuando dice que «hay una posición común en defensa de una PAC bien dotada», esconde la cuestión de fondo: la división no es un estado natural exclusivo de la UE, también lo es en las calles españolas, donde patronal, grandes empresarios del campo y pequeños agricultores se entremezclan, cada uno clamando por lo suyo.

La UE ya no quiere seguir financiando explotaciones fantasma o subvencionando a magnates que se han hecho ricos a costa de los contribuyentes europeos, como el primer ministro checo Andrej Babis, propietario de Agrofert. Así que el tablero de juego no se ha configurado para que España sacrifique la cohesión a cambio de mantener a salvo la PAC, sino para obligar al Gobierno a tomar partida por un pilar u otro. Mientras no escoja, Galicia seguirá sujeta a los caprichos y vaivenes de quienes no han puesto un pie en sus pueblos.

Los capos europeos de la PAC se hacen de oro

Cristina Porteiro
A la izquierda el primer ministro húngaro, Viktor Orban. En el otro extremo, su homólogo checo, Andrej Babis
A la izquierda el primer ministro húngaro, Viktor Orban. En el otro extremo, su homólogo checo, Andrej Babis TASR dpa

El vínculo entre las ayudas agrícolas y los bolsillos de los oligarcas del centro y este de Europa es muy estrecho

Imaginen al presidente de su país bloqueando los presupuestos europeos porque le recortan las partidas de la PAC, de las que se benefician sus negocios. Pues ese es el escenario que se podría producir en Bruselas en los próximos meses. El protagonista es Andrej Babis y es el primer ministro de la República Checa.

También es el segundo hombre más rico del país. Tiene en propiedad dos medios de comunicación y el gigante agrícola Agrofert. A pesar del cargo político que ostenta, el magnate sigue manejando el grupo comercial entre las sombras para engordar su fortuna a cargo de los contribuyentes europeos. La firma recibió el año pasado subsidios de hasta 82 millones de euros de la hucha de la UE. Su país se agenció en las últimas negociaciones presupuestarias (2014-2020) 8.300 millones de euros que se acabaron concentrando en el 17,6 % de sus sociedades agrícolas con una extensión de más de 100 hectáreas, algo inusual en Europa.

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