El cultivo de lúpulo crece de nuevo en Galicia tras décadas de retroceso

El campus lucense participa en un proyecto que estudia la recuperación de la planta


LUGO / LA VOZ

El cultivo de lúpulo vuelve a crecer en Galicia. En terrenos de la comarca coruñesa de As Mariñas, una zona donde en el pasado alcanzó cierta intensidad, tiene de nuevo protagonismo, impulsado por un proyecto en que el colaboran instituciones públicas (entre ellas la Escola Politécnica Superior del campus de Lugo) y entidades privadas.

El final de la Segunda Guerra Mundial supuso en cierto modo un auge de la producción, derivado de las difíciles circunstancias en que habían quedado países como Alemania, con gran arraigo en este cultivo. Los años sesenta del siglo pasado marcaron el inicio de la decadencia, un proceso que ahora comienza a invertirse, como explica Javier Cancela, profesor del departamento de Enxeñaría Agroforestal de la EPS.

Afrontar la recuperación de este cultivo tiene el inconveniente de un cierto coste: se necesitan, afirma Cancela, unos 30.000 euros por hectárea para iniciarlo. Hay que colocar postes en la finca y es necesario disponer de agua en el terreno para que el desarrollo sea el adecuado, por lo que algunas veces hace falta regar.

En el tercer año puede empezar a aprovecharse el cultivo. De una hectárea de terreno puede lograrse una producción anual de dos toneladas. Cancela advierte de que antes de iniciarse el cultivo debe cerrarse bien su posterior distribución, pero también recalca que su rentabilidad es evidente. España es hoy el noveno productor mundial, con unas mil toneladas al año. Esa cifra la sitúa lejos de países como Estados Unidos o Alemania, pero también, detalla Cancela, fuera de la posibilidad de cubrir sus actuales necesidades.

En España, en estos momentos, no se cultivan variedades que se precisan para tipos de cerveza presentes en el mercado. El lúpulo da a la cerveza un amargor con el que se compensa la dulzura de la cebada; pero, agrega Cancela, en países como Alemania se están estudiando variedades nuevas. «A cervexa evolucionou, e o cultivo require cambios», asegura el profesor.

La Ribera del Órbigo, situada en la provincia de León, es la comarca de mayor producción. El lúpulo suele ser un cultivo complementario en las explotaciones agrarias, aunque si alcanza una cierta extensión -unas 20 hectáreas, por ejemplo-, puede convertirse en la principal salida económica. Así las cosas, Cancela no tiene dudas sobre la conveniencia de que aumentase el cultivo. «Debería ir a máis. É un cultivo moi rendible e fixa xente no rural», afirma.

Por otro lado, que el entorno de Betanzos haya sido una zona de cultivo habitual y vuelvan a serlo ahora no excluye que el lúpulo pueda ensayarse con éxito en otras zonas de Galicia: así, se implantó en Lalín, pero comarcas de Lugo, detalla el profesor también podrían valer. Lo que hacen falta son terrenos con una cierta profundidad y con disponibilidad de agua, lo que explica su presencia en As Mariñas, en donde se cultivaba en las riberas fluviales.

Una planta que alcanza los seis metros de altura

El lúpulo crece con rapidez tras plantarse y alcanza fácilmente los seis metros de altura. Ese detalle, subraya Javier Cancela, ayuda a explicar los costes que tiene el cultivo. La cosecha suele recogerse en septiembre. La planta se corta; la que queda en el terreno se poda después y luego vuelve a crecer. Aunque el proceso tiene trabajos específicos, no se precisa mano de obra para el cultivo, que, añade Cancela, también puede darse en modo ecológico. 

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