Bambú de savia gallega para Europa

José Baña, ingeniero agrónomo, gestiona el vivero de bambú que montó hace unos 30 años el belga Jan Oprins en la finca de un viejo pazo. Vende a Francia, Bélgica y Holanda


PONTEDEUME / LA VOZ

De la finca del Lugar do Pazo, en Vilarmaior, a siete kilómetros de Pontedeume, salen unas 150.000 plantas de bambú cada año, el 90 % con destino a Francia, Bélgica y Holanda. En las épocas de mayor actividad, antes de la crisis, cargaban varios tráileres cada semana, hasta alcanzar las 700.000 unidades anuales. El belga Jan Oprins, uno de los mayores expertos mundiales en el Bambusoideae, con plantaciones en Sudáfrica o Indonesia, montó hace más de 30 años Viveros Botánica. «Empezou en Fisterra e despois comprou esta finca en Doroña, aínda vén por aquí algunha vez», explica José Baña (Zas, 54 años), ingeniero agrónomo y gerente de la explotación, que alquiló hace cuatro años bajo la marca Viveros Atlántico.

Baña trabajaba en una empresa pública en la que ganaba «moito diñeiro», pero no acababa de encajar: «O meu é traballar no exterior, non nunha oficina». En el año 2000 se presentó a una entrevista en Viveros Botánica y le seleccionaron: «Non sabía nada do bambú e pensei que ía estar un mes ou dous, pero logo me empezou a gustar e aí quedei». En seguida se adaptó al Lugar do Pazo, una parcela de ocho hectáreas, de las que 5,5 se dedican a la producción de esta planta de origen chino. «O 85 % está ao aire libre e as plantas máis pequenas, no invernadoiro, e para engordar van ao exterior», cuenta.

Cañas rojas, azules o negras

En las miles de macetas repartidas por esta superficie crecen bambúes invasivos -al que se debe la mala fama de esta planta, vista en la zona como «unha peste»- y no invasivos (o Fargesia). «A xente está moi mal informada, porque non sabe que hai bambú non invasivo, en Europa teñen outro concepto», recalca el gerente. Cultivan unas 16 variedades de bambú invasivo, entre ellas las de caña negra, verde o amarilla; y alguna más del no invasivo, como el Blue Dragon (de caña azul) o el Red Dragon (roja).

El bambú que se propaga a su antojo se emplea en bosques o para biomasa, por su rápido crecimiento. «Na primavera, vaste un venres e o luns notas algo raro no viveiro, é que medraron os brotes, ao mellor un metro», relata Baña. En Europa existen varias plantas de biomasa alimentadas con bambú y en España hay algún proyecto. Y el otro tipo de bambú, «o que non se estende por onde un non quere, é máis de xardín, máis decorativo, úsase para os peches dos chalés», señala.

Las variedades invasivas alcanzan mayor altura, entre los cuatro y los nueve metros; y las no invasivas, entre dos y tres y medio, con alguna planta de cinco. Los precios también varían, en función de la variedad, del tipo de maceta y de la envergadura, y oscilan entre los 2,20 y los 16,50 euros. El clima suave de Doroña, sin temperaturas extremas, y húmedo resulta idóneo para esta planta. «Tamén lle axuda a intensidade da luz, que por exemplo no sur de Galicia é demasiado forte», comenta. Jan Oprins recorrió la comunidad hasta dar con el lugar «ideal» para instalar este tipo de explotación.

El parón de la construcción, un sector con gran demanda de bambú en Europa, asestó un duro golpe a este vivero, que llegó a facturar 700.000 euros al año y que ahora «resiste», sin expectativas de recuperar las cifras anteriores. En Alemania, que era uno de sus principales mercados, cerraron todos sus clientes.

«Teño tres empregados fixos e na época forte, de febreiro a maio, contrato a dous ou tres. Chegou a haber 45 traballadores», recuerda el gerente. Vende a mayoristas (y a particulares, según el pedido) y no descarta incorporar otras plantas, especies de Nueva Zelanda o Australia que no se pueden encontrar en España. «Polo clima danse sen problema, pero non é fácil, hai que conseguir a patente», apunta.

Único en Galicia y España

En Galicia hay otros dos viveros, pequeños y no exclusivos de bambú, y en el resto de España, Baña no conoce ninguno. Aquí ha encontrado su lugar -«respiras aire puro todos os días»-, aunque de vez en cuando le dé un disgusto el jabalí: «Durante uns cinco meses viñan tres ou catro cada día, tiraban as plantas e rompíanas, igual que as electroválvulas do sistema de rego».

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