Las 50.000 vacas que nacieron para regenerar cinco razas autóctonas

Boaga cumple 20 años recuperando cachenas, caldelás, frieiresas, limiás y vianesas


Redacción / La Voz

Eran animales que nadie quería. Que no eran apreciados por su tamaño, muy inferior al de cualquier otra vaca que produce carne. Así que hace veinte años cachenas, caldelás, frieresas, limiás y vianesas se encontraban en peligro de extinción. De hecho, en toda la comunidad apenas se encontraba un millar de cabezas, y cerca del 40 % eran cachenas. Fue entonces cuando se puso a trabajar la Federación de Razas Autóctonas de Galicia (Boaga) con el objetivo primero de que estos animales no desaparecieran para siempre. No fue sencillo. Había razas de las que ni siquiera había animales suficientes para hacer cruzamientos. Hoy, la asociación hace un balance positivo, «polo menos conseguimos que non desaparecera ningunha», explica el director de la entidad, José Ramón Justo. Lo cierto es que han logrado mucho más. Desde que estos animales recuperaran parte del prestigio perdido, hasta que el mercado reconozca sus carnes como una de las más apreciadas. En estos veinte años, 50.000 vacas han nacido para devolver la vida a estas cinco razas.

Justo reconoce que recuperar estas razas «era moi complicado» y que hay mucho que agradecer a la especial sensibilidad que mostraron los sucesivos directores del centro de Fontefiz, donde se hizo el banco de germoplasma. «Souberon quitarlle doses a uns animais que ninguén quería», explica. Fue con esas dosis con las que se criaron buena parte de las nuevas generaciones de cachenas, caldelás, limiás, vianesas y frieiresas pues, en algunos casos, no había machos viables para seguir reproduciendo la raza. Cuando Boaga comenzó su labor, en toda Galicia apenas había 121 ganaderías que se dedicaran al cuidado de estos animales, la mayoría se ubicaban en la provincia de Ourense. Hoy son 349 las explotaciones que crían vacas de una de estas razas, la mayoría de ellas siguen estando en tierras ourensanas. Pero el interés por estas especies ha crecido notablemente en otras provincias, como Lugo. Aquí se ha pasado de tres granjas a más de un centenar en solo dos décadas.

También ha experimentado un crecimiento brutal el número de vacas reproductoras. En el 99 había menos de setecientas y, actualmente, hay 7.713. La mayoría son cachenas (3.210), pero también han sufrido una espectacular recuperación el resto de razas. La caldelá, por ejemplo, ha pasado de 140 a 1.090 vacas reproductoras, mientras que las 71 frieiresas que había en el año 99 se han convertido en 676 y las 164 vienesas en 1.939. Pero ha sido la limiá la que ha experimentado una mayor recuperación. Porque solo quedaban 33 vacas reproductoras en el año 99, que ahora son cerca de ochocientas. En total, en estos veinte años han nacido 50.615 animales de estas cinco razas. De nuevo la mayoría son cachenas (23.011), seguidas de vianesas (11.540), caldelás (7.868), limiás (4.431) y frieresas (3.765).

Escasez de carne

El peligro de que estas especies se extingan ha desaparecido, pues en Fontefiz cuentan con una abundante banco de germoplasma de las cinco razas, «co que se pasase unha catástrofe poderíamos volver a empezar», explica el director de Boaga. La entidad se ha marcado ahora otro objetivo. «Son razas autóctonas, pero nós queremos que sexan tamén autónomas, que vaian adiante, que ocupen espazo no medio rural, que xeren ingresos económicos ao seu arredor», añade. Aquí se han encontrado con un problema. Y es que la cantidad de animales que hay para abastecer a los mercados es insuficiente. «Son razas que aínda están en perigo de extinción. A nós chámannos todos os días restaurantes que queren que os abastezamos de solombos, pero para abastecelos teríamos que matar a toda a raza», explica. Es por ello que desde la federación están trabajando «para que o consumidor entenda que son unhas carnes que non poden estar sempre dispoñibles. Xa lles quitamos a idea de que son todas vacas do país, agora queremos convencelos de que son un produto de calidade», añade. De hecho, «hai gandeiros que viven en exclusiva da explotación destas razas», asegura. Algo impensable hace ahora veinte años. Entonces, solo unos pocos «empezaron a traballar cunhas vacas das que nacían uns becerros de 16 quilos, comparado coas grandes producións... Aos gandeiros que se dedicaron a recuperar estes animais hai que poñerlles unha medalla», añade.

Actualmente, existen en Galicia 12.154 cabezas de estas cinco razas, frente a las 991 que había en el 99. También se ha incrementado notablemente el número de animales por explotación, pasando de los 5,63 a los 22,10. Pero es que, además, los rebaños de razas autóctonas tiene una edad media ideal, pues la mayoría están en la franja de entre los 2 y los 10 años. En Galicia, estas razas se destinan al consumo de carne, «aínda que en Portugal xa hai experiencias de queixos artesáns», explica Justo. Experiencias que todavía no han calado entre los ganaderos gallegos, «e iso que son moi boas produtoras de leite para manter aos seus fillos. Estes maman ata os seis ou sete meses e iso da lugar a que a carne sexa moito mellor», añade.

Boaga tiene ahora nuevos retos para los próximos años. El primero, «que non desapareza ningunha destas razas». Y el segundo, «que haxa un relevo xeracional. Hai xente que empezou con nós hai vinte anos e que agora non ten quen lle tome o relevo. Nós sempre procuramos falar dos gandeiros como empresarios, explicarlles que teñen un movemento económico moi superior ao de moitas tendas da gran cidade. Se recuperamos esa autoestima cremos que será máis doado que haxa relevo», concluye. El peligro de extinción afecta ahora a los criadores y esto no se soluciona con germoplasma.

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