Las vacas también pueden frenar el cambio climático

El sector ganadero y agrícola pone en marcha varias iniciativas con el objetivo de que en el 2030 se reduzcan un 40 % las emisiones contaminantes a la atmósfera


Redacción / La Voz

El sector agroganadero se ha puesto las pilas para reducir al máximo los efectos nocivos que su actividad puede tener sobre el medio ambiente. Según los datos que maneja la UE, la agricultura y la ganadería son responsables del 10% del total de emisiones contaminantes a la atmósfera, principalmente de metano, un gas que tiene 25 veces más capacidad para atrapar calor que el dióxido de carbono.

 El objetivo para 2030 es reducir en un 40%, en comparación con los que se registraban en 1990, la cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) que el campo emite a la atmósfera. Para conseguirlo, son muchas las iniciativas que, con mayor o menor éxito, ya se han puesto en marcha.

A continuación, algunas de las más significativas:

Uso de fertilizantes con zinc

Al parecer, el empleo de abonos ricos en zinc puede reducir en un 20% las emisiones de óxido nitroso. Lo confirma un estudio de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) que incide en los efectos contaminantes de la fertilización nitrogenada -mayoritaria en Galicia- sobre el entorno. Para mitigarlos, los investigadores proponen, además de un manejo eficiente en lo referente a dosis máximas, localización o fuente, su combinación con otros complejos químicos ricos en zinc.

 Estas sinergias minerales no solo pueden mejorar el estado de crecimiento y desarrollo del cultivo, sino también contribuir a una mejor captación de los nutrientes, con lo que también se reducirían las emisiones.

Cambios en la alimentación

Distintos grupos de estudio repartidos por el mundo coinciden en una misma conclusión: modificar la alimentación de las vacas puede reducir sus emisiones de metano hasta en un 25%. En lo que sí difieren es la manera de llevar a cambio estos cambios.

Mientras científicos como los de la Universidad de California abogan por reducir la cantidad de fibra que ingieren los rumiantes añadiendo legumbres, linaza, colza o soja a la ración, otros como los estudiosos de Wisconsin?Madison abogan por actuar sobre las cantidades de proteína que ingieren los animales sustituyéndola, en la medida de lo posible, por otros complejos de nitrógeno no proteico, como la urea. Por su parte los investigadores de la Universidad Sunshine Coast han comprobado los efectos beneficiosos de la ingesta de distintos tipos de algas sobre los GEI.

Lo que parece demostrado es que una mayor ingesta de semillas oleaginosas tiene efectos beneficios sobre la formación de metano en el rumen de los animales. Otro tanto sucede con animales que se alimentan en base a pastos que pueden reducir su producción de gases de efecto invernadero hasta en un 40%.

Piensos con cítricos o aditivos con ajo

El punto de mira de los investigadores a la hora de reducir el metano de los rumiantes está puesto en el pienso. De hecho, ya existen en el mercado distintos aditivos que añadidos a estos concentrados aseguran reducir las emisiones hasta en un 30%. Uno de los que más éxito ha tenido se elabora a partir de ajo y cítricos, productos estos últimos que también ponen en valor los investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia a través de proyectos como Low Carbon Feed (alimentación baja en carbono).

Esta iniciativa trabaja en la elaboración de piensos para vacas y cabras a base de subproductos agrícolas como la paja de arroz o los restos de la poda de cítricos que, supuestamente, ayudan a reducir las emisiones de metano entre un 8 y un 22%.

Modificar el ADN de vacas y plantas

Distintas líneas de estudio apuntan como solución al problema del calentamiento global, al menos el que provoca el sector agroganadero, la manipulación genética de animales y plantas mejorando su eficiencia y, por tanto, sus efectos sobre el planeta.

En este sentido destaca una investigación denominada Genoma Canadá que trata de identificar las vacas que producen menos gases de efecto invernadero para seleccionar sus genes, añadirlos al semen del toro y crear un ganado más ecológico. En total, unas 10.000 vacas de dos granjas de investigación canadiense, tres granjas comerciales del país y datos del genoma que aportan laboratorios de Estados Unidos, Reino Unido, Dinamarca, Australia y Suiza se utilizan para hallar la secuencia perfecta de su ADN.

Otro tanto sucede con las plantas. Varios laboratorios trabajan ya en diferentes semillas ?maíz y algodón, son dos de los productos- que mediante diferentes técnicas de manipulación genética logran aumentar su capacidad para atrapar CO2 de la atmósfera.

Inyección de purín en el terreno

Aunque esta práctica no tiene influencia directa sobre gases de efecto invernadero como el metano, sí se señala como válida a la hora de reducir las emisiones de amoníaco, otro asunto que también resulta prioritario para Europa.

La medida se ha encontrado, sin embargo, con muchos detractores en Galicia que cuestionan incluso la viabilidad de su puesta en marcha debido a las especiales condiciones del sector agroganadero gallego caracterizado por el reducido tamaño de las explotaciones y parcelas o por la complicada orografía de muchas zonas.

Especialistas en este ámbito como Juan Castro Ínsua, investigador del Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo apuntan como alternativas a la inyección del purín prácticas agronómicas como la construcción de barreras vegetales o incluso la aplicación de paja sobre las fosas de purín con el fin de crear una costra que reduciría considerablemente la evaporación del metano.

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