La sequía hace más resistentes a los pinos ibéricos a los insectos mordedores

La bióloga Estefanía Suárez firma una tesis en la que estudia las consecuencias que el cambio climático puede tener en las especies forestales


Redacción / La Voz

«Está muy poco estudiado cómo la crisis climática va a afectar a las resistencias de las especies forestales a las plagas y los patógenos», explica la bióloga e investigadora de la Misión Biológica de Galicia, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Estefanía Suárez. Paradójicamente, el cambio climático está provocando también que cada vez «haya más plagas», insiste. Ella acaba de defender una tesis en la Universidad de Vigo, obteniendo la calificación Cum Laude, en la que concluye que la sequía puede modificar la resistencia y la capacidad de respuesta de los pinos ibéricos a insectos mordedores del tejido vegetal del árbol. Su investigación se llevó a cabo en la cuenca mediterránea con dos especies de pino ibérico: el carrasco o Alepo, propio de aquella zona, y el marítimo o rodeno, que es el piñeiro bravo que también se puede encontrar en Galicia. 

El estudio parte del «desconocimiento y la incertidumbre» acerca de cómo las especies forestales harán frente a las presiones impuestas por el cambio global, incluyendo aquí no solo la crisis climática sino también las invasiones biológicas. La tesis se ha centrado en la cuenca mediterránea, por ser un área especialmente vulnerable a los efectos del cambio global, como el aumento de las temperaturas, el descenso de las precipitaciones o la introducción de nuevas plagas. Pero ¿podrían esos resultados aplicarse en la comunidad gallega? «Es cierto que Galicia tiene un clima atlántico, pero sí que estamos viendo que hay un mayor incremento de las temperaturas y que las precipitaciones son más escasas», argumenta. 

Los resultados obtenidos indican «que la sequía puede modificar la resistencia y la capacidad de respuesta de los pinos ibéricos a los insectos mordedores, bien por una menor disponibilidad de recursos carbonados para la síntesis de compuestos defensivos o bien por las interacciones existentes entre las rutas de señalización hormonal de ambos estreses», cuenta Suárez. Así, en general, las investigaciones demostraron también que en condiciones de estrés hídrico muy grandes, ambas especies se vuelve más resistentes a las plagas. Sin embargo, la autora de la tesis considera que «es necesario seguir investigando y profundizar más porque también sabemos que con menos agua los tejidos se vuelven más duros y al insecto le cuesta más penetrar», explica. En su opinión, lo realmente importante es que la sequía provoca «cambios en la resistencia y en la capacidad defensiva del pino».

¿Y qué se puede hacer para combatir el cambio climático en estas especies arbóreas? «Los modelos climáticos que estamos viendo predicen que las temperaturas van a aumentar y el régimen de precipitaciones va a variar, así que podríamos modificar genéticamente las especies forestales», explica. Por eso, insiste, es tan importante ahondar en las investigaciones para ver realmente qué cambios produce la sequía y poder potenciar esas resistencias naturales mediante la mejora genética. El trabajo fue dirigido por los científicos del grupo de Genética y Ecología Forestal de la Misión Biológica de Galicia, Rafael Zas Arregui y Luis Sampedro Pérez

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