La castaña teme el verano tardío

Las lluvias de agosto redujeron la incidencia de la plaga de la avispilla y fortalecieron los árboles, lo que hace prever una buena cosecha este otoño, pero los productores tienen miedo a que el calor y el tiempo seco se prolonguen y acaben estropeando la temporada, como ya se sucedió hace dos años

Quiroga es una de las principales zonas de producción de castaña de Galicia
Quiroga es una de las principales zonas de producción de castaña de Galicia

Santiago de Compostela

No hay peor enemigo para la castaña que el tiempo seco y las altas temperaturas en el tramo final del verano. Lo saben bien los productores gallegos, que sufrieron hace dos años la sequía que condujo a una cosecha desastrosa, la peor de la historia. La última tampoco fue buena: hubo menos producto, aunque fuera de calidad en algunas zonas. Las lluvias de este pasado mes de agosto redujeron la incidencia de la plaga de la avispilla y fortalecieron los árboles, y el sector se muestra optimista ante la cosecha de este otoño. Sin embargo, los productores creen que es necesario que llueva un poco y se suavicen las temperaturas. Los veranos a destiempo, tan propios de los vaivevenes del cambio climático, podrían estropear la cosecha. «Necesitamos algo de agua en lo que queda de septiembre, y no haga mucho calor, pero por ahora las sensaciones son buenas y vamos hacia una temporada normal», explica Jesús Quinta, presidente de la Indicación Xeográfica Protexida Castaña de Galicia (IXP).  De las últimas campañas, la mejor fue la del 2016: se recogieron 20 millones de kilogramos, lo que se tradujo en una facturación en origen de 35 millones de euros. Las malas condiciones del tiempo hicieron que la cosecha se redujera un 50 % en el 2017, con un producto de malísima calidad, y que el pasado año lo hiciera entre un 30 % y un 40 %, pero con mucho mejor fruto.

La comarca de Valdeorras es una de las principales zonas productoras. Y allí, de momento, se muestran optimistas. «Es cierto que dependemos del tiempo, pero hasta ahora, lo que vamos viendo, no tiene mala pinta; queda un mes para empezar la recogida,  que será aproximadamente hacia el 10 de octubre», apunta Juan Fernández, de Castañas Rafael. El precio del kilogramo del producto en el campo suele oscilar entre 1,20 y 2 euros, dependiendo de la calidad. En la comunidad gallega, la totalidad de la provincia de Ourense es zona productora de castaña; en A Coruña destacan, sobre todo, la comarca de Melide, y los concellos de Arzúa y de Boimorto; en Lugo, la actividad se extiende a casi todo el territorio, con la excepción de los municipios costeros de A Mariña. Y en Pontevedra, la producción se concentra en las comarcas de Tabeirós-Terra de Montes y Deza, y los ayuntamientos de Cotobade, A Lama, Campo Lameiro y Cuntis. En todas estas zonas reina ahora un optimismo, aunque con mucha cautela. «É precipitado dicir agora como vai ser a cosecha; é certo que as chuvias e as temperaturas suaves fixeron que se mantivera o vigor vexetativo da árbore, pero a calor e a sequía poderían facer que o gañamos agora o perdamos despois; non temos máis que ver o que aconteceu hai dous anos», explica Miguel Areán, gerente de Castañas Naiciña, una empresa de Chantada.

 La recolección del fruto es ahora una actividad de autoconsumo y de complemento económico para gran parte de las familias. Cada otoño recogen castaña en la comunidad unas 10.000 personas, y hay cuatro industrias comercializadoras. Toda la cadena de valor mueve unos 40 millones de euros anuales, la mayoría en origen. En Galicia, donde el castaño es una especie autóctona, está aumentando a lo largo de los últimos años el número de explotaciones que trabajan con criterios profesionalizados. Cada hectárea puede dar un rendimiento anual de unos 6.000 euros, según las estimaciones que maneja el sector. Es una actividad con un enorme potencial de crecimiento. El abandono del medio rural ha hecho que, cada año, queden sin recoger miles de kilogramos que podrían dar un rendimiento económico.  Las treinta empresas de comercialización que hay en la comunidad y las cuatro industrias de transformación del producto —las cuatro en Lugo y en Ourense— exportan a más de 40 países, el 50 % en fresco y la otra mitad transformado.

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