Lucha biológica y confusión sexual, la forma más verde de combatir plagas

Los agricultores utilizan cada vez más sistemas sostenibles para proteger sus cultivos

Existe la idea de que la agricultura es una fuente de contaminación. De que con la cantidad de fitosanitarios que utilizan los agricultores para proteger a sus cultivos, contribuyen a contaminar el medio ambiente. Pero lo cierto es que el sector gallego lleva años investigando y probando nuevos métodos más respetuosos con el entorno. Sistemas que no dejan huella en el terreno y que ni siquiera atentan contra la fauna local. La lucha biológica es uno de ellos. Consiste en soltar una serie de insectos que se ocupan de que otros, los que portan plagas y enfermedades, no afecten a los cultivos. Está también la confusión sexual, utilizada sobre todo en el viñedo y los cítricos, que pasa por llenar la parcela de feromonas que confunden al insecto y evitan así que se reproduzca. Y todavía hay más. Porque hay quien ha descubierto la utilidad de los drones para reducir el número de tratamientos que se aplica a un cultivo. Eso por no hablar de la selección clonal, que permite encontrar plantas con resistencia a determinadas enfermedades.

Cada vez más la Unión Europea es partidaria de restringir el uso de determinadas sustancias utilizadas por los agricultores para proteger sus cultivos. Y, al mismo tiempo, cada vez son más los insectos, virus y enfermedades llegados de todo el mundo que atentan contra la producción agrícola. «El del agricultor es el trabajo más duro del mundo», asegura Cristina Cabaleiro, profesora del departamento de Producción Vegetal de la Politécnica de Lugo. Porque cada vez se reducen más los medios de los que dispone el sector para combatir las enfermedades que, en algunos casos, pueden acabar con la cosecha.

A vista de pájaro

Inpekdrone es una empresa especializada en el diseño de aplicaciones que permiten utilizar los drones en la agricultura. Estos aparatos cuentan con una serie de sensores que miden determinados parámetros del cultivo en cuestión. «Con eso podemos saber si la planta se está alimentando de forma correcta o no. Si es que no, puede ser por diversos motivos, como falta de agua o que haya alguna plaga que la esté afectando», cuenta Alejandro Rodríguez, responsable de esta empresa. Pero es que, además, el sistema permite a los agricultores anticiparse y determinar cuándo es necesario aplicar un tratamiento. «Ahora se da mucho tratamiento por si acaso y eso te lleva, por ejemplo, a dar catorce manos de sulfato. Con este sistema se puede reducir entre un 20 y un 30 %», afirma. Tiene más ventajas. «No tienes por qué tratar toda la parcela. Puedes detectar cuál es la zona afectada y aplicar solo allí», cuenta.

La selección clonal permite encontrar variedades más resistentes a las enfermedades En Galicia, este sistema se emplea, sobre todo, en viticultura. Martín Códax es una de las bodegas que lo utiliza desde hace años con notable éxito. Y es que la bodega tiene un sinfín de parcelas repartidas por toda la comarca arousana, que ahora puede tener controladas a vista de pájaro. La firma ha desarrollado, además, un sistema propio. Rodríguez asegura que los drones serían también útiles para otro tipo de cultivos. El problema, «que tiene que ser una superficie grande de cultivo para que sea rentable», asegura. Otra opción es que lo utilicen de forma compartida grupos de agricultores. Así, «podría ser rentable».

La producción integrada es otro de los sistemas que se está promocionando actualmente y que utilizan los agricultores para reducir el uso de fitosanitarios. Consiste en «que hay que justificar por qué doy ese producto de síntesis, obliga a ser racional», explica Cabaleiro. Hay más. Empezando por la selección clonal. La Misión Biológica de Galicia, por ejemplo, lleva años buscando la cepa de albariño que más resiste al mildiu, con el fin de que la incidencia de esta enfermedad sea la menor posible. Pero se hace en otros cultivos también. «Intentamos buscar variedades que sexan resistentes a virus, a enfermidades como o mildiu...», explican en Horsal, la cooperativa de huerta más importante de Galicia.

Insectos al rescate

Los insectos están demostrando ser otra manera de cuidar los cultivos. Existen, actualmente, dos sistemas que son los más utilizados. El primero consiste en la lucha biológica. En Horsal, por ejemplo, lo utilizan con los cultivos de verano. «Facemos unha solta dun depredador que se come o insecto que vai ser a nosa praga», explican en el departamento técnico. El trip es uno de esos bichos que temen los agricultores porque, por ejemplo, transmite virus que atacan al pimiento de padrón, como el virus del bronceado. Así que una vez al año los agricultores de esta cooperativa sueltan orius laebigatus y unos ácaros llamados amblyseius swirskii, «son uns depredadores que se come as larvas do trip», explican en Horsal. Aseguran que más de un 90 % de sus agricultores utilizan ya este sistema. «Compensa porque aplicar tratamentos leva máis tempo», afirman los técnicos.

Hay quien ha descubierto la utilidad de los drones para reducir los tratamientos. Otro sistema que se está utilizando es la confusión sexual. «Es el menos agresivo y más cómodo. Ahora se está probando con la cochinilla y parece que va bien», asegura Cabeleiro. Consiste en llenar la parcela de unos emisores de feromonas que confunden a los insectos y, de esta forma, estos no pueden reproducirse. Se utiliza, sobre todo, en cítricos y en viñedo. Martín Códax, por ejemplo, lleva años probándolo para acabar con la polilla del racimo. Y está surtiendo efecto. Además de ser efectivo, porque reduce notablemente el número de insectos en la plantación, es también cómodo, porque solo hay que colocar unos plásticos en el viñedo. El único problema es que debe aplicarse en plantaciones de un determinado tamaño, de ahí que sea preciso poner de acuerdo, por ejemplo, a todos los viticultores de una zona para que lo apliquen al mismo tiempo.

Hay más. Porque también se emplean productos de residuos cero o se reduce el número de tratamientos al máximo. Sistemas todos ellos que permitan garantizar que la huella que deja el sector es, cada vez, más pequeña.

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