Grandes grupos usan el prestigio del vino gallego para abrir mercados

Cada vez son más las bodegas de otras zonas que invierten en la comunidad


redacción / la voz

Los vinos gallegos están de moda. Y sus denominaciones de origen también. Prueba de ello son los numerosos galardones que han conquistado en los más prestigiosos certámenes internacionales. También, el interés que grandes grupos vitícolas de otras denominaciones españolas están demostrando por estas elaboraciones. Pago de Carraovejas ha sido el último en invertir en Galicia, con la compra de Viña Meín y Emilio Rojo, pero hace ya muchos años que a la comunidad llegaron grandes como Freixenet y Ramón Bilbao. Lo hicieron para quedarse y apostar fuerte, en estos dos casos, por Rías Baixas. Lo mismo hicieron Rafael Palacios y Telmo Rodríguez en Valdeorras. Ahora es O Ribeiro la que parece estar en el punto de mira. «É un recoñecemento implícito a que no Ribeiro se están a facer as cousas ben», asegura el presidente del consello regulador, Juan Manuel Casares.

Fue Rioja Alta el primero en invertir en Rías Baixas, al hacerse con la propiedad de Lagar de Cervera. Su ejemplo fue seguido por otros grandes grupos, como Freixenet, que se hizo primero con Pazo Baión y luego compró la bodega Vionta. O el grupo Masaveu, que es propietario de Fillaboa. Estas inversiones foráneas continuaron a lo largo de los años y hoy son más de una docena los grupos españoles que operan en la denominación del albariño. Está el grupo Varma, con Pazo San Mauro; Ramón Bilbao, que adquirió hace años Mar de Frades; Baigorri, que compró Agro de Bazán; Larchago, que se hizo con Castrocelta; y González Byass, propietario de Pazo de Lusco. «Son grupos que quieren posicionarse en Rías Baixas porque en sus catálogos necesitan uno de nuestros vinos para competir a nivel internacional», explica Ramón Huidobro, director general del consello regulador.

Buena parte de ellos provienen de La Rioja y vienen buscando un vino blanco de calidad con el que completar su oferta. Y es que Rías Baixas vende, sobre todo en el extranjero. «Un bodeguero de La Rioja que tiene un albariño me dijo que gracias al Rías Baixas consiguió entrar en Estados Unidos», asegura el director general del consello.

No es este un fenómeno exclusivo de Rías Baixas. Corría el 2004 cuando a Valdeorras llegaron los primeros foráneos dispuestos a invertir. Rafael Palacios y la compañía de Telmo Rodríguez llevan desde entonces trabajando con éxito en esta denominación. Su estela ha sido seguida por bodegas como Pago de los Capellanes, Cvne o Jorge Ordóñez. Y en los últimos meses ha habido rumores de que Muga o Ramón Bilbao podrían estar interesados en esta zona. «Está claro que existe un interés y muchos han puesto el ojo aquí porque algunos de los mejores blancos de España están en Galicia», explica Santiago Pérez, director técnico del consello regulador.

Invertir en Galicia no es tarea sencilla. Muchos son los que querrían poder sacar de talonario y conseguir una bodega rodeada de grandes plantaciones. Algo que resulta casi imposible en la comunidad. «El minifundio nos ha protegido», explican en Valdeorras, aunque también reconocen que la llegada de estos grupos genera riqueza. «El suelo se ha revalorizado y tenemos una de las uvas mejor pagadas de España», afirman. «Aquí hay gente que cuando llegó no compró viñedo pero que ahora, que han considerado que esta denominación merece la pena, están plantando», añaden en Rías Baixas. Es el caso de Mar de Frades, que está realizando una inversión millonaria en la comarca de O Salnés para poner en marcha 19 hectáreas de albariño y un proyecto de enoturismo en Pazo do Monte.

La presencia de estos grupos tiene algunos detractores, pero también hay quien sostiene que tiene algunas ventajas para denominaciones de origen tan pequeñas como las gallegas. Y es que suponen una ayuda a la hora de posicionar sus vinos en los mercados internacionales, a los que muchas veces es difícil llegar. De hecho, las exportaciones no han dejado de crecer en los últimos años. Sea como fuere, lo cierto es que los vinos gallegos están de moda y que la presencia de estos gigantes del comercio del vino no es más que una prueba de ello.

Las ventajas de la llegada de Pago de Carraovejas a O Ribeiro

Al consello regulador de O Ribeiro todavía no han llegado noticias oficiales de la compra de Viña Meín y Emilio Rojo por parte de Pago de Carraovejas. Sin embargo, el presidente del consello regulador, Juan Manuel Casares, ve varias ventajas en esta operación. El interés que esta denominación está despertando en los grandes grupos del resto de España, «supón un recoñecemento implícito a que no Ribeiro se están a facer ben as cousas», argumenta. Todavía hay más beneficios, «temos que velo como unha oportunidade. É un gran grupo que está posicionado nos mercados mundiais, e que vai permitir que a marca Ribeiro apareza en sitios nos que ata o de agora non estaba presente», añade.

Casares no descarta que, al nivel que está trabajando el sector, aparezcan otras ofertas similares a la de Pago de Carraovejas. «Isto non é mérito do consello regulador, senón do bo facer das adegas e da calidade que ofrecen. É un símbolo de que algo está a mudar no Ribeiro», concluye.

Dificultades en Ribeira Sacra

No en todas las denominaciones gallegas operan grandes grupos vitícolas del resto de España. En algunas, como Ribeira Sacra, estos todavía no han llegado. Seguramente por las dificultades que presenta aquí el cultivo de la uva. Tampoco en Monterrei han entrado los foráneos, a pesar de que la parcelaria ha permitido hacer nuevas plantaciones de tamaño considerable. Los que sí que están presentes en estas dos regiones son los grandes grupos gallegos, como Martín Códax o Avante Selecta. «Este é un espazo complicado, que fai difícil a inversión no mundo do viño», explica José Manuel Rodríguez.

Newsletter Somosagro

Recibe todas las semanas la información más relevante del sector primario

Votación
0 votos
Comentarios

Grandes grupos usan el prestigio del vino gallego para abrir mercados