Galicia encadena ya cuatro años consecutivos sin un solo caso de vacas locas

Juan José Badiola: «Por fortuna, prácticamente hemos erradicado la enfermedad en suelo europeo en un tiempo récord gracias a un programa en la UE que ha sido eficaz y  de obligado cumplimiento»

La comunidad gallega acumula ya cuatro años consecutivos sin que se detecte en su cabaña bovina ni un solo caso de Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB), la enfermedad popularmente conocida como vacas locas. Y ello pese a que en el 2018, según el último informe publicado por el Ministerio de Agricultura, se hicieron en explotaciones de la comunidad 19.359 pruebas, casi un tercio del total de todos los test del Estado. Los últimos positivos en esta autonomía se remontan al 2013, cuando hubo solo dos casos, una cifra insignificante, sobre todo si se tiene en cuenta que entre el 2000 y el 2012, se confirmaron en Galicia  la existencia de 312 animales infectados, el 41 % del total español. Hace casi dos décadas, cuando estalló la crisis, pocos pudieron predecir una evolución tan favorable de la que fue una gran crisis alimentaria. El primer caso en esta autonomía se remonta al 22 de noviembre del 2000. El entonces ministro de Agricultura con Aznar, Miguel Arias Cañete, daba la noticia de un animal infectado en una granja de Carballedo, en Lugo. Se desató una tormenta perfecta, alimentada por la desinformación y el desconocimiento de la enfermedad. El temor de los consumidores desplomó la demanda de carne; los productores no encontraba salida para sus animales, cuya cotización se hundió a mínimos históricos y los mataderos colapsaron por la gestión del llamado material específico de riesgo (MER), como la médula, la cabeza y el tejido nervioso, entonces prohibido para consumo humano. Una situación que nada tiene que ver con la actual. 

«Por fortuna, hemos erradicado la enfermedad en suelo europeo en un tiempo récord gracias a un programa europeo que ha sido eficaz y de obligado cumplimiento», explica el profesor Juan José Badiola, veterinario y catedrático de Patología Animal y uno de los mayores expertos en España en EEB. A su entender, el éxito se produjo por las medidas para mejorar la capacidad de detección, para evitar nuevas contaminaciones y para proteger a los consumidores. «Ahora imaginemos que no se hubiesen prohibido para consumo del ganado las harinas cárnicas o para el humano los tejidos nerviosos o la médula.¿En qué punto estaríamos? Seguramente en uno muy diferente al actual. Hubo pocos casos en humanos, pero es una enfermedad mortal, sin tratamiento», reflexiona el profesor Badiola.

En el conjunto de España, durante el pasado 2018, no hubo ningún caso positivo en vacas. Sí se registraron tres en el 2017: dos en Castilla y León y uno en Cantabria. En lo que va de 2019, el Gobierno ha informado de uno. Según los expertos, se trata de casos atípicos, no como los de la década del 2000. Son animales muy viejos y no puede establecerse un nexo de causalidad directa entre la enfermedad y la epidemia que arrancó hace casi dos décadas. Los investigadores recuerdan que la causa de la EEB  se relaciona con el consumo de harinas: las vacas se alimentaban de piensos  elaborados con sus propias carnes y huesos. Las reses enfermaban porque habían comido un producto que estaba fabricado con cádaveres de animales que tenían esa enfermedad. El consumo de esas harinas se prohibió en el 2001, y los casos siguieron aumentando, pero los efectos de esas medidas se empezaron a notar a partir del 2005, con un progresivo y brusco descenso del número de positivos de EEB en la cabaña española y gallega. «Lo que sí tenemos claro es que mientras continúe la prohibición de que los animales consuman harinas cárnicas no va a producirse una epidemia de esta enfermedad», apunta el profesor Badiola.

Según los científicos, la EEB es una enfermedad priónica. La produce un agente que es una proteína muy similar a la de los humanos. La proteína infecciosa, llamada prión, transforma las proteínas sanas en dañinas alterando su forma, hasta generar una enfermedad neurodegenerativa irreversible, en un mecanismo similar al de otros males, como el Alzheimer o el párkinson. Pese a que la enfermedad está prácticamente erradicada en animales, en España se sigue haciendo vigilancia de todos los animales que se mueren en las granjas para controlar si se produce algún caso positivo. 

Medio Rural recuerda que las medidas de control que se llevan a cabo ahora en la comunidad gallega son las que se recogen en el Real Decreto 2454/2000, y que regulan un programa integral coordinado de vigilancia de las encefalopatías espongiformes. Y esto incluye desde pruebas a animales no sospechosos, con el fin de determinar la posible presencia de EEB, hasta el control de las reses sacrificadas. A esto se suma la supervisión de la composición de las harinas con las que se alimenta el ganado, la vigilancia en mataderos y el control de las materias de riesgo que deben evitarse en el consumo humano.

Votación
0 votos
Comentarios

Galicia encadena ya cuatro años consecutivos sin un solo caso de vacas locas