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Un pastor de 89 años en O Xistral

Lucía Rey
lucía rey ALFOZ / LA VOZ

SOMOS AGRO

XAIME RAMALLAL

Daniel Vizoso es uno de los pocos gallegos que todavía lleva a diario a su rebaño al monte y cuida de él mientras pace

10 jun 2019 . Actualizado a las 14:56 h.

-«Conteiche o que me pasou o luns? Caeu unha ovella ao río e cando a fun buscar caín eu na auga de fociños». -«Si, xa me dixo meu irmán que conseguiras levantarte ti soíño e que viñeras para a casa tan tranquilo cambiar a roupa mollada. Non sei como fixeches!». Daniel Vizoso, de 89 años, le contaba la «anécdota» a su hija Nati hace unos días mientras guiaba su rebaño, formado por un centenar de ovejas y cabras, hacia el Campo de Pregado, situado a 782 metros sobre el nivel del mar, en el corazón de Alfoz y la Serra do Xistral. Este hombre de sonrisa franca, charla animada y retranqueira y manos curtidas por décadas de duro trabajo en el campo es uno de los pocos pastores, por no decir el único, que siguen en activo en toda Galicia. Cada mañana lleva el ganado al monte y lo cuida mientras pace. Cuando cae la tarde regresa con él a su casa de O Pereiro.

«Moito leva traballado!», resalta Nati, la más pequeña de los once hijos que tuvo junto a su mujer, María Josefa, que falleció hace dos años. «Cando morreu ela pensamos que lle ía dar o baixón, porque levaban toda a vida xuntos, pero aí segue. Saíndo todos os días coas cabras e as ovellas, que eu xa lle digo: “Aínda has morrer no monte!”», comenta Nati, que en el fondo se siente contenta y tranquila sabiendo que su padre, casi nonagenario, es feliz con lo que hace. «Meu pai non ten colesterol, non ten azucre, case nunca enferma... Está así pola respiración, polo aire tan puro que respira. Nos pisos a xente está metida nunha gaiola e el sempre está andando por fóra», explica la mujer.

«Cavei no monte, na roza, fixen valados, fixen muros, paredei algo de canteiro, traballei na madeira de serrador, andei segando... En Foz, en Vilalba, en San Martiño... Ganando doce pesos para criar os fillos», relata el pastor, que se encamina hacia las cumbres más altas de A Mariña pertrechado con botas de agua, un paraguas a la espalda, gafas de sol y dos botellas «de calimocho», bromea.