El virus del «bronceado» que amenaza la cosecha del pimiento de Padrón en O Salnés

La cooperativa Horsal de Cambados producirá este año un 10 % menos de este cultivo por culpa de un virus que mata las plantas y arrasa invernaderos enteros

Es conocido como la virosis o el virus del bronceado y es temido por los agricultores gallegos. Porque allí donde aparece significa el fin de la plantación de pimiento, de tomate o de berenjena. Son estos los cultivos que más gustan a ese virus que, este año, se está cebando especialmente con el pimiento de Padrón en O Salnés. En la cooperativa Horsal, la más grande de huerta de Galicia y una de las principales abastecedoras de pimiento de Padrón a la comunidad, media docena de invernaderos enteros de este cultivo se han visto reducidos a la nada por una enfermedad que no es fácil de controlar y, lo que es peor, que aparece cuando la planta está empezando a desarrollarse y el agricultor ya ha hecho todo el gasto. Desde Unións Agrarias reclaman a la Xunta que tome medidas para ayudar a prevenir la plaga y para, de forma excepcional, compensar a los agricultores por las pérdidas que tendrán este año.

«Temos media ducia de socios que tiveron que arrincar por completo as súas producións», explica Fernando Veiga, gerente de la cooperativa. Asegura que, en conjunto, la virosis reducirá la producción en un 10 %, pero reconoce que hay agricultores que han perdido toda la cosecha de este año. Horsal esperaba comercializar alrededor de 250.000 kilos de este cultivo, y es la principal abastecedora de la comunidad. Cantidad que ahora se verá reducida a 225.000 kilos.

«Temos unha notable superficie afectada, pero parece que agora xa non están aparecendo novos casos», explica uno de los técnicos de la cooperativa cambadesa. Reconoce que la lucha contra esta plaga no es sencilla. Parte del problema está en la semilla. «A nosa semente é de pemento tipo Padrón autóctona, que recolleron os nosos labregos durante anos», argumenta, por eso no tiene ningún tipo de resistencia a la enfermedad. Esta se transmite mediante un insecto vector, conocido como trip. Y es ahí, precisamente, en el control de este bicho, donde se puede actuar. «Xa facemos control biolóxico, soltamos todos os anos insectos bos que controlan ao trip», añade el técnico. El problema es que este bicho ataca en primavera, cuando las temperaturas aún son muy frías para que los otros insectos puedan actuar.

Combatir la enfermedad «é un compendio de moitas cousas». Hay que vigilar la calidad de los suelos, cuidar el tratamiento que se le da al invernadero durante el invierno y, al mismo tiempo, intentar interrumpir el ciclo de trip. «O principal é que cando se transplanten as plantas poidan desenvolverse nas mellores condicións posibles», añade. Explica, además, que desde la cooperativa también se está tratando de seleccionar las semillas de plantas más fuertes. Pero poco más se puede hacer.

Todos estos cuidados no han sido suficientes este año. «O golpe para os que están afectados está sendo duro», afirma Veiga. «No inicio da campaña si que afectou de xeito notable a algúns invernadoiros, agora parece que xa non estamos tendo tantos casos», añade el técnico. Invernaderos enteros de este cultivo se han perdido por completo, lo que ha llevado a Unións Agrarias a exigir a la Xunta que tome medidas. Reclaman, en primer lugar, que se encarguen estudios de mejora genética para que las plantas sean resistentes, «ver algunha forma de poder atallala», argumenta Samuel Lago, portavoz del sindicato. Al mismo tiempo, solicita ayudas para paliar las pérdidas del sector. Y es que, aunque hay seguros agrarios que cubren esta enfermedad, los profesionales gallegos no los tenían contratados porque «era unha praga que afectaba no Mediterráneo», añade Lago. Estas compensaciones podrían concederse de forma directa, como en su día se hizo con el viñedo afectado por las heladas, o mediante rebajas en los módulos del IRPF en la renta del próximo ejercicio.

En Herbón, por ahora, no hay rastro de la enfermedad

Los problemas con la virosis no han llegado, en esta ocasión, a la denominación de origen Pemento de Herbón. «Tivemola algunha vez, pero este ano que eu saiba non», explica la presidenta de la entidad, Milagros González. Reconoce que esta enfermedad ocasiona mucho daño y supone una faena para los agricultores, pues ataca cuando ya se ha realizado la plantación, lo que supone un importante gasto económico para los agricultores, «e onde ataca, adeus», asegura.

«De momento, non teño notificación de que haxa plantacións afectadas por virosis aquí en Herbón», aseguran en la denominación de origen. Una enfermedad que puede acabar con plantaciones enteras de pimiento, pero que también ataca a otros cultivos como el tomate o la berenjena. El problema es que el agricultor no sabe hasta que la planta empieza a crecer que está afectada por esa enfermedad. Y si eso sucede, «non temos nada que facerlle», añade.

En Herbón acaban de iniciar la campaña y los primeros pimientos han llegado ya a los mercados, pero las condiciones meteorológicas tampoco se lo están poniendo fácil. «Este tempo tan raro está influíndo moito na produción», asegura la presidenta de la denominación de origen. La planta es muy sensible a los cambios de temperatura, que están siendo muy bruscos. «Estes días de tanto calor e agora outra vez frío cáusanlle estrés á planta», argumenta. Eso provoca que las flores, de las que deberían nacer los nuevos pimientos, se caigan al suelo y la cosecha sea inferior a lo previsto. 

«Foi fulminante, de seis mil quilos de pemento non quedou nada»

Ocho mil metros cuadrados de extensión tiene el invernadero de este agricultor arousano que pertenece a la cooperativa Horsal, de Cambados. Y el aspecto que ofrece es desolador. La mayoría de las plantas, perfectamente colocadas en filas y sobre una tela negra, están caídas o se han quedado pequeñas. Solo algunas, de las miles que hay plantadas, han conseguido resistir a la enfermedad. El problema es que son tan pocas, que no compensa recoger los pimientos. «Foi fulminante», lamenta, desolado, este agricultor. Tenía previsto recoger alrededor de seis mil kilos de pimientos solo en esta finca. Ahora no conseguirá ni uno. Y lo peor es que, además de dejar de ingresar el dinero de la venta de los pimientos, perderá también todo lo que gastó en realizar la plantación.

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