Cedros del Líbano y pinos de América ¿futuros pobladores de los montes gallegos?

El proyecto Reinfforce en el que participa el CIF de Lourizán detecta especies aptas ante posible cambios climáticos en la comunidad

El cambio climático es una de las grandes preocupaciones científicas de esta época. ¿Podrá Galicia seguir siendo verde en el futuro? El Centro de Investigaciones Forestales de Lourizán ya trabaja en detectar posibles especies que podrían adaptarse a la comunidad, incluso si las condiciones del clima variasen.

Lo hace a través del proyecto europeo Reinfforce, en el marco del cual se crearon a principios de esta década tres arboretos en distintos puntos de Galicia. Una de las parcelas está ubicada en el propio Lourizán (Pontevedra), otra en A Pobra de Brollón (Ourense) y una tercera en Porto do Son (A Coruña). En ellas se han plantado más de una treintena de especies arbóreas, cada una de ellas con varias procedencias.

Los primeros años del experimento ya han permitido detectar qué especies se adaptan mejor a la Galicia actual. Al margen de las ya propias de la comunidad, ha destacado por su buena adaptación el Betula pendula, un abedul europeo que ha funcionado bien tanto en los arboretos de la costa como en el de interior. Además, aunque no le gusta la sequía, si parece necesitar menos agua que la variedad más habitual en la comunidad, el Betula alba, lo que lo convierte en una opción de cara a situaciones futuras de menos precipitaciones.

Pensando en una Galicia futura más cálida y seca, el Cedrus Libani, o cedro del Líbano, también ha mostrado que responde bien al aumento de la temperatura y al descenso de las precipitaciones, según explica Francisco Javier Silva, uno de los responsables del proyecto. El Pinus pinaster, conocido por muchos como «pino do país», sin embargo, se adapta bien al calor pero tiene peor respuesta a la falta de agua. Al contrario, los eucaliptos, especialmente el Globulus, responden bien ante la sequía, llegando incluso a mejorar su crecimiento.

Un pino resistente al nematodo

También ha mostrado buen crecimiento el Pinus taeda, un pino procedente de los Estados Unidos y que, además de una buena adaptación a Galicia, presenta una gran ventaja: ser resistente al nematodo, la plaga que desde su aparición en el año 2010 en As Neves trae de cabeza al sector forestal gallego por la mortalidad que este pequeño gusano ocasiona en las plantaciones de pinos.

Secuoyas, arces y pinos piñoneros han mostrado, en general, buena adaptación al clima de Galicia, tanto interior como costero.

Entre las especies que no han ofrecido buena respuesta tras varios años plantadas en los arboretos gallegos están el algarrobo, un árbol propio de climas mediterráneos, y el Pinus caribea, un pino traído desde Colombia que ha resultado ser muy sensible al frío.

«Con estos primeros datos, resultaría interesante ahora escoger cuatro o cinco especies hacer ensayos con ejemplares de distintas procedencias en distintos puntos de Galicia y comprobar incluso su posible aprovechamiento maderero», apunta Silva.

Comparativa europea

Con todo, las conclusiones más valiosas de este proyecto llegarán cuando se crucen datos a nivel europeo. Y es que la iniciativa Reinfforce vincula a once centros o universidades de cuatro países pertenecientes al Arco Atlántico, como son Gran Bretaña, Francia, España y Portugal.

Con el objetivo de conocer los efectos del cambio climático sobre las especies forestales y determinar cuáles se podrían utilizar en el futuro según las nuevas condiciones de clima, se han plantado un total de 38 arboretos que funcionan como lugares de experimentación. Se reparten por toda la franja atlántica. El situado más al norte es el de la isla escocesa de Mull. El punto más al sur está en Azores. En ellos se han plantado 35 especies diferentes de árboles, con al menos tres procedencias distintas para cada una. Durante los próximos años se observará cómo se adaptan los distintos ejemplares a las condiciones de cada uno de los lugares.

Con los datos recogidos a lo largo de toda la red será posible detectar qué especies y procedencias se ajustan mejor a cada característica climática, de manera que si en el futuro aumentan o descienden las precipitaciones o las temperaturas existirán una serie de escenarios con los que comparar. Galicia solo tendría entonces que el más parecido a sus nuevas condiciones, ver qué especies han funcionado mejor en dicho escenario y sabría así qué especies pueden ser mejores para repoblar nuestros montes.

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