Cosechadoras de 400.000 euros conviven estos días en los campos de las principales comarcas ganaderas de Galicia con tractores que superan los 150.000

X.R. Alvite

Tractores que se conducen solos, sembradoras que depositan el grano en función de la humedad de la finca, fertilizadoras y abonadoras guiadas por satélite que optimizan al máximo el producto o cosechadoras capaces de recolectar la superficie de seis campos de fútbol en menos de una hora. El campo gallego está a la última en maquinaria agrícola y en sistemas de laboreo y recolección del forraje, tal y como se observa estos días por las fincas de las principales comarcas ganaderas de Galicia. Por algo estamos en plena campaña de ensilado de la hierba y siembra del maíz.

En el concello coruñés de Mazaricos, por ejemplo, en un radio de menos de un kilómetro, convivían hace unos días una cosechadora Claas 980 _una de las más potentes del mercado cuyo precio supera ampliamente los 400.000 euros_, una cisterna de purín Joskin de 18.000 litros de capacidad, una sembradora de diez hileras con GPS de John Deere o un arado Lemken capaz de hacer ocho surcos en el terreno por cada pasada. Todo ello por no hablar de los tractores, grandes mastodontes que parecen naves espaciales con más de 300 caballos de potencia que llegan a superar los 150.000 euros.

Aunque son habituales marcas como John Deere, New Holand o Case, en los últimos años están ganando terreno entre las empresas dedicadas a realizar servicios agrícolas los Fendt. Su novedosa tecnología, la comodidad en la conducción y un consumo moderado de combustible parecen ser los principales motivos que justifican que estos impresionantes máquinas alemanas estén considerados como los Mercedes de los tractores. Aunque su precio oscila entre los 150.000 y los 400.000 euros, dependiendo del modelo, modelos de este tipo se ven cada vez más por los campos de esta comarca. 

Mando de un tractor Fendt de última generación
Mando de un tractor Fendt de última generación ALVITE

«Son os mellores con moita diferenza. Nótase en todo. Principalmente no que se refire á súa transmisión hidrostática, que fai que o tractor aproveite moito mellor a potencia do motor. O único malo que ten é o prezo», comenta Vicente Otero, que sabe bien de lo que habla. No en vano dispone de cuatro modelos distintos de Fendt. El más grande, el modelo 936, era hasta hace poco el que contaba con más potencia _360 caballos_ de cuantos  vendía la marca en España. Su precio rondaba los 200.000 euros. «Evidentemente, se non estivese contento con eles non tería catro. Son moi caros pero dan bastante máis rendemento que outros máis baratos», explica. El asiento se adapta de forma automática al peso y altura del conductor, la temperatura se ajusta con solo un botón y hasta es posible disponer de GPS y cámaras exteriores que permiten controlar lo que pasa a través de una pantalla. En realidad todo se maneja con un dispositivo digital multifunción, en el cual se encuentran los ajustes que necesita la máquina en función del trabajo que vaya a realizar y que permite hacer acciones tan sorprendentes como que las ruedas se hinchen o desinflen. Además, pueden superar los 60 kilómetros en carretera. 

El GPS que ahorra dinero 

Aunque el minifundismo que sigue caracterizando al campo gallego limita en buena parte su uso, el GPS se está convirtiendo en una herramienta imprescindible a la hora de realizar trabajo en el campo. De hecho, cada vez son más los tractores que lo instalan y los aperos compatibles con su uso. «É unha ferramenta extraordinaria que permite un gran aforro de tempo, combustible e de produto, ben sexa semente, fertilizante ou fitosanitario», apunta José Manuel Campos, experto en maquinaria agrícola. Destaca además que los sistemas de guiado satélite no sólo evitan los clásicos solapes en la fincas, también permiten personalizar los trabajos en función del terreno del que se trate.

«As posibilidades da agricultura de precisión son moitas e van en aumento. Por exemplo, xa existen mapas de humidades que, unha vez cargados no tractor, fan que a sementadora deposite máis ou menos gran en función das propiedades de cada finca», explica. Otro tanto sucede con la aplicación de abonos o productos fitosanitarios donde, pueden ajustarse las dosis en función de las necesidades del cultivo.

Cada día se matriculan dos tractores nuevos en Galicia 

Durante el pasado año se matricularon en Galicia 2.800 máquinas nuevas, de las cuales 716 fueron tractores, 350 equipos de recolección de forraje, 320 fertilizadores y el resto equipos destinados a la preparación del suelo o a la aplicación de productos fitosanitarios. A estos hay que sumar otras 5.500 máquinas usadas _400 son tractores de menos de diez años de antigüedad_ que también se incorporaron a las explotaciones gallegas durante el pasado año. Se calcula que la inversión anual en la adquisición de nuevos aperos del campo gallego sobrepasa los 75 millones de euros. Casi la mitad de este dinero se destina a la compra de tractores nuevos, otros 15 millones de euros a la adquisición de vehículos usados y el resto se reparte entre remolques, maquinaria de recolección y distintos aperos para el laboreo de la tierra o la aplicación de fertilizantes.

A día de hoy, hay matriculados en Galicia 164.814 tractores, apenas 8.000 menos que los 173.096 existentes en Andalucía, que lidera el ránking nacional. Es cierto que si se vinculan estas cifras a la superficie agrícola de cada comunidad autónoma, los gallegos se imponen claramente, ya no solo a los andaluces, sino también a regiones como Castilla y León (154.112 tractores) o Castilla-La Mancha (148.592), que cuentan con más del triple de terrenos de cultivo y, sin embargo, disponen de un parque de vehículos mucho menor.

¿A qué se debe este exceso de maquinaria? Principalmente a la propia estructura de las explotaciones gallegas, caracterizadas por el minifundismo y una escasa base territorial. Esto obliga a la mayoría de las granjas a disponer de su propia maquinaria cuando, atendiendo a la superficie de cultivo, esta sería suficiente para cubrir las necesidades de cuatro o cinco granjas. También hay que tener en cuenta que una parte importante del actual parque gallego de tractores _más de un tercio, según fuentes del propio sector_ apenas trabajan 100 horas al año (el 20% de la media), pues pertenecen a explotaciones que, a pesar de no tener ya actividad, sus dueños se resisten a vender.