La rebelión de las máquinas (y los electrodomésticos)

Javier Armesto Andrés
Javier Armesto EL QUID

SOCIEDAD

Imagen de la escena de «2001: Una Odisea del Espacio» en la que un humano desconecta la computadora HAL 9000.
Imagen de la escena de «2001: Una Odisea del Espacio» en la que un humano desconecta la computadora HAL 9000.

Pensemos en la energía nuclear: desde que Einstein formuló la ecuación E=mc2 y, sobre todo, desde que el Proyecto Manhattan dirigido por Oppenheimer cristalizara en las bombas atómicas que arrasaron Hiroshima y Nagasaki, pende la amenaza de un cataclismo nuclear que acabe con la vida en la Tierra. En 1947 incluso se creó en la Universidad de Chicago el llamado Reloj del Juicio Final, que marca lo cerca que se encuentra la humanidad de la medianoche, que sería la destrucción total (actualmente estamos a 85 segundos). Pero la fisión del átomo ha alumbrado la era de mayor desarrollo de la raza humana: es una fuente de electricidad prácticamente inagotable, que nos sostiene cuando las renovables no dan para más, de alta eficiencia y sin emisiones directas. En 80 años de era atómica se cuentan con los dedos de una mano los accidentes graves, y el principal se debió a la dejadez y descomposición de una dictadura socialista. Ojalá algún día no tengamos que depender de ella, pero mientras tanto vamos a seguir aprovechándola y no a construir refugios bajo tierra. Por eso muchos gobiernos —salvo algunos con complejo de avestruz— vuelven a impulsar la construcción de centrales nucleares.

Estos días ocurre algo parecido con la inteligencia artificial y los agoreros que pronostican una rebelión de las máquinas (y los electrodomésticos) que devenga en un apocalipsis. Y resulta delirante que apoyen sus teorías en computadoras y robots de Hollywood (HAL 9000, Terminator T-800), aunque soy el primero que reconoce que la realidad supera a la ficción.

La IA ya existía y se utilizaba mucho antes de que nacieran OpenAI y Anthropic, ChatGPT y Claude. Sus funciones generativas han popularizado su uso —fundamentalmente para hacer memes y fakes en TikTok e Instagram—, pero sus aplicaciones van mucho más allá del mero entretenimiento: permite acelerar diagnósticos y la detección precoz de enfermedades, descubrir y desarrollar nuevos medicamentos, detectar fraudes y ciberamenazas en tiempo real, predecir tendencias y anticiparse a fallos y a fenómenos extremos, optimizar la agricultura con técnicas de precisión, acelerar la gestión administrativa (hasta podría resolver el atasco de los juzgados gallegos) y diseñar rutinas educativas adaptadas a cada alumno que devuelvan a nuestros escolares los primeros puestos en PISA. La computación de alto rendimiento es una herramienta que ha alcanzado un grado de madurez que hace posible todo eso y más, y justo ahora hay quienes quieren parar e incluso dar marcha atrás. Volver del automóvil al coche de caballos. ¿Quiénes son los promotores de esta psicosis colectiva? ¿Temen que la IA tome el control o que ellos pierdan el control de la IA?