Luciano Calvo Pumpido, presidente de Nauterra: «Vacaciones pocas, voy a la fábrica cada día»

Melissa Rodríguez
Melissa Rodríguez CARBALLO / LA VOZ

SOCIEDAD

Luciano Calvo Pumpido, con los jugadores del Club de Fútbol Bergantiños en el Bar Ramón, de Razo.
Luciano Calvo Pumpido, con los jugadores del Club de Fútbol Bergantiños en el Bar Ramón, de Razo. ANA GARCÍA

Le gusta el clima del norte, la contemplación en soledad y las sardinas con grasa y bien hechas. El fútbol y la conservera siguen en su rutina, también en verano

07 ago 2026 . Actualizado a las 15:50 h.

Luciano Calvo Pumpido (Carballo, 1948) se deja ver en verano con cierta frecuencia por Razo, su lugar favorito para relajarse y desconectar. «Es sorprendente, bello y agreste», dice. Compagina la actividad como presidente de la compañía Nauterra (Calvo es la marca principal) con su papel de cabeza visible del club de fútbol Bergantiños. Chano, como es conocido, se rodea de gente joven. Al bar Ramón de Razo, donde guarda muy buenos recuerdos de la adolescencia, acudió recientemente a celebrar una sardiñada con el equipo de sus mil amores.

—Se le ve disfrutar en su tierra de estos meses de calor.

—Me gusta el clima del norte, más suave. Para mí es fenomenal porque no soporto el calor. Tenemos una gran ventaja en eso. Me gusta pasar el verano en Galicia, en la zona de Razo y Baldaio, y de Malpica a Fisterra voy de vez en cuando. Para mí son los sitios más bonitos de España con sus playas y su riqueza en marisco. Las aguas están frías, pero también se refresca uno.

—Para usted la playa no es una opción, entonces.

—Con la edad que tengo, playa, muy poca. Antes, nadaba bastante en Razo, pero teniendo mucho cuidado con el mar, y jugaba al fútbol. Iba a comer a sitios clásicos como O Cordobés, Ramón, O Codo... Ahora creció mucho y ya es otra historia. Hay que convivir con la cantidad de coches y de gente. Yo me dedico a la contemplación, a pasear, comer en distintos sitios cuando se puede, y a disfrutar de los veraneantes. Muchos tienen la segunda vivienda aquí. Me gusta estar con los amigos, pero, también, la soledad. Me encanta subir a la cima de Razo. Desde el mirador de Santa Irene, con los días claros, ves Malpica, las Illas Sisargas, los Baixos de Baldaio... Con el paso de los años, también hay menos dunas, y en la laguna de Baldaio tenemos un problema, que no desagua al mar.

—¿Sigue yendo a la fábrica, o se permite unas vacaciones?

—Vacaciones, pocas. Voy todos los días unas tres horas, toda la mañana y, a veces, por la tarde, aunque sin tanta exigencia. Tenemos buenos profesionales.

—Le gustan las sardinas.

—Cuando están en su época y tienen más grasa, a finales del verano. Tiene que prepararlas una persona que las sepa hacer bien. En el bar Ramón manejan muy bien la parrilla. La sardiñada a principios de la pretemporada ya es una tradición para confraternizar.

—En estos meses de fichajes, ¿qué papel juega usted?

—Yo estoy informado de cada fichaje. No es que tengan que hacerlo, pero sí que me informan. Pedimos el historial del chico y sus características, pero, también, el comportamiento, que hablen en el campo.

ANA GARCÍA

—Doy por hecho que vio el Mundial.

—Solo los partidos de España. Disfruté con el fútbol de la selección española por el juego que hizo. El que más me gustó fue Rodri. El primero que le di una bota fui yo. Le entregué el premio a mejor jugador internacional con el Atlético de Madrid hace muchísimos años en la fábrica. Era una maravilla, y eso que era de los más pequeños. Ansu Fati, Eric García, Dani Olmo... Un montón pasaron por aquí.

—Va temporada a temporada, otra más parece. ¿Qué le aporta el Bergan?

—Sí, voy a permanecer un año más para hacer una transición segura. Pero, sin los demás directivos, no podría hacerlo ni de coña. Conoces mucha gente distinta a la que tratas a diario. Me da ese gusanillo. Sufro, pero disfrutando. Verlos jugar en casa es un plus de goce.

—¿Se permite en esta época desconectar de la actualidad informativa?

—Leo titulares, las noticias que me interesan y hasta las esquelas.

Su rincón favorito

Chano, en el bar Ramón de Razo, vive el presente con una comida con los jugadores del Bergantiños FC, pero también recuerda su adolescencia. Con los amigos, se desplazaba hasta allí haciendo autoestop a los camiones. «Fuimos de los primeros en acampar en Razo», rememora.