Cesar de la Fuente, biotecnólogo: «La beca cambió mi trayectoria»

Redacción / La Voz

SOCIEDAD

El catedrático en biotecnología Cesar de la Fuente.
El catedrático en biotecnología Cesar de la Fuente. Tyger Willians / Philadelphia Inquired

El programa de becas de posgrado en el extranjero de la Fundación la Caixa impulsa el talento joven en la ciencia

19 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Los grandes avances científicos se presentan como logros cerrados y visibles: una nueva tecnología, un tratamiento eficaz o un descubrimiento relevante. Sin embargo, ese punto final es solo una parte de un proceso mucho más largo en el que intervienen oportunidades clave y apoyos que llegan en momentos decisivos. El estudio europeo MORE4 señala que el acceso temprano a financiación —becas, contratos iniciales o ayudas a la movilidad— es uno de los factores que más influyen en la continuidad de las carreras científicas y en su proyección internacional, hasta el punto de que, sin ese impulso, muchas trayectorias se truncan antes de consolidarse. En una época en la que la investigación se ha convertido en una cuestión central —tanto por su impacto directo en la salud y la calidad de vida de las personas, como por su capacidad de anticiparse a algunos de los grandes retos colectivos—, conviene fijarse no solo en el resultado, sino también en las condiciones que lo hacen posible.

Irene Marco, Marc Suárez-Calvet y César de la Fuente han seguido caminos muy distintos, pero sus trayectorias convergen en una misma idea: la ciencia que transforma nuestras vidas también necesita apoyo, sobre todo al principio, cuando la carrera investigadora todavía no es una certeza. Aunque cada uno de ellos ha abierto una ventana distinta al futuro de la innovación científica, la historia de este último ejemplifica a la perfección cómo el impulso inicial puede cambiar el rumbo de una vocación.

Una incubadora de talento

De padre neurocientífico y madre médica, César de la Fuente ha revolucionado el descubrimiento de antibióticos con ayuda de la inteligencia artificial. Ya de pequeño, en su A Coruña natal, volvía a casa con peces para diseccionarlos y, a los ocho años, calculó cuántos globos de helio necesitaba para elevar su masa corporal y la de sus hermanos y poder volar. En su trayectoria, la obtención de una beca de posgrado en el extranjero de la Fundación ”la Caixa” es una escena fundacional. Le sirvió para realizar, en el año 2011, un doctorado en Microbiología e Inmunología en la Universidad de la Columbia Británica, en Canadá.

«Conseguí la beca de la Fundación ”la Caixa” en un momento absolutamente crítico», cuenta el coruñés. «Yo era muy joven. Debía tener 23 años. Todavía no sabía quién era, ni en lo personal ni, mucho menos, como científico». La noticia le llegó de madrugada en Vancouver a través de una llamada de su madre. «No me lo creía, no me lo esperaba para nada». Aquella noche abrió una botella de champán con la que ahora es su esposa.

El efecto de la beca no se redujo a una dimensión práctica. Hay algo quizá aún más decisivo: la validación. «Yo no tenía claro si podía ser científico. Tener el apoyo de una institución de la magnitud de la Fundación ”la Caixa” fue un antes y un después». Además, en el ámbito científico, la beca le dio libertad para investigar lo que quería. «La verdad es que me cambió la trayectoria, sobre todo por la confianza que me dio».

Como biotecnólogo, César de la Fuente trabaja actualmente en una línea pionera: diseñar antibióticos usando herramientas computacionales para combatir las bacterias multirresistentes, una de las mayores amenazas para la salud mundial según la OMS.«Las superbacterias son uno de los grandes desafíos existenciales a los que nos enfrentamos», afirma el científico. A sus 40 años, cuenta con una carrera meteórica: en el 2019 fue elegido uno de los diez innovadores más importantes del mundo por el Instituto Tecnológico de Masachusets (MIT) y, en el 2020, fue designado mejor investigador joven de Estados Unidos por la American Chemical Society.

La trayectoria de César de la Fuente, así como la de Irene Marco y la de Marc Suárez-Calvet, demuestra que la ciencia puntera necesita apoyo temprano. El éxito no empieza con el hallazgo, sino mucho antes, cuando se apuesta por el talento.