Una nueva realidad climática en Galicia: el paraguas recupera su función original y vuelve a proteger del sol
SOCIEDAD
El aumento de los días de calor extremo favorece un hábito poco habitual en la comunidad: usar el paraguas como protección frente a la radiación solar
16 jun 2026 . Actualizado a las 19:12 h.En las calles de Galicia empieza a vislumbrarse una realidad que tiene que ver con la adaptación al cambio climático y con un objeto que utilizamos mucho: el paraguas. Al fin y al cabo, vivimos en una de las regiones más húmedas de Europa. Pero cada vez más personas utilizan este accesorio para protegerse en los días de sol y calor intenso, como los que se registraron a finales de mayo y durante el pasado fin de semana. Y al hacerlo, en realidad le están devolviendo el uso para el que fue creado. La historia del paraguas se remonta a China hace unos 2.400 años. Debido a su costosa elaboración, se consideraba un objeto de lujo y su uso quedaba reservado a las personas más ricas y poderosas. Además, se empleaba principalmente para protegerse del sol y no de la lluvia.
El paraguas llegó a Europa a través de la Ruta de la Seda, aunque su introducción no fue precisamente un éxito. Durante siglos se consideró un objeto femenino y asociado a los días soleados. En inglés, paraguas se dice umbrella, un término que procede del latín y significa precisamente sombrilla. Es decir, estaba vinculado a la protección solar, a las mujeres y también a figuras de gran relevancia, como el papa. El umbraculum, que servía para resguardar al pontífice, sigue apareciendo hoy en el escudo del Vaticano que se exhibe durante la sede vacante, el período en el que se elige un nuevo papa.
En la Inglaterra del siglo XVIII la historia de este accesorio cambió de la mano de un famoso empresario londinense, Jonas Hanway, que comprendió la utilidad que podía tener el paraguas en un clima tan húmedo como el inglés. Claro que aquella revolución le salió cara. Hasta entonces, el método más habitual para no mojarse consistía básicamente en un sombrero y un chubasquero. Hanway sufrió un auténtico calvario por las burlas que recibía cada vez que salía a la calle con su paraguas. Además, muchos comerciantes consideraban aquel invento una amenaza, ya que su uso podía reducir la clientela en los días de lluvia, precisamente cuando más vendían algunos negocios. Sin embargo, con el tiempo, la utilidad terminó imponiéndose a la mala fama y el paraguas acabó convirtiéndose en lo que es hoy: un objeto cotidiano y de uso universal.
Los gallegos que hoy utilizan el paraguas para protegerse del sol son unos pioneros. Puede que incluso reciban alguna mirada extraña. Pero en el clima que viene, marcado por episodios de calor más frecuentes e intensos, es posible que este accesorio recupere poco a poco su función original. Quién sabe si algún día tendremos que ampliar nuestro vocabulario y reformular nuestros refranes meteorológicos con expresiones como «no se queje usted del calor, reconozca que se le ha olvidado el parasol en casa».