La OMS alerta de una posible crisis global aún más dañina, porque «la inacción mata». La Unión Africana eleva a más de 100 las muertes asociadas al brote de ébola en RDC y declara la emergencia continental
19 may 2026 . Actualizado a las 01:47 h.La comunidad internacional llega a la Asamblea Mundial de la Salud del 2026 en medio de dos crisis sanitarias por el ébola y el hantavirus y con una advertencia incómoda sobre la mesa: el mundo no está mejor preparado para afrontar una nueva pandemia que antes del covid. No solo eso, sino que en algunos aspectos clave incluso ha retrocedido. Así lo concluye el último informe elaborado por expertos independientes que evalúan la preparación global frente a crisis sanitarias por encargo del Banco Mundial y de la Organización Mundial de la Salud ( OMS), en un contexto marcado además por los recortes en cooperación internacional, la salida de Estados Unidos y Argentina de la OMS y la aparición de nuevas alertas sanitarias como el reciente brote de hantavirus o la declaración de emergencia internacional por el ébola Bundibugyo.
El diagnóstico es contundente. «Una década después de que el ébola expusiera peligrosas brechas en la preparación ante brotes y seis años después de que el covid-19 convirtiera esas brechas en una catástrofe global, la evidencia es clara: el mundo no es más seguro frente a las pandemias», señalan los expertos.
El informe advierte de que el riesgo de una nueva pandemia sigue siendo real y podría golpear a un planeta más endeudado, más fragmentado políticamente y con sistemas sanitarios más tensionados que hace apenas unos años. O, lo que es lo mismo, en este escenario una nueva crisis sanitaria global sería aún mucho más dañina que la del coronavirus.
Lejos de haberse corregido tras la experiencia del coronavirus, algunas de las desigualdades que marcaron aquella crisis se han agravado. El acceso equitativo a vacunas, diagnósticos y tratamientos continúa siendo uno de los principales puntos débiles del sistema internacional. El ejemplo más reciente fue el brote global de mpox, declarado emergencia sanitaria internacional en el 2022. Según recoge el documento, «las vacunas contra la mpox llegaron a los países de bajos ingresos afectados casi dos años después de que comenzara el brote, incluso más tarde que los 17 meses que tardaron las vacunas contra el covid».
La situación vuelve a poner el foco sobre uno de los debates centrales de la Asamblea Mundial de la Salud que se celebra estos días en Ginebra: cómo garantizar el intercambio de información científica y muestras biológicas necesarias para desarrollar vacunas y tratamientos sin que los beneficios queden concentrados únicamente en los países con mayor capacidad económica e industrial.
Aunque el Tratado de Pandemias logró aprobarse en el 2025, sigue bloqueada la negociación del anexo relativo al reparto de beneficios derivados del intercambio de información sobre patógenos. Durante la pandemia de coronavirus, numerosos países del Sur Global compartieron secuencias genéticas y muestras biológicas fundamentales para desarrollar vacunas en tiempo récord. Sin embargo, ese esfuerzo no se tradujo en un acceso justo a esos productos sanitarios.
Para Adrián Alonso, responsable de Incidencia Política de la organización Salud por Derecho, la inequidad observada durante la pandemia no fue una anomalía. «Fue el resultado de un sistema que no está diseñado para facilitar el acceso equitativo, en el que hay muchos más factores implicados, como la propiedad intelectual, la concentración de producción y la ausencia de mecanismos vinculantes a nivel internacional», explica.
La actual emergencia por ébola Bundibugyo evidencia además otra de las vulnerabilidades que persisten en el sistema global de salud. La OMS declaró este fin de semana la emergencia de salud pública de importancia internacional por un brote para el que todavía no existe ninguna vacuna ni tratamiento aprobado, mientras aumenta la preocupación por la expansión regional de los casos en África Central.
Más de cien muertes por ébola
La agencia de salud pública de la Unión Africana (UA) ha elevado este lunes a más de 100 las muertes asociadas a la epidemia de ébola causada por la cepa Bundibugyo en República Democrática del Congo (RDC) y Uganda y ha declarado el brote como una Emergencia de Salud Pública de Interés Continental (ESPC).
«Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de África (CDC de África) (...) han declarado oficialmente el brote de la enfermedad del virus del ébola de Bundibugyo, que afecta a República Democrática del Congo y Uganda, como una Emergencia de Salud Pública de Interés Continental», ha anunciado la agencia en un comunicado. «Hasta la fecha, se han notificado aproximadamente 395 casos sospechosos y 106 muertes asociadas» al brote, ha apuntado la agencia, que ha precisado que la mayoría de ellas corresponden a República Democrática del Congo y «principalmente a las zonas sanitarias de Mongwalu, Rwampara y Bunia», ubicadas en la nororiental provincia de Ituri. En cuanto a la vecina Uganda, hasta el momento se han registrado dos posibles casos y una muerte vinculada a la cepa Bundibugyo, todos ellos en la capital del país, Kampala.
Las amenazas sanitarias ya no pueden analizarse únicamente desde una perspectiva epidemiológica. Factores como el cambio climático, la degradación ambiental, la pérdida de biodiversidad o el aumento de los desplazamientos internacionales están modificando las condiciones de aparición y transmisión de enfermedades infecciosas. Según la OMS, más del 60 % de las enfermedades infecciosas emergentes tienen origen animal, lo que refleja la creciente conexión entre salud humana, animal y ambiental.
En este sentido, desde Salud por Derecho advierten de que las próximas crisis sanitarias se desarrollarán en un escenario mucho más complejo, condicionado por la «presión climática, desigualdad y sistemas de salud bajo presión», señala Adrián Alonso. «La preparación sanitaria también depende de cooperación internacional, acceso equitativo y capacidad de reducir vulnerabilidades antes de que las crisis aparezcan», añade.
Entre las principales conclusiones del informe destaca la incapacidad colectiva para aplicar las reformas prometidas tras el covid. Los expertos sostienen que no se han producido avances sustanciales en la preparación global frente a pandemias debido a la falta de voluntad política y de inversión sostenida. También cuestionan la eficacia de los actuales indicadores internacionales para medir la capacidad real de respuesta de los países, ya que muchos de ellos no lograron prever cómo actuarían los sistemas sanitarios durante la pandemia.
«Ha llegado el momento de actuar, porque la inacción mata»
El documento insiste además en que el coste económico de no estar preparados resulta muy superior al de invertir en prevención. Mientras las respuestas de emergencia frente a una pandemia cuestan billones de dólares y provocan impactos duraderos sobre la economía global, mantener sistemas permanentes de preparación requeriría una inversión significativamente menor. Por ello, los expertos reclaman mecanismos de financiación estables y basados en la solidaridad internacional, frente a un modelo de ayuda al desarrollo que consideran insuficiente.
El informe pone igualmente el acento en la necesidad de reforzar el multilateralismo y el papel de la OMS en un momento de creciente fragmentación geopolítica. «Las enfermedades infecciosas se nutren de la desunión, por lo que la división social puede ser mortal», advierten los autores, que recuerdan que «el covid ha prosperado en un mundo desorganizado».
Entre las prioridades urgentes identificadas por los expertos figuran la creación de un sistema independiente de vigilancia del riesgo pandémico, el establecimiento de mecanismos sólidos de financiación para prevención y respuesta rápida, y la garantía de acceso equitativo a vacunas, diagnósticos y tratamientos a través de acuerdos internacionales vinculantes.
El mensaje final del informe es una llamada directa a evitar la complacencia que históricamente ha seguido a cada gran crisis sanitaria. «Durante demasiado tiempo -recoge el texto- hemos permitido que se suceda un ciclo de pánico y abandono en las pandemias: prodigamos esfuerzos cuando surge una amenaza grave y nos olvidamos rápidamente cuando la amenaza remite», señalan los expertos. Y concluyen con una advertencia que resume el espíritu del documento: «Ha llegado el momento de actuar (...) alentados por la sombría certeza de que la inacción mata».