Cuatro ideas para salvar Venecia de la subida del nivel del mar: de la inyección de agua marina a la reubicación de monumentos

Julio Arrieta AGENCIAS / COLPISA

SOCIEDAD

Imagen del Gran Canal de Venecia.
Imagen del Gran Canal de Venecia. EFE

Un estudio plantea nuevas soluciones, que incluyen elevar el nivel de la ciudad o la instalación de diques. «El riesgo no es tanto que el cambio ocurra de forma repentina y obligue a adoptar escenarios extremos, sino que las decisiones lleguen demasiado tarde», dicen los expertos

18 abr 2026 . Actualizado a las 13:27 h.

Venecia, la ciudad que nació en una laguna y ha convivido con el agua durante más de un milenio, se enfrenta a un desafío existencial a causas del cambio climático. Un exhaustivo estudio publicado en la revista Scientific Reports advierte que su modelo de protección actual tiene los días contados. La investigación ha sido realizada por un equipo internacional encabezada por Piero Lionello, de la Universidad de Salento (Italia), un grupo de quince expertos de instituciones de seis países que han trazado varias «vías de adaptación» para afrontar el ascenso inevitable del nivel del mar que amenaza a la ciudad. Venecia y su laguna «son un entorno icónico, con valores culturales, monumentales y ambientales destacados y múltiples, que en 1987 llevaron a su inclusión entre los sitios del patrimonio mundial de la UNESCO como un todo inseparable», señalan los científicos en su artículo.

El problema es que la situación de la ciudad es insostenible a largo plazo. «Con las actuales políticas insuficientes de mitigación de gases de efecto invernadero, es probable que la estrategia actual de laguna abierta, basada en barreras móviles y múltiples medidas de adaptación, se tope con límites insuperables durante de este siglo», plantean los expertos. Aunque el sistema de barreras móviles MoSE ha logrado frenar las inundaciones extremas que sufre la ciudad cada cierto tiempo, su eficacia tiene un límite. Todavía «no estamos cerca de un punto de no retorno físico, pero nos estamos acercando a un punto crítico desde el punto de vista de la toma de decisiones», explica Lionello a este periódico. Tal y como apuntan las proyecciones, si el nivel del mar sube entre 0,50 y 0,75 metros, las barreras tendrían que cerrarse con tanta frecuencia que la laguna moriría por falta de oxígeno.

De laguna abierta a cerrada

El estudio plantea cuatro estrategias. La primera, denominada «Laguna abierta», propone alargar la vida del sistema actual mediante medidas de adaptación. Entre las más innovadoras destaca la inyección de agua marina en el subsuelo para elevar el nivel de la ciudad unos 25 o 30 centímetros. La segunda vía es la de los «Diques de anillo». Consistiría en rodear exclusivamente los núcleos habitados con muros defensivos. Técnicamente es una opción segura, pero a un coste cultural altísimo: se rompería la conexión física y visual entre los venecianos y su entorno acuático. Apunta Lionello que las características del vínculo histórico con el agua «se verían alteradas en cualquier caso», pero que en esta opción el sacrificio principal radica en que «se modifica la conectividad entre la ciudad y la laguna». La tercera alternativa es la «Laguna cerrada». Transformaría el ecosistema de la Laguna de Venecia en un lago costero aislado mediante presas permanentes. Sería la opción más segura para el patrimonio monumental de la ciudad, pero supondría el fin para el ecosistema local. No obstante, aclara Lionello, «la laguna no es un sistema natural en sentido estricto, sino un sistema gestionado desde hace siglos». Es precisamente esta gestión «la que ha mantenido sus características similares a las originarias; sin ella, la laguna probablemente habría desaparecido», por lo que este cierre «podría verse como una evolución adicional de este enfoque, más que como una ruptura total». Sin embargo, «para un veneciano sigue siendo una elección profundamente difícil».

Como cuarta opción y como último recurso, los expertos plantean la «Retirada». Si el nivel del mar sube más de 4 metros, la única opción sería el desmontaje y reubicación de los monumentos más importantes, siguiendo el ejemplo de los templos de Abu Simbel, en Egipto. Esto significaría el abandono de la ciudad, cuyas ruinas inundadas quedarían como un recuerdo sumergido. En todo caso, el estudio apunta que el tiempo para decidir se agota. Todavía «no estamos cerca de un punto de no retorno, pero nos estamos acercando a un punto crítico desde el punto de vista de la toma de decisiones». Los escenarios más extremos siguen estando lejos en el tiempo. Pero «el riesgo no es tanto que el cambio ocurra de forma repentina y obligue a adoptar escenarios extremos, sino que las decisiones lleguen demasiado tarde, impidiendo que las soluciones alternativas estén listas cuando sean necesarias para evitarlos».