Abogados Cristianos denuncia a la rapera Tokischa por profanar una basílica de San Sebastián al grabar «semidesnuda» un clip

A. Algaba COLPISA

SOCIEDAD

La rapera dominicana Tokischa en un fotograma del videoclip «(No) Margine».
La rapera dominicana Tokischa en un fotograma del videoclip «(No) Margine». YouTube

El Obispado de San Sebastián exige la retirada del vídeo, que tiene como telón de fondo la capital guipuzcoana y denuncia «las normas que intentan silenciar la identidad»

08 abr 2026 . Actualizado a las 18:19 h.

La Fundación Española de Abogados Cristianos ha presentado una denuncia ante el Juzgado de Instrucción de San Sebastián contra la rapera dominicana Tokischa por un presunto delito de profanación tras la publicación de unas imágenes de «alto contenido sexual» tomadas en el interior de la Basílica donostiarra de Santa María del Coro. También el Obispado de San Sebastián exige la retirada del vídeo. En un comunicado, aseguran que ya se han puesto en contacto con la productora y que estudian «algún tipo de acción jurídica o canónica». Las imágenes en cuestión forman parte del corto (No) Margine, la pieza dirigida por Karim Coppola y protagonizada por la rapera y que versa sobre «las normas que intentan silenciar la identidad» con distintos emplazamientos de San Sebastián como telón por sus lugares y la historia del santo relacionada con el colectivo LGTBIQ+. 

Según ha censurado en un comunicado Abogados Cristianos, la artista «aparece semidesnuda —en topless y vistiendo únicamente una prenda íntima (tanga)—, posando de forma provocativa dentro del templo», situada directamente frente a una imagen de Jesucristo, «utilizando el espacio sagrado como escenario erótico completamente ajeno al culto religioso». Las imágenes forman parte de la «estética planificada» para un cortometraje lo que, a su juicio, «evidencia la premeditación y la utilización consciente de un templo católico para fines comerciales y de exhibición, desvirtuando su significado religioso».

La organización de juristas considera que estos hechos podrían ser constitutivos de un delito de profanación recogido en el artículo 524 del Código Penal, al tratarse de actos realizados en un templo «con evidente carácter ofensivo hacia los sentimientos religiosos, mediante el uso irrespetuoso de un espacio sagrado y de sus símbolos».

El Obispado de San Sebastián, por su parte, lamenta «profundamente el uso indebido de un espacio sagrado para la realización de contenidos» que, según indica, «resultan incompatibles con el respeto debido a un lugar sagrado y hieren la sensibilidad religiosa de los fieles». Precisa en este sentido que, en función del derecho canónico, «en un lugar sagrado solo puede admitirse aquello que favorece el ejercicio y el fomento del culto, de la piedad y de la religión, y se prohíbe la realización de lo que no esté en consonancia con la santidad del lugar». Todo ello a pesar de que, «en casos concretos y particulares, el obispo puede permitir que se lleven a cabo otros usos, siempre que no sean contrarios a la santidad del lugar como conciertos o exposiciones».

El Obispado recuerda que en julio del año pasado la productora le solicitó permiso «para filmar una escena breve dentro de algún templo de la diócesis de San Sebastián», con el argumento de que se trataría de «un momento contemplativo y respetuoso, sin diálogos, ni actividad que interrumpiera la dinámica del lugar». Recoge Efe que la productora indicó que se trataba de «un proyecto cultural» para «promover la cultura vasca a través de una historia íntima y poética».

No obstante, tras indagar trabajos tanto de la productora y como de la artista propuesta, el Obispado le comunicó que «no autorizaba la grabación del proyecto en ninguno de los templos o ermitas» de la diócesis. A pesar de ello, la productora se puso en contacto con los responsables de la basílica de Santa María para llevar a cabo el citado proyecto, «silenciando su contenido auténtico y la negativa que ya habían recibido del Obispado», detalla el comunicado. 

Según Abogados Cristianos, los hechos han tenido «una gran trascendencia pública», lo que ha generado una «profunda indignación y ofensa en la comunidad de fieles católicos, tanto de la ciudad de San Sebastián como del resto de España».

Albaola, Puio o el Arima, también escenarios

Con el tema Sol de la afamada cantante —amiga de Rosalía y Madonna, entre otras— de fondo, la historia del corto discurre en distintos escenarios de Donostia. Desde la basílica de Nuestra Señora del Coro, el campo de rugby de Puio, Albaola o el hotel Arima. Escenarios de (No) Margine, la pieza dirigida por Karim Coppola.

El corto presenta la historia de una profesora, Nekane Urrutia, que durante el franquismo enseñó euskera en su casa, ante el veto impuesto por la dictadura a la enseñanza de la lengua vasca. «Nuestra madre abrió su casa, enseñó a muchos, abrió el camino y sirvió de inspiración», explica una voz en euskera esa historia. Tras ello, la propia Tokischa llega a un local y se fija en una portada colgada en la pared —entre carteles de festivales de música o cine donostiarras— en la que se lee: «La profesora Nekane Urrutia, aclamada docente de ikastola doméstica, recibe honores por su labor clandestina». El director denuncia así «un lenguaje que Franco trato de enterrar».

A partir de ahí se desata a bailar en una escena en ese mismo comedor al que llega después de pasar por las instalaciones de Albaola. Y momentos antes también se pasa por el campo de rugby de Puio donde el Bera Bera disputa un choque. Ahí, la historia fija la potencial atracción entre dos de los jugadores, que tras un placaje se quedan cara a cara a escasos centímetros de darse un beso. «Larga vida homosexual», grita Tokischa desde la grada a los chicos cuando salen. Ahí sale también la imagen de San Sebastián con las flechas clavadas en su cuerpo.

La productora define el corto de la siguiente manera: «Donostia sirve como escenario para (No) Margine porque su historia está escrita en el lenguaje de la resistencia. La imagen de San Sebastián, un mártir definido por la resistencia, se ha mantenido durante mucho tiempo como un icono silencioso de resistencia para la comunidad LGTBQ+. Al situar ahí la liberación radical de Tokischa contra esas raíces conservadoras, nos enfrentamos a las normas que todavía intentan silenciar la identidad».