Un informe de la fundación Salud por Derecho constata que la población con menos recursos está mas expuesta a la polución y es más vulnerable a sus efectos
11 mar 2026 . Actualizado a las 21:26 h.La mala calidad del aire no afecta a todas las personas por igual. En muchas ciudades, la población con menos recursos está más expuesta a los contaminantes, es más vulnerable a sus efectos y acaba padeciendo daños más severos sobre su salud. Esta es una de las principales conclusiones del informe Ciudades frente al cambio climático. Reducir emisiones para ganar salud, que publica la fundación Salud por Derecho.
El estudio, que analiza cómo los barrios con rentas más bajas suelen estar situados cerca de grandes vías de tráfico o de focos de polución donde la concentración de sustancias tóxicas es hasta un tercio superior a la media, determina además que la contaminación del aire y el cambio climático están estrechamente vinculados. «Gran parte de las emisiones que deterioran la calidad del aire proceden de la quema de combustibles fósiles en el transporte, la generación de energía —que consumen en gran parte los hogares— o la industria, las mismas actividades que también contribuyen al calentamiento global», señala la organización.
El informe subraya asimismo la importancia de diversos factores sociales que amplifican los riesgos para la salud de la población, como las condiciones de la vivienda, el tipo de empleo o el acceso a los servicios sanitarios. Por ello, los autores del estudio sostienen que la contaminación no es solo un problema ambiental, sino una cuestión de salud pública y justicia social, una postura que respaldan con algunos datos alarmantes: cada año, la mala calidad del aire provoca más de 253.000 muertes prematuras en la Unión Europea y puede reducir hasta dos años la esperanza de vida. Además, el 97 % de la población urbana respira aire con unas concentraciones de partículas finas superiores a las recomendadas para la salud. Pero el impacto también tiene una dimensión económica, ya que la contaminación del aire supone un coste medio anual de más de 1.200 euros por habitante en las ciudades europeas debido a los gastos sanitarios, la pérdida de productividad y otros efectos asociados.
Por este motivo, y a fin de reducir la contaminación sin ampliar la desigualdad, el estudio defiende que las políticas de urbanismo deben incorporar alternativas de transporte asequibles y accesibles para toda la población y garantizar que los beneficios de las mejoras ambientales se distribuyan de forma equitativa. Asimismo, la organización apuesta por «reforzar el transporte público, facilitar los desplazamientos a pie o en bicicleta y renaturalizar el espacio público», alternativas que tienen «beneficios directos para la salud».