El frío histórico de febrero de 1956: 70 años de la gran helada en Europa
SOCIEDAD
En países como Alemania las mínimas descendieron hasta los 25 grados bajo cero, mientas que en España se produjeron las llamadas heladas negras, especialmente dañinas para la agricultura
26 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Febrero de 1956 será recordado en la historia del clima de Europa por ser uno de los más gélidos. Temperaturas extremadamente bajas provocaron cientos de fallecidos.
Un potente anticiclón situado al norte del continente, con una presión central de 1.040 milibares, se combinó con una profunda borrasca situada en el Mediterráneo. Entre ambos sistemas se abrió un pasillo de vientos del nordeste que transportó aire extremadamente frío desde Siberia.
En países como Alemania, las mínimas descendieron hasta los 25 grados bajo cero. Todos los ríos de Centroeuropa se congelaron. Incluso las orillas del Atlántico se helaron en algunas zonas de Francia y los Países Bajos. En España se produjeron las llamadas heladas negras, especialmente dañinas para la agricultura porque el frío penetra en los tejidos de las plantas sin que se forme escarcha visible. Ese episodio arrasó cosechas enteras.
El frío fue tan persistente que dejó escenas poco habituales en la Península. En Madrid, el observatorio del Retiro registró el 12 de febrero una máxima de 1 grado y una mínima de 9,1 bajo cero, lo que permitió que el río Manzanares llegara a congelarse. En el nordeste peninsular también se produjeron imágenes sorprendentes. En Gerona y Figueras se heló el lago de Bañolas y varios ríos presentaron placas de hielo. En algunos tramos de la Costa Brava el oleaje se congelaba al chocar contra los acantilados.
Se registraron tres irrupciones de aire frío polar. La última procedía del Ártico y transportaba más humedad, lo que favoreció las nevadas en numerosas ciudades. En Burgos la nieve cayó durante diecisiete días consecutivos.
La clave meteorológica del episodio fue la persistencia del bloqueo atmosférico en el norte de Europa. Mientras el anticiclón permaneció anclado en esa posición, el flujo de aire continental continuó llegando a la Península. Fue ese bloqueo, más que un único pulso de frío, lo que convirtió el invierno de 1956 en uno de los más duros del siglo pasado.