Un exceso de aire frío en el Atlántico impide que llegue el calor a Galicia

SOCIEDAD

XOAN CARLOS GIL

El anticiclón de las Azores lleva varios meses más al sur de lo habitual

13 jun 2024 . Actualizado a las 11:50 h.

La atmósfera es un sistema caótico en el que influyen muchos elementos repartidos por todo el planeta. Por ello, no resulta nada sencillo señalar a un único responsable que explique por qué el tiempo está siendo tan inestable en la comunidad gallega desde comienzos de año y por qué pasado el 40 de mayo todavía no se puede quitar el sayo.

MeteoGalicia reconoció hace unos días que la primavera que está punto de terminar ha sido la tercera más húmeda desde 1961. «Durante los últimos días de marzo y buena parte de mayo tuvimos una situación caracterizada por zonas de aire más gélido de lo que habitual en el Atlántico norte que provocaron una vaguada muy pronunciada. Se trata de una zona de aire frío localizada en capas medias y altas de la atmósfera que se sitúa en latitudes algo por debajo de lo normal. Si imaginamos la corriente en chorro como si fuese un río, las vaguadas serían los meandros que van hacia el sur, mientras que las dorsales las que van hacia el norte. Esta situación ha estado alimentando borrascas que llegaban con mucha actividad a nuestra comunidad», explica Juan Taboada, de MeteoGalicia.

 

Una de las causas que pueden ayudar a entender qué está ocurriendo obliga a remontarse al pasado otoño. Entre noviembre del 2023 y marzo del 2024 se registraron tres calentamientos súbitos de la estratosfera. Este evento se produce cuando aire procedente de la troposfera, la capa de la atmósfera en contacto con la superficie, asciende a la estratosfera y eleva su temperatura de forma repentina.

La Agencia Meteorológica del Reino Unido (Met Office) publicó un informe a finales de marzo que reconocía que era una situación inédita desde que existen datos y que la probabilidad de que se desarrollen tres calentamientos estratosféricos en tan poco tiempo es de una vez cada 250 inviernos.

«Es probable que esta situación de rupturas sucesivas del vórtice estratosférico polar haya tenido influencia en la primavera, al menos en el exceso de lluvias de marzo, que fue cuando tuvo lugar la última de ellas. Al romperse el vórtice, el aire frío baja a latitudes medias y alimenta borrascas en superficie. Es, sin embargo, algo más dudoso que pueda haber influido en el exceso de lluvia de mayo», admite Taboada.

La dinámica atmosférica de los últimos meses ha estado provocando que el anticiclón de las Azores no se encuentre cómodo. «Está algo más al sur de lo que correspondería. La situación que necesitamos para tener tiempo seco, soleado y con temperaturas altas es que el anticiclón pueda situarse al norte de la Península y quedarse estacionario en esa posición varios días y eso no está sucediendo por el momento por la presencia de la vaguada y el aire frío en el Atlántico norte», sostiene el meteorólogo.

La incomodidad del sistema de altas presiones también se refleja en el índice de la Oscilación del Atlántico Norte (NAO), que mide la diferencia de presión entre las borrascas de Islandia y el anticiclón de las Azores. Desde febrero ha estado en muchas ocasiones en modo negativo, especialmente entre la última semana de marzo y la primera de abril, cuando se produjo el tercer calentamiento súbito de la estratosfera. «Una NAO en negativo quiere decir que el anticiclón de Azores está más debilitado de lo que debería, lo que es compatible con el hecho de que las vaguadas atlánticas hayan sido frecuentes. Al haber mucho aire frío en el Atlántico, el anticiclón no es capaz de moverse hacia el norte y eso deja la puerta abierta para las borrascas», añade.

A medio plazo se espera la misma configuración que ha sido tan recurrente a lo largo del año. Las altas presiones están alejadas de la Península y no consiguen proteger a la comunidad gallega. «En segunda mitad de esta semana y los primeros días de la siguiente continuaremos en la influencia de una vaguada, con un centro de bajas presiones en el Reino Unido que dejará un tiempo algo por debajo de las expectativas para la época del año, con nubes, temperatura suave y algunos momentos de precipitación. A partir de ahí podría recuperarse la situación anticiclónica y dejarnos unos últimos 10 días de junio más veraniegos. Pero como sucede siempre con la meteorología, habrá que esperar e ir viendo semana a semana el comportamiento de la atmósfera», concluye Taboada.

A pesar de todo, los principales modelos de predicción numérica siguen apostando por un verano más cálido de lo normal tanto en Europa como en la Península. El lunes el programa Copernicus de la Unión Europea publicó una actualización de su pronóstico estacional para el trimestre julio, agosto y septiembre que anuncia un verano con una probabilidad bastante elevada de que sea una estación más seca de lo normal y bastante más cálida.