Carmen Cabestany: «Es importante no crear un pequeño monstruo maltratador en casa»

Mila Méndez Otero
Mila Méndez A CORUÑA / LA VOZ

SOCIEDAD

CESAR QUIAN

Esta profesora y presidenta de la asociación No al acoso escolar defiende que hablar sobre el «bullying» es el primer paso para combatirlo

19 nov 2023 . Actualizado a las 12:24 h.

«En acoso escolar hay que ser mesurado pero contundente», sentencia Carmen Cabestany. Su vocación docente, dice, la encaminó a involucrarse con los alumnos que más sufrían y ser una de las fundadoras de la asociación que lucha contra el bullying en el ámbito educativo.

—¿Crece el acoso escolar?

—Tenemos la sensación de que van a más, pero necesitamos cuantificar, un estudio fiable que nos diga cuál es el porcentaje de menores acosados. Calculamos que está en torno a un 25 %. Desgraciadamente, sabemos también que el suicidio es la primera causa de muerte en adolescentes, es gravísimo, y que muchos suicidios obedecen a casos de acoso.

—¿Influyen las redes sociales y los dispositivos móviles?

—Son un elemento negativo de amplificación del problema. A veces son la gota que colma el vaso de la víctima. A través de las redes les dicen «muérete ya», «¿qué haces aquí?», «nadie te quiere», y eso puede ser el detonante de que alguien se suba al alféizar de una ventana. Así ha sucedido en bastantes casos.

—¿Hay niños más susceptibles?

—Cualquiera puede ser víctima, la única condición es que el agresor la tome contigo, pero es cierto que los niños que pertenecen a colectivos de la diversidad (con trastornos del espectro autista, con asperger, los de altas capacidades o del colectivo LGTBI) son diana.

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—¿Existe un perfil de agresor?

—Normalmente, coincide con un niño que desde pequeño no admitió límites o no se los impusieron, hizo lo que le dio la gana, maltrató a sus propios padres, porque muchas veces donde primero maltratan es en la familia. Si eso no se corrige, se acostumbran, son niños o adolescentes tiranos que chantajean y manipulan, y lo peor es que reproducirán esa conducta porque les ha salido bien. Por eso es importante no crear un pequeño monstruo maltratador en el ámbito familiar.

—¿Cómo encajan esto los padres?

—En la inmensa mayoría de los casos, la familia del agresor tiende a negar el problema y a protegerlo. Pide pruebas, pregunta quién ha dicho eso, incluso amenazan con denunciar al centro.

—¿Se puede reconducir a un niño maltratador?

—Por supuesto, pero necesitamos herramientas y estar preparados. Necesitamos hacer frente al problema y no esconderlo o mirar para otro lado.

—¿Cuál es el caso más temprano que conocieron de «bullying»?

—El de una voluntaria. Con dos años los compañeritos le hacían comer tierra en el patio cada día. Hemos visto casos con tres, cuatro años. Se da menos en las edades más bajas y en las más altas, como en bachillerato, por ejemplo, pero se da. En cuanto a la ideación suicida, puede estar presente incluso antes de los diez años.

—¿Qué puede hacer un centro?

Lo primero es prevenir, recoger este problema en su plan educativo y en el de acción tutorial. Tendríamos que hablar más de acoso escolar para que no fuera un tabú, porque cuando los adultos hablamos de bullying, los alumnos se sienten libres para hacerlo. Tendríamos que formar al profesorado, a todo el profesorado, y dar más importancia a la educación emocional. También habría que informar a las familias, por ejemplo, a través de las AMPA, y recordar a cada paso en las aulas, pasillos y patios el acoso escolar con carteles, para visibilizar el problema en toda la escuela. Esto es lo que llevamos años pidiendo. También proponemos una participación externa cuando se pone en marcha el protocolo de acoso. Ahora el centro es juez y parte, y tiende a manipular, a negarlo, para que no se sepa que hay acoso escolar por miedo a perder el prestigio o imagen.

—El acoso no es cosa de niños.

—El bullying no es cosa de niños, hay que saber diferenciar lo que son cosas de niños de un maltrato. Tampoco es un problema que afecte solo a la comunidad educativa. Es una lacra social en la sombra muy grave que afecta a unos dos millones de escolares en España. Falta divulgación, concienciación y sensibilización para no caer en estos errores.

—¿A qué edad regalaría un móvil?

—El problema está en cómo se da un móvil, con qué condiciones. Desde luego, antes de secundaria, no. Como muy temprano, a los 12 años, pero con la responsabilidad que los padres, como tutores legales, tienen sobre cualquier cosa que con ese móvil pueda hacer su hijo. El móvil te lo compro yo, es mío, tú lo usas, pero yo tengo derecho a conocer tus contraseñas, a saber por dónde navegas y a revisar el contenido.