El control estricto de la diabetes tipo 2 ahorra dinero y alarga la esperanza de vida

m. meizoso LA VOZ

SOCIEDAD

Administración, médicos y pacientes analizan el estudio elaborado por Weber para Lilly que cuantifica el impacto de la patología en los primeros años de diagnóstico

07 oct 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

La diabetes representa una gran amenaza para la salud de las personas. No presenta síntomas y se manifiesta de forma silenciosa. Además, se cobra muchas vidas cada año. En el caso de Galicia, tal y como publicó La Voz el pasado mes de junio, el porcentaje de decesos no ha dejado de crecer. Así, el número de muertes por esta causa se incrementó en un 72,3 % entre el 2019 y el 2022. Galicia es la región que registró un mayor incremento en las muertes causadas por esta enfermedad. La diabetes tipo 2 es la variante más común, diez veces más habitual que la tipo 1. En concreto, el 90 % de los pacientes que la sufren pertenecen a ese grupo. En España, la incidencia conocida se sitúa en 3,7 casos por cada 1.000 personas.

La diabetes tipo 2 impacta de un modo severo en la calidad de vida de los pacientes diagnosticados. Lilly España y Weber se han aliado para publicar un informe que analiza el valor social que resulta de aplicar un control estricto y temprano de este tipo de diabetes en España. Para analizar los resultados de ese trabajo, La Voz —con la colaboración de Lilly— reunió en el Museo de la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre a Estrella López-Pardo, gerente del Sergas; Diego Bellido, jefe de Endocrinología y Nutrición del Complexo Hospitalario Universitario de Ferrol (CHUF); Gemma Rodríguez Carnero, miembro de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN); Jose Manuel García, presidente de la Federación de Asociaciones de Diabetes de Galicia (FEGADI) y miembro de la junta directiva de la Federación Española de Diabetes (FEDE); Jorge Santander, director de Relaciones Institucionales de Lilly; y Álvaro Hidalgo, presidente de la Fundación Weber.

Entre otras evidencias, el estudio demuestra que mantener un control estricto —con un nivel de hemoglobina glicosilada inferior al 6,5 %— y temprano —en los primeros cinco años tras el diagnóstico— de la diabetes tipo 2 generaría un menor impacto económico y un mayor valor social. En el día a día de los pacientes, la aplicación de ese control permitiría reducir la mortalidad, las complicaciones y las tasas de hospitalizaciones, al tiempo que mejoraría la calidad de vida de las personas que sufren la enfermedad.

En Galicia, la prevalencia de la diabetes tipo 2 se sitúa en el 9 %. Pero, «si nos vamos a los grupos de mayores» —subrayó la gerente del Sergas—, «el porcentaje se va hasta el 20 %». López-Pardo destacó que «el 61 % de estos pacientes ha tenido una analítica en los últimos doces meses y el 27 % tiene un control de glicada no adecuada». En el período 2019-2022, el capítulo de hospitalizaciones y el gasto de farmacia también creció. Este último por la incorporación de nuevos medicamentos, «más costosos, pero también más seguros que los tradicionales».

La diabetes, insistió Bellido, «tiene un impacto global» y lleva asociados diferentes factores de riesgo. Por ello, puso en valor el control estricto. «Estoy muy de acuerdo con los datos de este informe», afirmó. Y sumó otro factor: «Estamos hablando de los pacientes conocidos, pero hay que pensar que hay un número exactamente igual que desconoce tener la enfermedad. Si añadimos ese punto, las cifras se disparan y el diagnóstico precoz va encaminado precisamente hacia ahí».

En la misma línea se pronunció Rodríguez Carnero, miembro de la SEEN, al señalar que «el objetivo es intentar detectar la enfermedad lo antes posible. Hay muchos pacientes que, probablemente, lleven mucho tiempo teniendo una diabetes tipo 2 antes de diagnosticarla. Eso no da síntomas, pero sí daña al paciente y sí va a dar complicaciones a largo plazo». Y, precisamente, como paciente y presidente de la FEDE, José Manuel García, recordó que «cuando recibes el diagnóstico, después de haber pasado años, te das cuenta de que los problemas de riñón o hipertensión venían de ahí». Desde su colectivo, dijo, «no pedimos más dinero ni innovación, sino formación y educación porque un paciente formado evita gastos. La gente necesita conocimientos sobre alimentación y hábitos de vida, especialistas en esta enfermedad y tiempo para resolver dudas».

En el caso de Lilly, el director de Relaciones Internacionales puso el acento en su compromiso con la diabetes, «que dura más de 100 años», y con la generación de datos, «un aspecto fundamental a la hora de tomar decisiones para saber por dónde debemos seguir ayudando a los pacientes». Hidalgo, presidente de la Fundación Weber, coincidió en la importancia de manejar datos reales a la hora de tomar decisiones y «de cuantificar el valor desde el punto de vista social, no solo desde el punto de vista presupuestario, sino también desde el prisma de las pérdidas laborales en forma de bajas y del tiempo que dedica el cuidador al paciente».

Valoración

En Galicia, en el año 2015, entró en funcionamiento el proceso de atención integrada de la diabetes. López-Pardo reconoció que «la implantación efectiva ha dado buenos resultados», pero «hay que actualizarla». ¿De qué modo? «Lo estamos haciendo a través de un grupo de expertos para tener, lo antes posible, un nuevo proceso integral». El cambio delimitará qué papel debe cumplir cada profesional. El Sergas, que dispone de una aplicación propia para los pacientes que tienen diabetes, «reforzará aún más el control estricto» y seguirá apostando por los planes individualizados para cada persona.

A la hora de valorar los resultados del informe sobre el valor social que resulta de un control temprano, el jefe de Endocrinología del CHUF manifestó que «sabemos que un paciente con un control estricto desde el principio va a tener muchas menos complicaciones a la larga. Lo que aporta este informe es calidad de vida a cinco años, pero ese tratamiento precoz va a ir mucho más allá, durante más tiempo». En esa misma dirección se pronunció Rodríguez Carnero al reiterar que «sabemos que cuanto mejor controlemos a nuestros pacientes, de una forma precoz, menos eventos cardiovasculares van a tener en un futuro». A su juicio, mantener ese control estricto y temprano permitirá «mejorar su calidad de vida y tener un ahorro en el gasto sanitario». Un cambio de planteamiento que apoyó el presidente de la Federación de Asociaciones de Diabetes de Galicia. Así, José Manuel García puso el foco en el tiempo porque «nosotros tenemos prisa, es importante que esos cinco años sean rápidos y de aprendizaje para saber qué cambios debo hacer, cómo actuar, cómo controlar la glucosa o cuándo ir al médico».

En el transcurso del encuentro se puso de relieve el trabajo realizado en Galicia a la hora de establecer un plan específico para tratar a los enfermos de diabetes. Pero la sesión también sirvió para conocer otras experiencias. A ese respecto, Hidalgo explicó que «países como Alemania asignan una bolsa de dinero para cada paciente que puede destinarse a pagar la cuota del gimnasio. Y, en Extremadura —añadió—, «existe un plan de ejercicio físico dirigido a residencias de mayores». Por su parte, el director de RR.II. de Lilly se detuvo, «en el valor social para las arcas públicas» y en «la inversión que supone para la calidad de vida de los pacientes» porque «así debemos verlo», como un beneficio para todos ellos.

Del gasto sanitario a la inversión: más calidad de vida y menos mortalidad

«Cometemos el error de hablar de gasto sanitario y tendríamos que hablar de inversión». El presidente de la Fundación Weber, Álvaro Hidalgo, fue el encargado de presentar los resultados del informe del valor social del control estricto y temprano de la diabetes tipo 2 en España. Y, en el transcurso de su intervención, reflexionó acerca de la atención sanitaria porque «con ella mejoramos algo fundamental para la economía del país que es el capital humano». La salud, añadió Hidalgo, «se refleja en una población que es más sana, que es capaz de producir y, por lo tanto, de generar un mayor valor social». En el caso de la diabetes, al igual que en el resto de patologías, es fundamental «diagnosticar, intervenir y tratar de forma precoz».

Eficiencia

En su relato, Hidalgo detalló el trabajo realizado por Weber a la hora de perfilar el estudio impulsado por Lilly España. Como punto de partida, situó la necesidad de buscar la eficiencia porque «cuanto antes se da el diagnóstico y cuanto antes empiece el tratamiento, normalmente, los resultados en salud también serán mejores para los pacientes». ¿Qué objetivo se han marcado a la hora de desarrollar este trabajo? «Estimar el valor que supondría el control estricto y temprano de la diabetes». Con dos premisas: que el tiempo de diagnóstico no sea superior a los cinco años y que el nivel de hemoglobina glicosilada en sangre sea menor a 6,5 %. «Lo que nos interesaba era cuantificar cuál era el impacto que iba a tener ese control estricto y temprano para valorarlo desde un punto de vista económico», señaló.

La diabetes, prosiguió Hidalgo, «es una enfermedad prevalente y crónica que afecta de forma muy importante a la calidad de vida de los pacientes y que tiene unos elementos que impactan sobre nuestro Sistema Nacional de Salud». ¿La razón? «Genera un número elevado de complicaciones, bien sean eventos microvasculares o macrovasculares». El mayor número de ingresos hospitalarios que sufren los pacientes con diabetes fue otro de los aspectos en los que se detuvo. Pero, sobre todo, se fijó en la mortalidad. Por una razón: las personas que tienen diabetes presentan una esperanza de vida menor. Así, con esos mimbres, resumió, «quisimos estimar cómo impacta el control temprano y estrecho en las complicaciones, en las hospitalizaciones, en la calidad de vida y en la mortalidad».

Cálculo por paciente

¿Qué diferencias existen entre los pacientes diabéticos con control estricto y los que no lo tienen? La respuesta le sirvió a Weber de palanca para calcular el coste por cada uno de los pacientes diagnosticados. En España, los datos de incidencia se sitúan en el 3,7 por cada 1.000 habitantes. En su intervención, Hidalgo indicó que «cogimos la cifra de la población adulta que hay en España, unos 39 millones de personas» y los cruzaron con los 144.873 casos que se dan, cada año, de diabetes tipo 2. A continuación, se segmentaron los pacientes entre los que aplican, en su día a día, un control temprano y estricto y los que no. El primer grupo representa el 51,8 %, mientras que el segundo se sitúa en el 48,2 %. «De esos más de 144.000 casos nuevos al año, 74.000 tienen control frente a los 69.000 que no. No parece una gran diferencia, pero si cuantificamos los resultados veremos que si podemos llegar a cambiar un dos o un cinco por ciento influirá de forma significativa en el valor social», aseguró.

Mantener un control no estricto de la diabetes tipo 2 supone una inversión por paciente de 16.122 euros frente los 13.473 que se destinan a los que sí aplican ese control. Por tanto, tal y como refleja el informe de Willy, el control temprano y estricto de la patología generaría un valor social de 2.649 euros por paciente durante un período de cinco años. Del desglose por áreas se extrae que 318 euros serían por reducción del impacto de las complicaciones, 9140 euros por disminución de hospitalizaciones, 805 euros por la mejorar de la calidad y 586 en productividad laboral por reducción de la mortalidad.

El presidente de la Fundación Weber se propuso el reto de voltear las cifras sin prisas, pero sin pausa. «Si conseguimos cambiar ese porcentaje de 49 a 51 y lo pasamos a un 60/40, el impacto que tendría en la salud de la población española sería muy alto», apuntó Hidalgo. En conclusión, si los pacientes con un control no estricto lo aplicasen durante los cinco primeros años de diagnóstico se podrían generar 185 millones de euros de valor social en España.