Operan en Galicia a un paciente con una hernia discal mientras estaba despierto: «Hablaba con los médicos como si estuviera en el bar»

Raúl Romar García
R. ROMAR REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

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El hospital San Rafael aplica un programa pionero que minimiza los riesgos de la anestesia y acelera la recuperación sin dolor

25 abr 2023 . Actualizado a las 21:49 h.

«¡Cómo que ya se ha acabado! Pero si no me he enterado de nada». Por increíble que parezca, esta fue la respuesta que ofreció Jesús González Diéguez a sus cirujanos justo en el momento, en la propia mesa del quirófano, en el que estos le habían comunicado que su cirugía de hernia discal había sido un éxito. Le habían operado las vértebras L3 y L4, pero ni cuenta se había dado. No fue, sin embargo, lo más sorprendente de la intervención. Lo realmente inédito es que durante el proceso estuvo absolutamente despierto charlando con el personal médico que lo atendía.

«Ellos me iban preguntando si iban bien por aquí o por allí, si tenía o no alguna molestia. Y yo les decía que todo iba perfecto. Pero también nos echamos unas risas, charlábamos como si estuviéramos en un bar. Cuando me avisaron que ya había acabado todo no me lo creía. Fue algo increíble», cuenta González Diéguez, una de las primeras personas en participar en el programa de cirugía de columna con el paciente despierto o con mínima sedación que se desarrolla de forma mínimamente invasiva en el hospital San Rafael de A Coruña. Es un procedimiento pionero, no solo en España, sino también en Europa.

El equipo, dirigido por los cirujanos Juan Álvarez de Mon y Juan Castro, tiene una amplia experiencia —con 200 casos en los dos últimos años— en operaciones robóticas de columna mediante endoscopia en las que al paciente solo se les practica una mínima incisión, con lo que la recuperación es inmediata y mucho menos dolorosa. Pero desde hace tres meses a este exitoso procedimiento se le unió una nueva técnica que convierte a todo el proceso en su conjunto en algo realmente novedoso: la operación con el paciente despierto o con una mínima sedación, con lo que se evita la anestesia general y sus efectos secundarios. Una colaboración iniciada con el anestesista César Bonome, que también es el director médico del San Rafael.

A Jesús González solo le durmieron las piernas con una inyección epidural y a la media hora ya estaba restablecido. «A la una de la tarde ya estaba caminando por el pasillo del hospital y a las seis ya estaba en casa», relata el paciente, que tampoco requirió ningún anestésico para el dolor. «Me fui para casa sin ninguna medicación y ningún dolor. Fue algo increíble», explica.

Sin sangrado ni infecciones

Y así lo constata el cirujano Juan Álvarez de Mon: «A las dos horas de la operación los pacientes que se someten a esta intervención están caminando y a las seis de la tarde están en su casa. No hay sangrado, no hay riesgo de infecciones ni hay daños estructurales en la columna vertebral. Es una operación mucho menos dolorosa y la recuperación mucho más rápida».

Jesús González da fe de ello. «Al día siguiente de la operación, el 22 de marzo, fui a caminar una hora por la tarde y una hora por la mañana. Me fui paseando de Meirás a Sada y no noté ni ninguna molestia ni ningún dolor. La gente no se lo creía», subraya.

«Por lo general, los pacientes no necesitan medicación para el dolor o, si la toman, al segundo día ya no les hace falta», explica César Bonome, que deja claro que el hecho de que se le aplique la mínima anestesia a los pacientes durante la operación no obedece a un ansia por superar un desafío técnico, sino porque supone una mejora directa para el enfermo. «El programa lo aplicamos por la seguridad del paciente, porque con una anestesia general siempre hay algún riesgo que queremos eliminar. Así minimizamos los riesgos asociados a la anestesia», señala.

En el caso de las cirugías lumbares, como las hernias discales o la estenosis de canal, es más importante aún. Lo es porque en la propia cirugía cabe el hipotético riesgo de que si se le afecta un nervio al paciente se le pueda provocar un daño neurológico del que los médicos solo se darán cuenta cuando le hagan la exploración, una vez haya pasado el efecto de los sedantes. Si está despierto puede alertar a los médicos de cualquier situación anómala que advierta y corregirse.

La técnica también abre el abanico de estas intervenciones a personas mayores con otras patologías a las que antes se le desaconsejaría por los posibles riesgos. «Existe un antes y un después en la cirugía de columna con la incorporación de las técnicas laparoscópicas y con la posibilidad de realizarlas sin anestesia general. Pacientes muy frágiles que antes estaban contraindicados para la realización de cirugía descompresiva, ahora se intervienen en un ámbito ambulatorio», destaca Álvarez de Mon.

«Antes -añade el cirujano- se demoraban estas cirugías por el alto grado de complicaciones y se le proponía tratamiento médico. Sin embargo, esto era un error y comprobamos que pacientes, con lesiones neurológicas compresivas, progresaban a un punto sin posibilidad de recuperación y con dolor neuropático permanente».

La inversión en tecnología robótica y laparoscópica, así como en equipos de anestesia y aparatos de ecografía realizada en el San Rafael, es lo que ha permitido combinar estas técnicas de cirugía de columnas. «Los resultados son excelentes en prácticamente la totalidad de los pacientes», destacan Álvarez de Mon y César Bonome.

«Antes me metía calmantes por la vena día sí y día también»

  

Jesús González Diéguez tiene 53 años y es fontanero, una profesión en la que mantener una espalda en condiciones es fundamental. En su caso, esta no fue la primera vez que tuvo un problema lumbar. Hace diez años lo intervinieron de la vértebra L5 y todo fue muy distinto a lo de ahora. «Me abrieron, tuve mucho dolor y tarde nueve meses en recuperarme antes de volver a trabajar», relata. Ahora le queda poco para reincorporarse a su actividad. Si todo va bien, podrá hacerlo dentro de unos días, cuando se cumplan seis semanas después de la cirugía.

Apenas da crédito. Y más después del estado en que llegó al hospital antes de que decidieran operarlo. No podía soportar las continuas molestias. «Me metía calmantes por la vena para el dolor día sí y día también. La intervención en el San Rafael fue mano de santo, algo increíble».

No le queda ni el dolor y apenas una pequeña muesca de la cirugía. «La cicatriz de la espalda es solo un punto», dice. Nada que ver con la apertura que le hicieron hace diez años.

González Diéguez fue de los primeros en participar en el nuevo programa del hospital San Rafael, que en los tres meses que lleva activo ya ha operado a unos cuarenta pacientes con la técnica combinada de cirugía mínimamente invasiva y con el paciente despierto durante la intervención.

La colaboración entre los cirujanos y los anestesistas es lo que ha permitido realizar un análisis detallado de cada caso para ofrecer una atención y tratamiento personalizado consensuado con el equipo quirúrgico. «Intentamos personalizar a cada paciente, tanto en la cirugía como en la anestesia», resalta César Bonome, el director médico de un hospital que ya se prepara para atender a pacientes de toda España con este novedoso procedimiento.

La clave, según Juan Álvarez de Mon, está en la cooperación multidisciplinar entre los distintos equipos implicados del hospital. «En nuestro centro -destacan tanto el cirujano como el anestesista- la implicación fue total desde el inicio del programa y tenemos que agradecer a los pacientes la confianza en el grupo médico».

El centro está ampliando la aplicación del procedimiento a la cirugía protésica y de columna.