Galicia aplicará el programa YAM, del Instituto Karolinska, para prevenir el suicidio entre los jóvenes

Elisa Álvarez González
Elisa Álvarez SANTIAGO / LA VOZ

SOCIEDAD

JOSE PARDO

La Xunta pone en marcha un protocolo en el ámbito educativo y sanitario e incorpora la primera vía rápida de derivación en salud mental

11 oct 2022 . Actualizado a las 00:11 h.

«Non podemos evitar as ondas, hai que aprender a surfealas». Esta es la filosofía del nuevo Protocolo de prevención e actuación nos ámbitos sanitario e educativo ante o risco suicida infanto-xuvenil, que presentó este lunes la Xunta con novedades para prevenir y actuar frente a las conductas suicidas entre los menores. Alejandro García Caballero, coordinador de programas de prevención de salud mental del Sergas, recordó que entre los jóvenes, el suicidio y los intentos autolíticos obedecen a riesgos «que non somos capaces de controlar», por lo que hay que dar a los menores herramientas y mejorar su capacidad para resistir al estrés, «hai que aprender aos nosos nenos a surfear as ondas», insistió.

Este protocolo recoge novedades importantes en la prevención, como el programa YAM, del instituto Karolinska. Los investigadores de este centro compararon tres programas para mejorar la salud mental de los jóvenes y este demostró ser el único efectivo, con una reducción de un 50 % en los nuevos intentos de suicidio en un año. ¿Y en qué consiste? El YAM (Youth Aware of Mental health), es decir, jóvenes conscientes de su salud mental, se centra en trabajos grupales para debatir cómo resolver problemas de la vida diaria y situaciones estresantes. Basándose en un juego de roles, se representan situaciones complicadas y vías de solución. El Karolinska adapta este programa al contexto de quien lo implanta, por lo que primero deberán adaptarlo al entorno gallego y después formar a un instructor que se encargará a su vez de difundir esta formación. Comenzará en el 2023-2024 en el primer curso de la ESO de algunos institutos seleccionados, durante cinco sesiones distribuidas en tres semanas.

Si se confirman los resultados, el programa se ampliará a toda la población de la ESO (12-16 años). Junto a esta medida la Xunta pondrá en marcha en el mismo curso encuestas de salud mental, cuatro mil —dos mil de control y otras dos mil de participantes en el programa—, una cifra que llegará a las 20.000 en el año 2026.

Una de las características de este protocolo es la coordinación entre los servicios sanitarios y educativos. Así, se crea una vía rápida por la que si se detecta a un menor con riesgo moderado de suicidio (si es alto se derivará a urgencias) que no está en seguimiento, se remita al pediatra o médico de familia. Este tendrá que valorar su inclusión en una vía rápida en la que se atenderá al adolescente antes de siete días en una unidad de salud mental infanto juvenil si tiene menos de 16 años, o de adultos si tiene más. Para esta valoración se aplicará la encuesta Mini, validada a nivel internacional.

Además, el programa Alerta escolar del 061, que cuenta con un censo de menores con patologías crónicas que se pueden descompensar dando lugar a una situación de urgencia (crisis alérgicas, crisis diabéticas...) incluirá el Código Agarimo, en el que se recogerán los casos de riesgo suicida, aportando los informes de los profesionales de salud mental con recomendaciones de actuación en caso de urgencia.

El protocolo, dirigido a expertos de diferentes ámbitos, también piensa en la vuelta al centro educativo. La acogida al menor que ha tenido un intento autolítico se hará con conversaciones en las tutorías o círculos de diálogo, con el fin de que haya una cohesión en el grupo, «así lograremos que tengan confianza entre ellos», apunta Ana María Alzate, del servicio de orientación de la Consellería de Educación. Cualquier verbalización o ideación suicida debe ser comunicada a la dirección del centro. Si el menor colabora el departamento de orientación hará una valoración urgente, y si no lo hace y se acompaña de conductas de agitación se avisará al 061.

A todo esto se suma información clave sobre factores de riesgo o señales de alarma, y recomendaciones para la intervención urgente, la acogida, la familia o los profesionales de atención primaria. Entre las señales de alarma, frases de agradecimientos o despedida: sé que hicisteis lo posible; de falta de pertenencia al grupo: a nadie le importa; o de visión negativa sobre uno mismo: no valgo para nada. Pero también se destierran mitos, como pensar que quien habla del suicidio no lo realiza.

Un millón de personas se quitan la vida cada año, según la OMS.

Suicidio, cuando tenemos más dolor del que podemos soportar

FERNANDO L. VÁZQUEZ

El suicidio es un enorme problema de salud pública que desafortunadamente no ha dejado de crecer en los últimos años, convirtiéndose en una auténtica lacra social. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año se quitan la vida casi un millón de personas en todo el mundo, con otros veinte intentos por cada muerte por suicidio; y a ello hay que sumarle que cada suicidio afecta íntimamente al menos a otras seis personas. En España, según los datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística en el 2020, la tasa de suicidios fue de 8,3 por cada 100.000 habitantes, menor que la media de suicidios a nivel mundial (9,3 por cada 100.000 habitantes), aunque no por ello deja de ser una situación dramática. Es más, la evolución de algunas tendencias no invita precisamente al optimismo: en el período que va desde el 2010 hasta la actualidad, los suicidios han crecido un 30 %, siendo la primera causa de muerte entre los jóvenes españoles, algo que nunca se había observado antes desde que se dispone de estadísticas.

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