Alemania impondrá la vacunación obligatoria en febrero

joana serra BERLÍN / COLPISA

SOCIEDAD

FILIP SINGER

Habrá restricciones a escala nacional para los no inmunizados

02 dic 2021 . Actualizado a las 16:43 h.

Alemania se plegó a la evidencia de que la lucha contra el covid no se ganará mientras existan «lagunas de no inmunizados» -en palabras de la canciller saliente, Angela Merkel- como las que persisten en ese país. Deberá imponerse la vacunación obligatoria. Se hará, previsiblemente, en febrero. Y, de sentarse aún Merkel como diputada en el Bundestag (Parlamento), su voto sería a favor de esa imposición.

La canciller, quien como el resto de su bloque conservador y sus socios de coalición socialdemócratas habían defendido siempre la voluntariedad de la vacuna, admitió así un giro que hasta hace poco parecía impensable. Merkel se retirará del poder previsiblemente la próxima semana y no ocupará ningún escaño parlamentario. Pero dejó constancia de cuál sería su hipotético voto, tras su última reunión con los líderes regionales y su previsto sucesor, el socialdemócrata Olaf Scholz.

La vacuna será obligatoria en un país donde la tasa de ciudadanos con la pauta completa está en el 68,8 % -por debajo de España o Portugal, entre otros socios europeos-. Sus autoridades se plantean administrar 30 millones de dosis -entre primeras, segundas o de refresco- en lo que queda de año.

Pero hasta que esto ocurra y hasta que entre en vigor la obligatoriedad de vacunarse pasarán demasiadas semanas. La incidencia por siete días y 100.000 habitantes ha descendido levemente en los últimos días, tras meses de ascenso continuado. Sigue, sin embargo, en niveles muy altos, con 439,2 casos a escala nacional y por encima de los 1.100 en los distritos del este más afectados.

 Se necesitan medidas de alcance nacional y aplicación inmediata, coincidieron la canciller saliente y su sucesor. Hasta ahora, regían severas restricciones a escala regional, tanto en el este como en Baviera. La última reunión dirigida por Merkel sirvió para consensuar protocolos unitarios, como el cierre del ocio nocturno a partir de niveles de incidencia superiores a los 350 casos semanales. El acceso a comercios no esenciales quedará restringido en todo el país a los vacunados o sanados. Y se limitarán las reuniones entre no vacunados a personas de un mismo núcleo de convivencia u otras dos de otro núcleo.

Scholz asumió así, de facto, las riendas de la batalla contra el covid, una crisis que Merkel no ha podido dejar zanjada. La canciller, que a lo largo de sus 16 años en el poder ha afrontado tantas otras crisis, desde la del euro a la de los refugiados, dejará el cargo en el peor momento de la pandemia para Alemania. Si en la primera ola se la revalorizó como una líder de formación científica -es doctora en Ciencias Físicas- que sabía trasladar a sus ciudadanos conceptos complejos que otros mandatarios no acertaban a entender, en la segunda y la tercera Alemania se vio castigada por picos de muertos y contagios, que solo descendieron tras meses de cierre de la vida pública.

La cuarta ola ha caído con toda su virulencia en la primera potencia europea en medio del relevo político. Las autoridades alemanas respondieron durante semanas con medidas tibias, mientras la vecina Austria y otros socios aplicaban confinamientos o avanzaban hacia la vacunación obligatoria.

A Merkel, canciller aún en funciones, se le reprochó de nuevo lo que ha sido una constante en su ejercicio del poder -las reacciones tardías-. Y a Scholz, haber estado demasiado concentrado en la negociación de su coalición con verdes y liberales, en lugar de ponerse al frente ya de la gestión, desde su posición de vicecanciller del ejecutivo saliente.

Scholz designó ya esta semana al jefe del equipo de crisis contra el covid, el general mayor Carsten Creuer. Pero le falta presentar la lista de los seis ministros que corresponden a su partido. El más complejo es el de Sanidad, para el que se ha barajado insistentemente a Karl Lauterbach, experto de referencia en toda la crisis de la pandemia para los ciudadanos alemanes. En su contra habla el objetivo de presentar un equipo paritario entre hombres y mujeres. De las seis plazas que debe designar el SPD, tres están fijadas -la de Scholz, la de su ministro de la Cancillería, para su hombre de confianza Wolfgang Schmidt, y la de Trabajo, para su titular saliente, Hubertus Heil-. A Scholz no le queda ya más margen para otro hombre, si se ciñe al objetivo de la paridad.