«¿A quién le pido la PCR si ni aquí, en Sanxenxo, entra la gente al bar?»

María Hermida
María Hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

SOCIEDAD

María, de Vilagarcía pero con piso de veraneo en Sanxenxo, mostrándole a Fran, responsable de la cafetería Gran Suqui, el test de antígenos negativo para poder acceder al interior del local a tomarse un café
María, de Vilagarcía pero con piso de veraneo en Sanxenxo, mostrándole a Fran, responsable de la cafetería Gran Suqui, el test de antígenos negativo para poder acceder al interior del local a tomarse un café RAMON LEIRO

La nueva normativa covid se estrenó con tristeza este sábado en Silgar, epicentro turístico

24 jul 2021 . Actualizado a las 18:34 h.

Ojalá, al final del verano, las estadísticas de turismo digan que lo que se está viviendo ahora mismo en Sanxenxo es solo una pesadilla pasajera que agosto y septiembre disiparon. Ojalá. Porque, si lo que está ocurriendo en julio se prolonga todo el verano, «falaríamos dun drama tremendo, porque Sanxenxo traballa 50 días para vivir todo o ano e non se está traballando», tal y como contaba este sábado un hostelero local. Efectivamente, nada iba bien por la mañana. Para empezar, llovía, lo que proporcionaba una imagen desangelada de la playa de Silgar en plena temporada. Pero lo grave no era lo que sucedía sobre el arenal. Porque, en Galicia, llover llueve siempre. El drama estaba sobre el paseo marítimo, en la calle: las cafeterías permanecían a medio gas, cuando no casi vacías. Y eso no lo traía el tiempo, claro que no, sino el covid, que sigue escupiendo contagios sobre la meca del turismo de playa. En esa mañana triste y rota se estrenaron aquí las nuevas normas de la hostelería (PCR o certificado de vacunación para acceder al interior de los locales), al figurar ahora en el nivel máximo.

Los hosteleros tenían muy claro que para sentar a la clientela en el interior, aunque solo fuera para tomar un cortado rapidito, había que pedirles una prueba de covid, un certificado de vacunación o de haber pasado la enfermedad. Se sabían la teoría. Pero no alcanzaban a ponerla demasiado en práctica: «¿A quién le pido el certificado si ni aquí, en Sanxenxo, entra la gente al bar», señalaba Fran, desde la mítica cafetería Gran Suqui. Justo cuando lo estaba diciendo, casi al mediodía, entraba al fin una clienta dispuesta a sentarse dentro. «Es María, la conozco bien, pero hoy le voy a pedir los papeles», bromeaba Fran. Y María, vilagarciana con piso en Sanxenxo, tiraba de móvil para obtener su salvoconducto al café a cubierto: «Mira Fran, estoy vacunada y además ayer me hice la prueba de antígenos. Me daba cosa venirme para aquí sin una garantía y me testé yo y los niños», decía ella.

RAMON LEIRO

Menos suerte tuvieron otros clientes, una familia vallisoletana encantada con la lluvia gallega, que cruzó la puerta de un local del paseo de Silgar buscando comerse unas tostadas con jamón y tomate a resguardo de la lluvia. Los padres y un hijo estaban vacunados, pero la hija adolescente no y tampoco se hizo PCR. Así que no hubo desayuno bajo techo. Se lo tomaron con humor: «Nos ponemos en la terraza y si llueve ya veremos», decían. Llevaban las toallas de playa bajo un brazo y el optimismo bajo el otro.