Destapando a las enfermeras ocultas que hicieron historia

Javier Becerra
Javier Becerra REDACCIÓN

SOCIEDAD

ILUSTRACIÓN SOBRE LA GALLEGA ISABEL ZENDAL INCLUÍDA EN EL LIBRO  ENFERMERAS INVISIBLES
ILUSTRACIÓN SOBRE LA GALLEGA ISABEL ZENDAL INCLUÍDA EN EL LIBRO ENFERMERAS INVISIBLES IRENE BOFILL

Olga Navarro y Vanessa Ibáñez escriben «Enfermeras invisibles», un libro con el que reivindican a 13 antecesoras suyas excepcionales cuyos logros, en muchos casos, permanecían en el desconocimiento

12 may 2021 . Actualizado a las 10:30 h.

Heroínas de la enfermería. Así denomina Olga Navarro a las 13 mujeres singulares y una plural que componen Enfermeras Invisibles (Ediciones B), el libro en el que junto a Vanessa Ibáñez explora los logros de una serie de enfermeras dispares que con dos notas en común. Primero: fueron más allá de lo asistencial. Segundo: estuvieron medio perdidas en la historia durante mucho tiempo.

«Nos pusimos a investigar y descubrimos a algunas de las que desconocíamos su existencia totalmente. Cuando preguntamos a compañeras que dan clase de historia o que trabajan con los fundamentos de enfermería y algunas tampoco las conocían», explica Olga Navarro, enfermera y profesora Universidad Católica de Valencia, en el área de Enfermería. «Desde luego, a nosotras nunca nos las habían explicado», añade.

El libro tiene un obvio componente feminista de reparación histórica, pero también la intención de poner sobre la mesa lo que es la enfermería en toda su amplitud. «La mayoría de la gente conoce nuestra labor asistencial, que es maravilla y a la que se dedican la mayor parte de las enfermeras. Pero hay mucho más. Hay enfermeras formando a otras enfermeras, en tareas de gestión, en los laboratorios y descubriendo cosas en su trabajo que nos van a mejorar la vida», explica.

Desde luego las recogidas en Enfermeras invisibles lograron que el mundo sea un lugar mejor. Angélique Marguerite Le Boursier du Coudray diseñó el maniquí obstétrico en la segunda mitad del siglo XIX. Letitia Mumford Geer inventó y patentó en 1889 la jeringa que se puede utilizar con una sola mano. E Irina Sendelr salvó la vida de 2.500 niños judíos del gueto de Varsovia en la II Guerra Mundial. Tres ejemplos de un listado sorprendente y revelador que cambia muchas ideas preconcebidas.

Hay en él presencia gallega. Isabel Zendal, natural de Santa Mariña de Parada (Ordes), fue la primera enfermera de la historia que participó en una misión sanitaria internacional, llevando la vacuna de la viruela a América en 1803. Como ocurre con muchas otras, no se tienen todos los datos. «No sabemos cuándo muere y hay en general mucha imprecisión con los datos —lamenta la autora—. Hemos intentado que sea la más fidedigno posible pero es muy difícil porque hay informaciones confusas, incompletas e inexistentes. Nos gustaría poder completar en el futuro todas las historias».

Vidas aún por contar

Una enamoró a Olga y Vanessa manera especial, la de Elvira López, enfermera militar que participó en el primer vuelo de la aviación sanitaria española. «Yo no conocía su existencia —señala—. Fue una heroína de guerra condecorada con una medalla y salió en todos los periódicos de la época. Una persona con gran repercusión mediática pero que luego se perdió su pista. No sabemos qué pasó con ella, ni cómo vivió, ni cómo murió. Nada. Seguramente tuvo una vida apasionante».

El misterio alimenta la curiosidad y este libro también pretende despertarla en los más pequeños. En ese sentido, juegan un papel fundamental las ilustraciones de Irene Bofill. Le dan un aroma de libro infantil que refuerzan su diseño cuadrado de tapas duras. «Lo hicimos con esa intención. Que llegue a ellos. Que curioseen. Que les suenen los nombres y se creen referentes y heroínas que sean enfermeras. Algo que no es muy habitual», expone Navarro.

El repaso histórico a estas mujeres olvidadas termina en el presente con una figura plural: la enfermera contemporánea anónima que luchó en la pandemia del covid-19. «Somos todas las enfermeras que han estado a pie de cama, a pie de UCI, con sus respiradores y que lo han dado todo, algunas incluso la vida —señala—. Por todos nosotros, por nuestros padres y abuelos. Creíamos que era la enfermera más invisible de todas, la que iba con su EPI hasta arriba y que el paciente solo le podía ver los ojos». Y aunque la realidad sea diferente («aquí afortunadamente ya hablamos de mujeres y hombres») se mantiene el femenino por razones históricas: «Nos lo han preguntado mucho. Pero a lo largo de la historia la mayor parte que ha ejercicio la enfermería por desgracia, fueron mujeres. Nuestra búsqueda no ha sido sesgada en absoluto, simplemente es como ha sido la historia», concluye.