valença do miño

En el primer día de apertura de la frontera con Portugal, pocos gallegos se animaron a cruzarla. Los portugueses los esperaban con ansia después de tres meses aislados, pero los mensajes contradictorios del Gobierno central y la Xunta hicieron que muchos tuvieran la prudencia de respetar el cierre perimetral para no exponerse a recibir ninguna multa. Hubo quien se atrevió y lo hizo con muchas dudas y confusión. «No sé si legalmente hago bien estando aquí, así que prefiero no decir nada», comentó un ciudadano español que estaba de visita con su familia en Valença. «Oímos la noticia de que se abría la frontera y se nos ocurrió venir a dar una vuelta, pero después nos surgió la duda», comentaba Andrea, una joven que llegó con una amiga desde Baiona cruzando el puente de Goián hasta Vilanova de Cerveira, donde era día de feria.

«La situación no está clara. Unos dicen que multan y otros que no. Yo creo que la policía aquí no multa. Hoy abre la frontera, pero Galicia está confinada», explicaba este sábado una comerciante portuguesa en Valença.

Lo cierto es que los controles policiales en el puente internacional del Miño han desaparecido y la libertad de circulación es total. Se acabaron las colas kilométricas en la autovía por las retenciones que provocaban las fuerzas del orden al parar a los conductores para pedirles la documentación que acreditara que podían cambiar de país.

Aún así, durante el festivo de este sábado no se registró mucho tráfico para cruzar la frontera, cuando, antes de la pandemia eran miles los gallegos que visitaban Portugal para disfrutar de una jornada de descanso. El ambiente en las calles de la fortaleza de Valença do Miño distaba mucho del bullicio de cualquier otro sábado antes de la pandemia. Al mediodía, había muy poca gente por la calle, apenas había clientes en las tiendas y, a la hora de comer, sobraban mesas en las terrazas de los restaurantes.

Muchos negocios de la fortaleza Valença abrían este día 1 de mayo por primera vez en mucho tiempo. Teniendo en cuenta que el 90 % de los clientes de las tiendas y restaurantes son españoles, no les ha compensado estar abiertos mientras ha durado el cierre. Valença es una visita obligada para comprar productos textiles a buen precio y degustar la típica gastronomía portuguesa como el bacalao, la picaña y el cabrito. Los ourensanos Juan y Marta viajaron a Valença con su hija para comprar ropa de cama y comer bacalao en un restaurante. El bacalao también atrajo a Juan Molares y a su mujer desde Gondomar .«Llevábamos tiempo sin venir. Estamos cerca y es un paseo muy agradable», afirma.

El primer sábado de mes era día de feria en Vilanova de Cerveira. Normalmente, acuden más españoles que portugueses a pasear por este mercado al aire libre y a hacer alguna compra, pero en esta ocasión los portugueses eran una amplia mayoría.

«Dependemos mucho de los gallegos y lo estamos pasando mal.», dice Pedro Días, que tiene un puesto de ropa en el mercado de Cerveira. Afirma que la situación es idéntica en el vecino Tomiño. Los comerciantes han realizado manifestaciones para demandar la reapertura de la frontera porque el aislamiento sanitario les estaba ahogando económicamente. La apertura de las fronteras marca un inicio de la recuperación muy tímido. Confían en que a partir del 9 de mayo la situación empiece a normalizarse.

El país luso registra el menor número de ingresados desde marzo del 2020

La Dirección General de Salud de Portugal (DGS) notificó dos fallecimientos y unos 450 casos de coronavirus este sábado, un día en el que el país registró 302 personas hospitalizadas, el número más bajo desde marzo del 2020.

Estos 454 nuevos casos elevan el total de contagios en el país desde el principio de la epidemia a 836.947 casos confirmados, mientras que 16.976 personas han fallecido desde la declaración de la crisis sanitaria.

El país sigue en la zona verde de la llamada «matriz de riesgo», con una incidencia de 66,9 casos por cada 100.000 habitantes a 14 días, de acuerdo con el balance recogido por el diario luso Publico.

Dada la situación, Portugal seguirá suavizando gradualmente las medidas de confinamiento según lo planeado, y extiende desde este sábado los horarios de apertura de los negocios: las tiendas pueden permanecer abiertas hasta las 19 horas los sábados y domingos, y hasta las 21 horas durante la semana, según informó el primer ministro del país, Antonio Costa.

También se acabaron las restricciones horarias a la restauración, que los fines de semana solo podían abrir hasta las 13 horas. Tal como demandaban los hosteleros, a partir de ahora pasarán a cerrar a las 22.30 todos los días. Las salas de espectáculos y eventos culturales tendrán el mismo horario. El número máximo de comensales permitidos por mesa pasa a ser de hasta diez personas en terrazas y seis en el interior de los establecimientos.

Se incrementó el aforo máximo de las bodas y bautizos hasta el 50 % y estarán autorizadas todas las modalidades deportivas, incluso las de alto riesgo de contacto como las artes marciales o el rugby.

Los gimnasios, que reabrieron el 5 de abril, recuperaron ya sus clases grupales.

Alcohol y teletrabajo

A pesar del desconfinamiento, se mantienen algunas limitaciones: el teletrabajo seguirá siendo obligatorio hasta finales de año y se prohíbe el consumo de alcohol en la vía pública. Además, los restaurantes solo podrán servir bebidas alcohólicas con las comidas y los bares y discotecas continúan cerrados, sin previsión de cuándo podrán abrir.

El galimatías fronterizo no existe en Ponte Barxas: «Aquí a vida segue igual»

Pablo Varela
El paso fronterizo de Ponte Barxas, en el concello ourensano de Padrenda, amaneció sin obstáculos
El paso fronterizo de Ponte Barxas, en el concello ourensano de Padrenda, amaneció sin obstáculos

El paso del concello ourensano de Padrenda amaneció sin obstáculos ni vigilancia

Antaño, por el paso fronterizo de Ponte Barxas, en el concello ourensano de Padrenda, se pasaban armas de forma clandestina e incluso había quien las desenfundaba, como en el Salvaje Oeste. Pero eran los años del contrabando y el mejor aliado para no frenar los negocios era la paz, así que no solía ir a mayores.

Esta mañana, ese silencio era palpable a primera hora en la antigua posta aduanera que marca el límite con Portugal. El galimatías del viernes sobre la apertura o no de las fronteras seguía vigente. La finca de Olinda, vecina lusa, da la bienvenida o la despedida a cualquier turista que se aventure por el puente que cruza el río Troncoso, borde natural con el país vecino. Y mientras ella trabajaba las viñas, asistía al flujo de coches que, a medida que avanzó la mañana, entraban y salían a un lado y al otro. «Ata onte, na nosa parte había uns bloques de pedra que obstaculizaban o paso. E na parte galega, unhas vallas metálicas. Pero quitáronas na medianoite», decía.

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Pocos gallegos tras abrir Portugal: «No sabemos si hacemos bien en venir»