Muere Michael Collins, el hombre que se quedó orbitando alrededor de la Luna mientras Armstrong y Aldrin pisaban el satélite

La Voz

SOCIEDAD

Llegaron a decir de él que fue «el hombre más solitario de la historia» por su espera en la nave; falleció de cáncer a los 90 años

29 abr 2021 . Actualizado a las 18:34 h.

Fue uno de los hombres que completó una misión histórica. Pero también el menos conocido de los tres héroes del Apolo 11. Michael Collins, el astronauta que se quedó en la nave que orbitaba alrededor de la Luna mientras Neil Armstrong y Buzz Aldrin descendían en un módulo, pisaban el satélite y dejaban sus huellas para la posteridad, murió el pasado miércoles de cáncer a los 90 años. Collins, Neil Armstrong y Buzz Aldrin partieron desde Cabo Cañaveral (Florida) el 16 de julio de 1969, a las 9.32 horas locales, rumbo a la Luna. Sin él no habría sido posible la hazaña de aquel julio de 1969 que paralizó a gran parte del planeta para contemplar ante la televisión los primeros pasos humanos sobre el polvo lunar, sobre aquella superficie en la que nunca llegó a poner el pie Collins. «Cuando miramos hacia la Luna, vimos que era una esfera increíble. Pero, pese a lo magnífica e impresionante que era aquella imagen, no era nada en comparación con lo que se veía por la otra ventana. Allí estaba ese guisante, una cosita tan hermosa arropada en el terciopelo negro del resto del universo. Diminuta. Muy brillante. Azul y blanca. Brillante. Hermosa. Serena y frágil», dijo al recordar la misión cincuenta años después. Aquel guisante envuelto en el negro del universo era la Tierra.

Steve Jurczyk, de la NASA, difundió un comunicado en nombre de la organización para recordar al astronauta: «La nación ha perdido a un verdadero pionero y defensor de toda la vida de la exploración. Como piloto del módulo de comando del Apolo 11, algunos lo llamaron el hombre más solitario de la historia; mientras sus colegas caminaron sobre la Luna por primera vez, ayudó a nuestra nación a lograr un hito decisivo. Michael siguió siendo un incansable promotor del espacio. ‘’La exploración no es una opción; en realidad es un imperativo’’, dijo. Intensamente reflexivo sobre su experiencia en órbita, afirmó: ‘’Lo que valdría la pena comprobar es qué tipo de civilización creamos los terrícolas y si nos aventuramos o no en otras partes de la galaxia’’. La NASA lamenta la pérdida de este piloto y astronauta consumado, un amigo de todos los que buscan ampliar el potencial humano. Con su trabajo detrás de la escena o a la vista de todos, su legado siempre será el de uno de los pioneros que dio los primeros pasos de Estados Unidos en el cosmos. Y su espíritu nos acompañará a medida que nos aventuramos hacia horizontes más lejanos». De hecho, en el 2019, cuando se celebraban los cincuenta años de la llegada del hombre a la Luna, Collins apostó por ir todavía más allá, y señaló: «No quiero volver a la Luna. Quiero ir a Marte. Kennedy nos mostró el camino».

  

Michael Collins nació el 31 de octubre de 1930 en Roma, Italia. Se graduó en la Academia Militar de los Estados Unidos en West Point en 1952. Eligió una carrera en la Fuerza Aérea. Fue piloto de combate y desde 1959 hasta 1963 sirvió como piloto de pruebas en la Base de la Fuerza Aérea Edwards, en California. Sumó más de 4.200 horas de vuelo, experiencia absolutamente necesaria para dar el salto a la carrera espacial. Collins se convirtió así en uno de los miembros del tercer grupo de astronautas de la NASA, seleccionado en octubre de 1963. Su primer vuelo fue como piloto de Gemini 10. El vuelo logró entonces un récord de altitud. Collins, además, fue el tercer caminante espacial estadounidense cuando tuvo que recuperar un dispositivo de detección de micrometeoritos. Sumó en total 266 horas en el espacio. Se retiró de la Fuerza Aérea como general de división, dejó la NASA en 1970 y se convirtió en subsecretario de Estado. En 1971 se unió a la Institución Smithsonian como director del Museo Nacional del Aire y el Espacio. Después fue vicepresidente de LTV Aerospace and Defense. Pero dejó ese puesto en 1985 para iniciar su propio camino como consultor independiente, según recoge la NASA. También dejó obra escrita sobre su experiencia y conocimientos sobre el espacio: Carrying the Fire, en 1974; Flying to the Moon and Other Strange Places, en 1976; Liftoff: The Story of America's Adventure in Space, en 1988; y Mission to Mars, en 1990.