El covid-19, los fallecidos y Galicia: unos datos trágicos que tienen doble interpretación

La comunidad presenta la tasa de mortalidad covid más baja de la península por 10.000 habitantes. Pero no ocurre lo mismo con el porcentaje de letalidad del virus. ¿Cómo se explica?


redacción / lA voz

El presidente Alberto Núñez Feijoo repite a menudo, como lo hizo hace unos días ante la junta directiva de su partido celebrada en Oleiros y como volvió a hacer ayer tras el Consello da Xunta, que Galicia tiene la tasa de mortalidad covid más baja de la península. No miente. Efectivamente, Galicia es la región peninsular -Baleares y Canarias presentan mejores datos- con menor tasa de fallecidos ligada al coronavirus por 100.000 habitantes desde el inicio de la pandemia. Pero, ojo. Los datos de muertes tienen más interpretaciones -dos, como mínimo- y Galicia no sale igual de bien parada en ambas. Expliquémoslo.

Mortalidad y letalidad, cosas distintas. Aunque cualquier dato de fallecimiento es negativo, en Galicia, afortunadamente, murieron menos ciudadanos por cada 100.000 habitantes debido a la pandemia que en otras regiones. Concretamente, y con datos actualizados este mismo miércoles, en Galicia fallecieron 87 personas diagnosticadas con covid por cada 100.00 habitantes. En ocho comunidades la tasa es de más del doble -en Castilla-La Mancha, por ejemplo, es de 285 personas por cada 100.000 habitantes-. Pero cosa distinta es la letalidad, es decir, el porcentaje de personas que fallecen en relación con el número de infectados. En ese caso, Galicia presenta una tasa de un 2 %. ¿Qué quiere decir? Que en lo que va de pandemia falleció un 2 % de las personas que se contagiaron de covid en la comunidad. Hay cinco comunidades con un porcentaje más bajo, además de Ceuta y Melilla, donde los datos también son mejores. Es decir, a Galicia le va mejor en la tasa de mortalidad que en la de letalidad del virus.

 La clave, tener menos infectados. De las estadísticas de fallecimientos se deduce que, si Galicia está logrando mantenerse como la región peninsular donde menos muertes relacionadas con el covid hay por 100.000 habitantes, no es porque aquí el virus en sí sea más benévolo. Queda claro que no, porque el porcentaje de letalidad es más alto que en otras regiones y muy similar al de sitios donde colapsó el sistema sanitario, como Madrid. La principal causa de esas bajas cifras es que Galicia logró tener muchos menos contagios que otras autonomías españolas, y eso fue lo que, afortunadamente, marcó la diferencia. De ahí la importancia de que los casos de covid no se disparen. Se entiende bien con un ejemplo. Castilla-La Mancha es la región peninsular con una tasa de mortalidad más alta y Galicia la más baja. El territorio castellanoleonés tuvo nada menos que 8.905 casos de covid por 100.000 habitantes, mientras que en Galicia fueron solo 4.444. A más infecciones, más fallecimientos.

El envejecimiento, otro factor de peso. Galicia siempre se lo juega todo a controlar los contagios porque, de no hacerlo, tiene muchas probabilidades de que su mortalidad se dispare. ¿Por qué? Porque el envejecimiento de la población juega en contra. De hecho, en otras comunidades altamente envejecidas, como Asturias, la tasa de letalidad es mucho mayor (del 3,9 %). Es decir, controlar los contagios lo es todo. «Está claro que el envejecimiento influye mucho y que posiblemente si Galicia no tuviese una tasa de mayores tan elevada, que son la franja de edad donde el covid cursa de forma más grave, el porcentaje de fallecidos sería menor», señala el neumólogo pontevedrés Adolfo Baloira, que es responsable del covid en el hospital de Montecelo. 

La tasa de muertos mayores de 80 años cae ya en Galicia por el efecto de la vacuna del covid

Marzo fue uno de los meses con menos óbitos de personas longevas

Los mayores, sin duda alguna, se llevaron la peor parte de la pandemia. En abril del año pasado, en aquella primera ola que desbarató el sistema sanitario de algunas comunidades y que Galicia resistió mejor,  en la comunidad gallega tenían más de 80 años. Ha pasado un año y, pese al ritmo a veces desesperante al que avanza la vacunación, el escenario es distinto. El efecto de la vacuna empieza a reflejarse en las estadísticas de los mayores fallecidos -y eso que se inmunizó a quienes viven en residencias, pero aún se está terminando la vacunación de los mayores de 80 que viven en casa y se sigue con la de los de más de 70-. En febrero, pese a la crueldad de la tercera ola, ya cayó la tasa de óbitos de personas mayores de 80. En marzo, esa bajada se evidenció todavía más.

Dentro de los fallecidos de la pandemia, los mayores de 80 años siempre representaron un porcentaje muy alto. En la primera ola, en meses como abril del 2020, suponían el 75 % de las víctimas. Y eso que, dada la poca capacidad diagnóstica de entonces, posiblemente falleciesen personas con covid a las que no se les llegó a hacer una PCR. Tras el confinamiento, cuando se logró cortar la circulación del virus por las duras restricciones aplicadas, hubo una tregua y en junio solo murieron dos personas mayores de 80 años que habían sido diagnosticadas con covid. Julio todavía fue mejor y, con una situación epidemiológica óptima, se logró que no falleciese ninguna persona de esa franja de edad. Pero llegó la segunda y la tercera ola y se comprobó que, pese a los estrictos protocolos en las residencias y a que la gente mayor que vive en sus casas se recluyó, los mayores de 80 volvieron a representar el mayor porcentaje de fallecidos. Desafortunadamente, se alcanzaron cifras de órdago tanto a finales del 2021 como en el inicio del 2021.

En febrero, un mes en el que la huella de la tercera ola todavía dejó muchas víctimas en Galicia, los mayores de 80 ya no representaron un porcentaje tan elevado en esos óbitos. Pasaron de ser ocho de cada diez de los fallecidos a seis. Pero fue en marzo, con las personas mayores en residencias ya inmunizadas, cuando se apreció bien el cambio. Entre los fallecidos de marzo, los mayores de 80 ya no son ni el 50 %. Concretamente, representan el 47,2 %. Los médicos tienen clara cuál es la explicación a esto.

«Solo hay una clave: la vacuna»

Lo narra bien Adolfo Baloira, neumólogo y responsable del covid-19 en el Chop: «Solo hay una clave: la vacuna. Es la que marca la diferencia. Viendo las estadísticas queda claro que la única forma de acabar con el virus y lograr que no mate a más personas es la vacunación. No valen los encierros, no valen otras medidas... esta es la única. Se notó muchísimo el efecto en las residencias, lo cual es muy positivo porque yo creo que teníamos una deuda moral con esas personas».

De esa deuda también habla Miguel Ángel Vázquez, presidente presidente de la Sociedade Galega de Xerontoloxía. Pero él cree que todavía no está saldada: «Estamos vendo como apenas hai contaxios nas residencias e como, efectivamente e polo efecto da vacina, non hai vítimas mortais nestes centros. Pero pedimos dúas cousas: que se vacine aos novos usuarios e aos traballadores que chegan de novo para evitar que haxa casos, como xa pasou. E pedimos tamén que, ante a nova situación, ante o baixo risco existente, as persoas maiores en residencias recuperen os seus dereitos e liberdades, non poden esperar máis».

El fallecido 619 del que todo el mundo habló

Los fallecidos no son números. No lo son para sus familias; ni deberían serlo para nadie. Pero la pandemia ha obligado a cuantificarlos, a que cada día se sumen los muertos que deja el covid-19. Galicia salió de la primera ola con 619 víctimas. Ese número quedó grabado en la memoria de muchos. Porque, aunque era y es alto y terrible, durante un tiempo parecía que el covid, en Galicia, se había detenido ahí, en ese fallecido 619, que se sumó a la lista el 10 de junio. Mientras en otras comunidades el dramático listado de óbitos seguía medrando, en la comunidad gallega pasaba el verano y se seguía hablando de esos 619 fallecidos. Lo hacían las autoridades sanitarias con el lamento de haber llegado a ese número y el alivio de que transcurría el estío y no crecía.

Según los datos del ministerio, la víctima 620 se produjo en Galicia en el mes de julio. Las estadísticas de la Xunta difieren e indican que no fue hasta el 7 de agosto cuando se contabilizó ese nuevo fallecido. Sea como fuere, la realidad es que tras la primera ola hubo un parón en las muertes ligadas a la pandemia.

Sin tregua entre las olas

Y eso, precisamente, es lo que no pasó entre la segunda y la tercera ola. Tal y como los médicos advertían, los fallecimientos que dejó la segunda embestida del covid seguían produciéndose cuando comenzaron los de la tercera. De momento, desafortunadamente, no puede decirse que esa realidad haya cambiado. En marzo fallecieron por covid en Galicia 89 personas, es decir, una media de más de dos cada día.

Nuevamente, esto coincide con el pronóstico de los médicos, que señalaban que, aunque la incidencia baje en un momento dado, los fallecimientos siguen produciéndose porque las estancias en uci son prolongadas y el porcentaje de fallecimientos es significativo. En abril bajan las víctimas, pero el dramático conteo sigue.

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