Los británicos volvieron a llenar las peluquerías y las tiendas

Pese al frío, llenaron los comercios en su primer día de reapertura


Londres / E. La Voz

«¡No sabes la alegría que me da verte, por favor quítame esta pinta de indigente!» u «¡Hola, cuánto tiempo, por favor pon algo de orden en esta cabeza!». Frases como estas las escuchó incesantemente el chipriota Mario Costakis por parte de la casi veintena de agradecidos clientes que llenaron su pequeña barbería en Streatham, al suroeste de Londres, sin darle siquiera tiempo a descansar para comer, en el exitoso primer día de reapertura del comercio no esencial británico. Desde el lunes, las tiendas de ropa, calzado y jugueterías, los gimnasios, las peluquerías y barberías y los restaurantes, cafeterías y los célebres pubs han retomado la actividad, tras casi cuatro meses cerrados.

Pese a que la mañana no acompañó, pues se registraron temperaturas hasta por debajo de los cero grados en algunas zonas del país e incluso en la capital británica cayó una inusual nevada, miles de ciudadanos se lanzaron a las tiendas. En Londres, por ejemplo, desde primera hora se registraron colas de personas aguardando para entrar a Selfridges, John Lewis o Mark and Spencer's y otros emblemáticos grandes almacenes, pero también a tiendas populares como Primark, H&M o la gallega Zara.

La prensa británica aseguraba que a las tres de la tarde del lunes el número personas que pasaron por calles comerciales fue un 116 % superior a la del lunes anterior. En el caso de los centros comerciales, la variación fue del 176 %.

Aunque la jornada se desarrolló con tranquilidad, no estuvo exenta de incidentes. En Oxford Circus, una de las calles comerciales más famosas de Londres, un grupo de jóvenes no esperó a que los trabajadores de una tienda de zapatillas y ropa deportiva terminaran de abrir las puertas del local y se abalanzó dentro del establecimiento.

Las encuestas acertaron

Una de las imágenes más llamativas de la jornada fue la de las largas filas de hombres frente a las barberías para cortarse el cabello o acicalarse la barba. «Llevo una hora esperando, pero de aquí no me voy hasta que me corten el cabello. Ya no soporto verme al espejo», afirmó Kent Graham, cuando le preguntaron por qué no lo dejaba para otro día.

Las encuestas ya pronosticaban esta situación. El domingo, un estudio de la firma Yougov reveló que ir a comer a una terraza o visitar al peluquero, con 39 % cada una, encabezaban en la lista de las primeras cosas que los británicos deseaban tan pronto como el comercio reabriera sus puertas.

Incluso el primer ministro Boris Johnson cambió sus prioridades y se cortó el cabello antes que ir a visitar un pub para tomarse una pinta de cerveza. Sin embargo, desde el Gobierno atribuyen este giro al luto por el deceso del príncipe Felipe, esposo de la reina Isabel II.

Un comienzo lento

La reapertura no fue tan buena para los pubs, pues solo dos de cada cinco de estos icónicos bares pudieron retomar la actividad bajo las reglas fijadas por el Gobierno. Desde ayer solo está permitido servir bebidas alcohólicas y comidas al aire libre, es decir, solamente los establecimientos con jardines o terrazas pueden operar. «Solo la mitad de los pubs en Inglaterra podrán reabrir las puertas y el número de personas que podrán atender será muy limitado, con lo cual sus ganancias serán escasas», advirtió Emma McClarkin, de la Asociación de Cerveceros.

Estas medidas se adoptaron en virtud de la drástica reducción en el número de contagios y de fallecimientos por el covid-19, atribuida en buena medida a la exitosa campaña de vacunación. Casi 40 millones de británicos han recibido la primera dosis contra el coronavirus. Sin embargo, las autoridades han instado a la población a no bajar la guardia y mantener la distancia social, seguir usando mascarillas y lavarse las manos.

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