Así se reconstruye una mano: «Si pasan más de tres horas, es difícil recuperar un miembro amputado»

La unidad de cirugía de mano de Povisa realiza 2 macroimplantes al año

Equipo de cirugía de mano en Povisa
Equipo de cirugía de mano en Povisa

o barco / la voz

Siempre están de guardia y, si hay un accidente en el que sea preciso un macroimplante de mano o antebrazo, son los que reciben la llamada de que hay un paciente en camino. Normalmente el herido llega después de haber sufrido un accidente laboral en cualquier punto de Galicia. El tiempo para revertir una amputación es fundamental, de ahí que muchas veces el traslado sea por el aire y la entrada en quirófano, inmediata. Esperando está un equipo multidisciplinar formado por cirujanos, traumatólogos, anestesistas, enfermeros de quirófano y auxiliares. El último caso de este tipo que llegó a Povisa -referencia en Galicia junto al Chuac coruñés, ambos acreditados por la Federación Europea de Sociedades de Cirugía de la Mano- fue el de un trabajador forestal al que un cable de los que se usan para dirigir la caída de un árbol en una tala le enganchó una mano, provocándole un corte profundo. Estaba en O Bolo (Ourense), a 209 kilómetros de Vigo.

Beatriz Postigo era la cirujana de guardia en aquel momento. Son tres traumatólogos y cinco cirujanos plásticos en la unidad, creada en 1993, y que desde el 2006 dirige Marcos Sanmartín. Están integrados en el jefe de servicio de Cirugía Plástica y Reconstructora, bajo el mando de Enrique Moledo. «Primero unimos el hueso con agujas para colocarlo donde estaba -relata Postigo-. Después toca llevarle sangre, y unimos las arterias con un hilo más fino que un pelo; y también venas, nervios, tendones...». Es un trabajo laborioso, por lo que una operación no suele durar menos de cinco horas, cuando se reimplanta un dedo, y puede prolongarse hasta la docena cuando lo seccionado es un antebrazo.

«Según el fragmento sea más grande, más sensible es a la falta de sangre y de oxígeno», explica la cirujana Sara A. González. Por eso apremia el tiempo. En un macroimplante -una mano o un antebrazo- «si pasan más de tres horas es difícil restablecer la circulación», dice Sanmartín. En un microimplante -de un dedo- hay hasta 24 horas de margen. «Eso como tope y siempre que el miembro se mantengan en un ambiente frío», añade González. Matiza Postigo que frío no es congelado: «El miembro amputado debería venir envuelto en gasas, en un bote, y ese bote metido en hielo; pero no en contacto directo con el hielo, porque si no se congela y se rompen las arterias».

«A medida que el tiempo aumenta, bajan las probabilidades de éxito, porque puede haber trombosis distal, que no lleguen a conectar las venas con las arterias», explica González. Y también depende mucho del tipo de amputación. «En un corte limpio es más fácil; mientras que en una mano arrancada no se consigue buena funcionalidad», apunta Sanmartín, debido sobre todo al daño en las arterias.

Una vez rematada la operación, el equipo de cirugía sigue pendiente en todo momento del paciente, y es por eso que se ingresa en la uci. «Los metabolitos que se generan en la célula, aunque van a lavarse, pueden acabar en la sangre del paciente», señala González. Además, hay riesgo de que trombose. Y lo habitual es que la cicatriz dé problemas y sea preciso realizar, con el tiempo, un par de operaciones más para despegar los tendones y hacer transferencias del músculo.

Después del éxito de la cirugía todavía viene la recuperación, que es lenta. «Una vez que se reimplantan, los nervios tienen que regenerarse. Desde el corte hasta la punta del dedo, el nervio se muere; es como un cable vacío, que tiene que regenerar por dentro. Y lo hace a un ritmo de un milímetro por día», apunta González. Es una lucha contra el tiempo que ella basó su tesis doctoral. «Investigamos un factor de crecimiento en la regeneración del nervio; y es importante, porque el músculo se cansa de esperar y se queda atrófico si el nervio no se regenera a tiempo». El plazo máximo está entre unos 12 o 14 meses.

En la unidad de cirugía de mano atienden una media de dos o tres pacientes al año por una amputación total, mientras que los casos de microimplantes rondan la treintena. La urgencia supone alrededor del 10 % del trabajo de la unidad, según los datos de Sanmartín, que señala que también les llegan «muchos traumas en diferido, tratados en otros servicios que hay que reconstruir», añade. Y después están las cirugías programadas por fracturas de muñeca entre deportistas y aventureros jóvenes y entre mayores con osteoporosis; y también las que se deben a enfermedad degenerativa -en Galicia tres fundamentalmente: síndrome del túnel carpiano, cuando los tendones flexores se atascan en las poleas y la enfermedad de Dupuytren-.

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