BArcelona / Colpisa

Unas cinco mil personas comprobaron este sábado en sus propias carnes cómo será la tan manida nueva realidad, cuando llegue, en el mundo de la cultura. Los afortunados asistieron a un concierto de Love of Lesbian en el Palau Sant Jordi de Barcelona, escenario de grandes recitales y sede en esta ocasión de una prueba piloto en el primer concierto de música masivo en el que el público no tenía que guardar las distancias sociales. En navidades, 5.000 personas acudieron a un concierto de Raphael, en Madrid, pero lo de este sábado no tenía nada que ver.

Como antes de la pandemia, la gente podía estar de pie, en la pista, bailando, saltando y coreando las canciones. Hombro a hombro y mejilla con mejilla. Si en ese momento hubiera aterrizado un marciano en la montaña mágica de Montjuïc, no habría caído en la cuenta de que la tierra está sometida bajo una pandemia. Aunque, mirando con más atención, ese extraterrestre enseguida se habría dado cuenta de que algo extraño estaba pasando.

Todos los asistentes llevaban una mascarilla FFP2 que les facilitó la organización al entrar. Habían pagado 25 euros por la entrada y habían tenido que pasar una prueba rápida de antígenos por la mañana. Solo los que dieron negativo pudieron acceder al Palau.

Los test se realizaron en tres grandes salas de la ciudad: Razzmatazz, Apolo y Luz de Gas. Verlas convertidas en hospitales de campaña, según relataban algunos de los asistentes, sobrecogía.

Cinco mil personas podrían parecer mucho. Pero el Sant Jordi tiene capacidad para 18.000 espectadores. Y además, el público no podía estar en las gradas, sino que tenía que estar en la pista. Eso sí, separados en tres grupos estancos, cada tercio con su propia zona de bares. Se trata de un «test observacional», según fuentes de la organización. «Un acto reivindicativo», añadieron.

Ensayo científico

Es la continuación del ensayo clínico que se hizo en la sala Apolo en el mes de diciembre. En este caso, cada uno de los asistentes firmó un documento según el cual autoriza para que se haga un seguimiento durante los próximos 14 días para saber cuánta gente del público se ha podido contagiar. Para ello, todos llevan una aplicación en su móvil. «No fue un concierto comercial», apunta Ventura Barba, miembro del comité organizador. Y fue, dice, un «99,9 % seguro».

De las 5.000 personas que se hicieron la prueba horas antes del concierto, apenas media docena dieron positivo y en consecuencia se tuvieron que ir a casa con la entrada. «Esperemos que sea un punto de inflexión para el sector cultural», apunta Barba.

El concierto es una iniciativa de la asociación catalana de festivales de música y cuenta con el apoyo médico del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona y el aval institucional de la Consejería catalana de Salud y el Ayuntamiento de Barcelona. Barba es uno de los responsables del Sonar de Barcelona. Por segundo año consecutivo, el festival de música tecnológica ha tenido que suspender su edición. «Hay que salir adelante», afirma. «El sector lo necesita y la gente lo necesita. La música cumple una función social y más en esta época de pandemia», se reivindica Barba. «La sociedad debe volver a la normalidad. Es un paso más para tener lo de antes», remata.

Exactamente lo de antes no fue. En los minutos previos a que el grupo hiciera acto de presencia en el escenario, lo que salió en la pantalla fue una llamada al civismo del público. Prudencia. «Conciénciate», rezaba uno de los lemas proyectados. No fumar, ni beber ni comer en la zona de la pista y «generar un espacio de convivencia donde el respeto y el civismo sea el cabeza de cartel».

Eso sí, las mismas palmas llamando al grupo para que urgiera con su salida y más ganas que nunca. El mismo «ohhhhhhh» cuando Santi Balmes y los suyos salieron al escenario pasadas las siete y media. Y el mismo «Bona nit, Barcelona» de siempre. Love of Lesbian abrió con Nadie por la calle, título muy gráfico para esta época de toque de queda.

«Es uno de los conciertos más emocionantes de nuestra vida», dijo entre lágrimas. Pidió a la gente que se lo pase bien, pero que «no se quite nadie la mascarilla». Empezaron media hora tarde, porque lo que provoca la nueva normalidad es que con tanta prueba en la entrada, el cambio de mascarilla, toma de temperatura y lavado de manos, la cola se alargó. Salió un portavoz de la organización y exclamó. «Quedan mil personas por entrar, ¿les esperamos?». Por unanimidad, sí. «Qué guapos estáis, no sabéis lo que añorábamos esta imagen, no os lo podéis imaginar». La añoranza era mutua. Fue hora y media. Que la próxima vez no sea dentro de un año.

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Cinco mil personas en el concierto piloto «sin distancia» de Love of Lesbian