Los viajes largos se traducen en una subida de hospitalizaciones y muertes

Los desplazamientos de estas semanas auguran otra oleada de contagios

La Policía Local realiza controles de movilidad en Arousa
La Policía Local realiza controles de movilidad en Arousa

redacción / la voz

Si algo han sacado en claro los analistas sobre esta pandemia es que el virus viaja con las personas y que, por tanto, a más desplazamientos, más infecciones. Sin embargo, una investigación de la empresa suiza Kido Dynamics, encabezada por dos doctores en Física de la Universidad de Barcelona, ha detectado que ya no importa tanto el número de desplazamientos, que también, sino que es la amplitud de estos la que determina, e incluso permite prever con cierta antelación, cómo se van a comportar los contagios, las hospitalizaciones y las muertes. Y las últimas simulaciones no auguran nada nuevo.

A partir de todos los parámetros empleados para medir la movilidad, estos investigadores han llegado a lo que denominan radio de giro, una métrica que toman prestada de la ingeniería mecánica, y que determina que antes de la pandemia en España la mediana era de 3,2 kilómetros. «Esto no significa que no viajáramos más allá, sino que una gran parte de nuestros trayectos caían dentro de ese radio (ir al supermercado, dar un paseo...) y otros pocos caían más lejos (ir al trabajo, tomar algo al centro, ir de turismo...)», explican estos físicos, que han publicado sus resultados en una revista científica y, aunque no saben exactamente el motivo, han comprobado que desde marzo del 2020 el 70 % de ese radio prepandémico es el punto crítico. Si se mantiene por debajo, los contagios descienden y en cuanto se supera vuelven a dispararse.

En el primer estado de alarma, con el confinamiento, la ratio baja 640 metros, apenas el 20 % del nivel que había antes del coronavirus. Con las vacaciones de verano subió hasta el 125 %, y con las nuevas restricciones del segundo estado de alarma volvió a caer por debajo del 70 %. Pero ahora ese valor se ha vuelto a rebasar y están convencidos de que el resultado no va ser otro que una cuarta ola, más o menos intensa. De hecho, hay ya 15 provincias con los casos en crecimiento y otros datos, como los análisis de la presencia de virus en aguas residuales, corroboran sus proyecciones, que están en conocimiento de las autoridades, a través del grupo del CSIC con el que trabajan, y también del equipo de Fernando Simón. «Esperemos que el dato sirva, si no para evitarlo ya, al menos para estar preparados», concluyen.

«El virus es como la gasolina: si le acercas una cerilla o prende y lo quema todo o no quema nada» 

El doctor en Física por la Universidad de Barcelona Alberto Hernando da una explicación muy gráfica: «El virus es como la gasolina, no arde poco a poco. Si le acercas una cerilla o prende y lo quema todo o no quema nada». En este caso la cerilla es ese punto crítico en el incremento del radio de desplazamientos, que ya se ha sobrepasado y que no augura nada bueno en las próximas semanas ni en España ni tampoco en Galicia, donde la movilidad «ha pegado un subidón bastante marcado» que ni siquiera va en correlación con las medidas impuestas, sino más bien con el estado de ánimo poblacional y lo que interpreta de cómo va la situación epidémica en cada momento.

A su juicio, ahora el crecimiento de contagios «es ya imparable», porque esa movilidad viene de dos o tres semanas atrás, y lo que queda es «tener paciencia, vacunar lo más rápido posible» y esperar a que ayude el tiempo con más actividad en el exterior.

«Cada vez va a ser más difícil que las medidas funcionen» 

Para el portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria, José Jonay Ojeda, la única duda es saber si el aumento de casos va a ser tan drástico como el diciembre o si se va a repetir una situación más moderada, como la que se dio entre julio y octubre, porque da por hecho que incremento va a haber, al igual que nuevas olas «durante meses e incluso años». Y ya no solo tiene que ver con las restricciones que se impongan, sino con la efectividad a la hora de llevarlas a cabo. «Cada vez va a ser más difícil que las medidas funcionen, más complicado de gestionar, por lo que conocemos como fatiga pandémica. Después de tantos meses cuesta mantener la tensión», considera el médico, miembro del servicio de calidad del Hospital La Paz. Para Jonay Ojeda, la clave está en vacunar, y sobre todo a los más vulnerables, cuanto antes.

La capitalidad por sí sola no explica que Madrid tenga los peores datos del país

J. V. L.
Varias personas en la atracción El abismo del Parque de Atracciones de Madrid
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La comunidad mantiene una incidencia 50 puntos por encima de la de cualquier otro territorio peninsular

Una de las razones más repetidas por los gestores de la Comunidad de Madrid a la hora explicar por qué tiene los peores datos de todo el país prácticamente de manera ininterrumpida desde el inicio de la epidemia es la condición de capital. Esgrimen que lo mismo ocurre en Nueva York, París, Berlín y todas las grandes metrópolis. Pero los datos no dicen eso.

Sí es cierto que las capitales de Europa, según las cifras de incidencia acumulada publicadas por el Centro Europeo para el Control de Enfermedades (ECDC), tienden a una afectación mayor a la de la media del país; pero no en todas es así y, además, las desviaciones se mueven en parámetros mucho más moderados, nada comparable a lo que ocurre con Madrid en determinados períodos, como el del verano pasado.

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