La historia de Fátima y Sergio, una pareja lucense con síndrome de Down

Los dos trabajan, les encanta la música y, confiesan, son muy mimosos


Fátima Rosón es una persona cariñosa, le gusta la música y trabaja de lunes a viernes en una residencia de mayores de Lugo. A Sergio Villamarín le encanta el fútbol —juega de delantero en el Club Deportivo Lugo de la Liga Genuine— y tiene empleo en el sector hostelero. Pero Fátima y Sergio confiesan entre sonrisas que son pareja, que ambos tienen 25 años y síndrome de Down. Ellos son un ejemplo de superación, una prueba de que la vida y la felicidad no entienden de cromosomas. Son distintos, y lo saben, pero es esa diferencia la que los convierte en especiales.

Lo que desconocen Fátima y Sergio es que su amor también desprende un atisbo de esperanza. Son el argumento de que un cromosoma más trae consigo más virtudes: paciencia, esfuerzo, cariño. Además, ellos pueden aportar y mucho a una sociedad en la que escasean los valores que precisamente ellos derrochan. Este domingo se celebra el Día Mundial del Síndrome de Down y, afortunadamente, esta pareja dice que nunca se ha sentido observada, «nadie nos ha mirado mal», cuentan.

«Somos novios desde que teníamos sobre 13 años, nos conocimos aquí, en la sede de Down Lugo», explica Fátima, que también presume de ser la primera Down de la ciudad que recibió la primera vacuna contra el coronavirus: «Me dolió mucho el brazo y no pude ni moverlo, aunque no llegué a tener fiebre», confiesa. De la vida antes de una pandemia mundial, ella echa de menos los abrazos y los besos y Sergio deja caer que él, también.

El día a día de estos dos lucenses transcurre, en tiempos de coronavirus, entre el trabajo y la asociación lucense. «Llevamos a cabo muchas actividades, desde informática a autonomía personal. A veces hacemos encuentros en el piso de la asociación, pero siempre cumpliendo las normas contra el coronavirus», dice Fátima ilusionada. Además, precisa que el martes acude a un taller de igualdad. Esta pareja tiene muchas cosas en común, entre ellas la música. Además, disfruta de «ir a tomar algo al centro» o de «dar un paseo por la Muralla de Lugo».

Fátima, que nació en Lleida y se mudó a la ciudad amurallada de pequeña, tiene un sinfín de aficiones: le encanta salir, pero también dibujar y las manualidades en general. A Sergio le gusta el fútbol desde hace aproximadamente dos años y por eso compite en la Liga Genuine.

Fátima y Sergio son también la cara visible de una campaña de Down Galicia que busca concienciar y dar visibilidad a la idea de que ninguna persona es igual que otra y que precisamente las diferencias enriquecen al conjunto de la sociedad.

Inclusión

Estos jóvenes son el ejemplo de que los programas de inclusión y el esfuerzo de asociaciones y particulares dan sus frutos y conforman la base de un mundo más inclusivo. Sergio, tras un curso sobre hostelería, hizo sus prácticas en el restaurante lucense de Os Cachivaches y ahora está empleado en uno de comida rápida. «Llevo dos años trabajando allí, tengo un contrato indefinido», explica muy contento. Fátima, por su parte, cuenta que antes de entrar en el mundo laboral hizo cursos de integración en diversos ámbitos, como la administración. «Después hice prácticas en un banco, aunque también estuve en el comedor de un colegio. En el 2019 empecé a trabajar en una residencia de personas mayores», cuenta la joven.

La gerente de la Asociación síndrome de Down de Lugo explica que en la entidad se integran 72 familias. El movimiento Down en Galicia organiza hoy un acto virtual con un «decálogo por la inclusión».

La historia de por qué se celebra el día mundial el 21 de marzo es muy significativa. La fecha, escogida por Naciones Unidas, es un símbolo que hace referencia a la triplicación del cromosoma 21, que se traduce en la condición genética del síndrome de Down.

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