La cara del covid, objeto de las críticas e icono pop

Fernando Simón se convirtió en el símbolo de la España del coronavirus


A algunos, sus comparecencias los tranquilizan; a otros, los ponen de los nervios. Es odiado y venerado casi a partes iguales. Sus detractores más radicales lo presentan como una especie de doctor muerte, mientras sus defensores más benevolentes lo han convertido en un icono pop. Lleva más de un año en el disparadero, dando la cara día a día para informar de una pesadilla. Su primera aparición en televisión fue el 31 de enero del año pasado, poco después de que se supiera que había aparecido un misterioso virus en la ciudad china de Wuhan. Ese día pronosticó que España no iba a tener más que «algún caso diagnosticado» y que, si había transmisión local, sería «muy limitada y muy controlada». Nadie podía imaginarse los devastadores destrozos que iba a provocar el covid. Él mismo terminaría contagiándose.

Fernando Simón (Zaragoza, 1963) se ha metido de lleno en las casas de todos los españoles y ya forma parte de nuestras vidas. Es, para bien o para mal, el símbolo de la España del coronavirus. Las dotes de comunicador de este hombre de aspecto desaliñado, mal afeitado, cejas puntiagudas y pelo revuelto son notables. En muy contadas ocasiones ha perdido la paciencia y la calma en esas interminables ruedas de prensa que ha prodigado, siempre didáctico en sus explicaciones, a veces recurriendo a la retranca. Esa presencia continua para hablar de un tema de una gravedad sin precedentes quema a cualquiera.

Pero ha cometido errores, algunos por la propia naturaleza de una enfermedad desconocida, otros por atreverse de forma imprudente y suicida a lanzar pronósticos. En abril dijo, por ejemplo, que no era necesario que la población usara mascarillas, que son ahora mismo el medio más eficaz de combatir el virus. ¿Lo hizo para echar una mano al Gobierno porque no había suficientes o porque en realidad lo creía? Más recientemente afirmó que la variante británica tendría, si acaso, «un impacto marginal», lo que se vio obligado a rectificar a los diez días, diciendo que podría ser «dominante».

Simón fue nombrado director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias por Mariano Rajoy en el 2012. Su rostro se hizo conocido, dos años más tarde, por ser el portavoz que informaba sobre el ébola. Tiene experiencia en asumir el papel de pararrayos de las críticas al Gobierno. Ha visto desfilar a ocho ministros de Sanidad. El médico parece disfrutar de la fama. La polémica le ha perseguido desde que apareció en la portada de un suplemento dominical montado en su vieja moto Suzuki con una chupa de cuero. En plan estrella del rock. También se le criticó cuando fue fotografiado en julio en las playas de Portugal. En septiembre se cogió unos días libres para participar en el programa de Jesús Calleja. Es objeto de memes, algunos muy negros, se han hecho camisetas con su rostro e incluso se lanzó una línea de productos con su imagen.

Casado y con tres hijos, licenciado en Medicina por la Universidad de Zaragoza, especializado en epidemiología en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, Simón ejerció primero en pueblos oscenses y en Zaragoza capital. En África vivió ocho años (1990-98) junto a su mujer, una científica especializada en enfermedades tropicales, y su familia. Trabajó cómo médico en condiciones penosas en Burundi, Togo, Somalia, Tanzania, o Mozambique.

En 1991, en Burundi, un país que padecía una terrible guerra civil y donde atendía a 120 pacientes por las mañanas y por las tardes a otros sesenta, Simón fue tiroteado por los militares cuando se dirigía a la capital a comprar medicinas, acompañado de otra persona. Cuando se detuvo el coche, les robaron el dinero que llevaban. Tras su paso por el continente negro, recaló en Guatemala y Ecuador. En el año 2001 se marchó a París como epidemiólogo al Instituto de Vigilancia Sanitaria. Hasta que en el 2003, le propusieron regresar a España a montar la Unidad de Alertas y Emergencias de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica.

Hace unos días, pidió a la población que aguantara porque «es un esfuerzo pequeño el que nos queda, puede ser un mes, mes y medio, pero no es mucho». Ojalá en esta ocasión se cumpla su predicción.

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