La cara del covid, objeto de las críticas e icono pop

SOCIEDAD

Ed

Fernando Simón se convirtió en el símbolo de la España del coronavirus

07 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

A algunos, sus comparecencias los tranquilizan; a otros, los ponen de los nervios. Es odiado y venerado casi a partes iguales. Sus detractores más radicales lo presentan como una especie de doctor muerte, mientras sus defensores más benevolentes lo han convertido en un icono pop. Lleva más de un año en el disparadero, dando la cara día a día para informar de una pesadilla. Su primera aparición en televisión fue el 31 de enero del año pasado, poco después de que se supiera que había aparecido un misterioso virus en la ciudad china de Wuhan. Ese día pronosticó que España no iba a tener más que «algún caso diagnosticado» y que, si había transmisión local, sería «muy limitada y muy controlada». Nadie podía imaginarse los devastadores destrozos que iba a provocar el covid. Él mismo terminaría contagiándose.

Fernando Simón (Zaragoza, 1963) se ha metido de lleno en las casas de todos los españoles y ya forma parte de nuestras vidas. Es, para bien o para mal, el símbolo de la España del coronavirus. Las dotes de comunicador de este hombre de aspecto desaliñado, mal afeitado, cejas puntiagudas y pelo revuelto son notables. En muy contadas ocasiones ha perdido la paciencia y la calma en esas interminables ruedas de prensa que ha prodigado, siempre didáctico en sus explicaciones, a veces recurriendo a la retranca. Esa presencia continua para hablar de un tema de una gravedad sin precedentes quema a cualquiera.

Pero ha cometido errores, algunos por la propia naturaleza de una enfermedad desconocida, otros por atreverse de forma imprudente y suicida a lanzar pronósticos. En abril dijo, por ejemplo, que no era necesario que la población usara mascarillas, que son ahora mismo el medio más eficaz de combatir el virus. ¿Lo hizo para echar una mano al Gobierno porque no había suficientes o porque en realidad lo creía? Más recientemente afirmó que la variante británica tendría, si acaso, «un impacto marginal», lo que se vio obligado a rectificar a los diez días, diciendo que podría ser «dominante».