Las vacunas, el calvario de Ursula von der Leyen en la UE

La alemana atraviesa un campo de minas por los retrasos en la vacunación, las disidencias en la UE hacia Rusia o China, o un pase verde que plantea dudas éticas

POOL EFE

Colpisa / Bruselas

  «Hemos sido demasiado optimistas con la capacidad de producción y quizás estábamos demasiado seguros de que lo que habíamos encargado y pagado se nos iba a entregar a tiempo». Esta frase que Ursula von der Leyen pronunciaba el pasado 10 de febrero en la Eurocámara sonó a contrición. La presidenta de la Comisión Europea llegó a ese pleno con una mochila muy pesada. Y aún hoy no consigue quitársela de encima. Sigue hostigada por los retrasos en el abastecimiento de vacunas, por un error de bulto que cometió con una ley de veto a las exportaciones que puso en peligro los acuerdos del brexit, por la irritación de muchos países ante una operación de compra conjunta que ha dejado atrás a la UE frente a su exsocio Reino Unido, Estados Unidos o Israel (que multiplica por doce nuestro ritmo). Y porque Bruselas sigue pareciendo débil; incapaz de hacer cumplir algunos de los contratos con las farmacéuticas -no está claro todavía que AstraZeneca, por ejemplo, pueda entregar 180 millones de dosis el segundo trimestre-. Así que la alemana no puede pasar página. Sigue en horas bajas pese a los intentos por enmendar una penosa imagen que mezcla ingenuidad, personalismo e improvisación a partes iguales.

Lleva dos consejos europeos sometida al tercer grado de muchos líderes. Le exigen respuestas a las demoras, claridad en los contratos y más firmeza con la industria. En la videocumbre de cinco horas del pasado febrero (mucho más calmada que la anterior) también le pidieron detalles sobre cómo se podría ayudar a aumentar la producción, agilizar las autorizaciones de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) y sobre un proyecto recién anunciado por su equipo con el que busca el indulto. Se ha bautizado como 'Incubadora Hera' y contempla una inyección de 250 millones de euros para adelantarse a las nuevas mutaciones: 75 para «conseguir el 5 % de secuenciación» (hoy estamos en el 1 % de media) y 150 millones más para impulsar la investigación y colaboración entre centros especializados, autoridades sanitarias y los laboratorios.

Sus explicaciones sirvieron de poco ante lo fundamental: que la velocidad de vacunación no será más vigorosa a corto plazo. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, lo advertía nada más abandonar aquella cumbre: «Sabemos que las próximas semanas todavía serán difíciles». Así que la frustración se sigue extendiendo y varios Estados miembro ya están actuando por su cuenta. Que Hungría fuera el primero tampoco extrañó dado el cariz de su presidente ultranacionalista, Víktor Orbán. Pero le han seguido Eslovenia, República Checa, también Polonia. y en las últimas semanas Austria y Dinamarca. Todos salen de fila. Recurso a las vacunas rusa o china -que no tienen el amparo de la EMA- para poder inmunizar más rápido que los demás. O «estrecha colaboración» con Israel para desarrollar futuras fórmulas sin tener que depender de la UE.

Moscú saca partido

Y claro, Moscú ha entrado a agitar más el avispero. En medio de un conflicto abierto con la Unión por el encarcelamiento del líder opositor Alexei Navani, el jueves ofrecía a Bruselas la posibilidad de vacunar hasta «50 millones de europeos» a partir del próximo junio si la agencia reguladora aprueba su Sputnik V. La EMA ha comenzado a estudiarla. La Comisión dice que ni está ni se le espere. Que ni ha negociado con los fabricantes del suero «ni estaría obligada» per se a realizar una compra masiva aunque entrara en el catálogo de las permitidas (Pfizer-Biontec, Moderna, AstraZeneca y desde el día 11, la monodosis de Janssen).

Pero en el caos ni todo son retrasos ni toda la responsabilidad de los problemas descargan sobre la Comisión Europea. La idea de compra conjunta (2.800 millones de dosis hasta la fecha de las que a España, por población, le corresponden el 10 %) responde a una buena lógica: Veintisiete negocian mejor que uno. Y, efectivamente, todos los problemas se han desencadenado porque las expectativas de entrega no se están cumpliendo. Pero la batalla ha sido contra AstraZeneca a todos los niveles. Hasta el punto de que el problema no es solo que la anglosueca vaya a entregar este trimestre menos del 50 % de las dosis que comprometió (poco más de 30 millones de un total de 80). Es que muchas de las que ya ha distribuido siguen almacenadas.

Francia, Alemania, Bélgica, Austria, Italia, Suecia, Países Bajos o la propia España optaron hace un mes por no inocular en mayores de 55 años. Aun cuando la agencia europea había recomendado su uso generalizado, estos países decidieron limitarlo por falta de datos suficientes sobre su eficacia en la población de más edad. Como resultado, el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) ha detectado un importante estocaje en los frigoríficos: Bélgica solo habría administrado el 4 % de las más de 200.000 dosis recibidas, Alemania en torno al 13 % de un millón y medio largo y Francia tenía una reserva superior al 80 %.

Aquí el mejor ensayo ha sido la vacunación masiva de Reino Unido, apoyada en AstraZeneca. Con un tercio de su población (más de veinte millones de británicos) ya con la primera dosis se ha constatado un drástico descenso de las hospitalizaciones (de más del 75 % en los pacientes de avanzada edad). Así que transcurrido un mes del semiveto, Francia, Alemania e Italia ya han dado marcha atrás. El poso que han dejado los mensajes contradictorios: picos de desconfianza sobre las vacunas como reconocía recientemente Angela Merkel al hablar de «problema de aceptación».

La otra batalla de Bruselas está en un pasaporte de vacunación que permitiría restablecer la movilidad en el mercado interior y reactivar los viajes vacacionales en verano. Aquí la Comisión sigue entre la espada y la pared, entre la fuerte presión de los países del Sur y también algunos de centroeuropa como Austria, en los que el Turismo es clave para su PIB, y las reticencias de quienes advierten el riesgo de discriminar a quienes no estén vacunados (Francia, Bélgica o Países Bajos). La Comisión presentará la propuesta legislativa del pase verde digital el día 17. No solo documentará si el portador está o no vacunado, también si dispone de PCR negativa e incluso de anticuerpos tras haber superado la enfermedad.

Una de las cuestiones aquí es a quién se puede excluir y en base a qué criterios legales, teniendo en cuenta que vacunarse es voluntario en la UE. Y eso requiere mucha precisión para salir airoso de este nuevo campo de minas. Solventar este asunto con éxito y hacerlo en un escenario de vacunación con el suministro adecuado (a partir de abril deberían distribuirse más de cien millones de dosis mensuales) sitúan ante una nueva prueba de fuego al Ejecutivo comunitario. Meses cruciales para que termine el calvario de Von der Leyen.

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