Las vacunas representan menos del 2% del total del gasto farmacéutico

Un calendario único y una mayor capacidad inversora, claves de futuro


Las estrategias de salud pública han demostrado tener una visión cortoplacista. En el caso de las vacunas, la evidencia científica ha reforzado su eficiencia, también desde el punto de vista económico. Aunque de momento, lamentan los expertos, no ha sido posible alcanzar un plan común, único y uniforme que anule las desigualdades existentes entre las diferentes comunidades.

Información y conocimiento científico es la receta que prescribieron los participantes en un encuentro, organizado por La Voz, que giró sobre la importancia de la vacunación. Y, sin perder de vista el escenario pandémico en el que nos encontramos, todos coincidieron en señalar la importancia de aprovechar el desafío de la vacunación contra la covid para demostrar la eficacia de ese instrumento sanitario.

En ese sentido, el jefe de Pediatría del CHUS y miembro del Comité de Vacunas de la OMS —Federico Martinón—, apuntó qué «como vacunólogo creo que no hay ninguna otra medida médica y de salud más poderosa y siempre querría el calendario más completo. Hay puntos obvios en los que deberíamos trabajar, pero para ello hace falta un cambio de mentalidad» porque «no es una cuestión únicamente técnica. Es un tema de presupuesto y de establecer los criterios adecuados». Por ello, en su opinión, el calendario ideal debería incluir otras vacunas como, por ejemplo, la del papiloma humano a varones «como se hace en otros países», la del meningococo «en otras edades, con un rango más completo» o la del rotavirus.

La estrategia estatal, coincidieron todos los expertos, ha de ir en esa dirección porque las vacunas —reiteraron— son las herramientas sanitarias que ofrecen una inversión más rentable. En su análisis, Martinón puso el acento en el gasto actual: «Estamos hablando de menos del 2% del total del gasto farmacéutico. Es una cantidad ínfima, sobre todo, si nos fijamos en el resto de fármacos en los que se invierte. Si sopesamos la eficiencia de lo que suponen las vacuna vemos que el problema está ahí. No es suficiente si lo comparamos con el gasto en otras medidas de salud».

Desigualdades

Con unas competencias sanitarias descentralizadas, la situación epidemiológica de cada región no justifica que no exista uniformidad en el calendario vacunal. Para el presidente de la Asociación Española de Vacunología, Amós García Rojas, «las diferencias entre los diferentes territorios no indican que exista la necesidad de tener diversas ofertas». Por eso, apostó por hacer un esfuerzo «poderoso» a la hora de entender que «aplicar una vacuna en un determinado ámbito geográfico exige que se realice de manera coordinada en todos los territorios del país. No tiene sentido que una vacuna se ponga en una comunidad y en otra no».

En la misma línea se manifestó Lorenzo Armenteros, médico de familia de Lugo y portavoz de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia. El sanitario subrayó que «existen 17 estrategias diferentes que rompen la equidad. Eso es algo fundamental. Sería necesario un elemento aglutinador que seguramente sea el Ministerio, aunque nos ha demostrado, en esta pandemia, que no quiere ejercer esa capacidad. Evitaríamos las roturas que hay entre comunidades, sin interferir en las competencias que cada una tenga. Por una razón económica o política no podría haber diferencias y debería primar el interés sanitario común». También David Cantarero, responsable del grupo de I+D de Economía Social y Gestión de Servicios Sanitarios del Hospital Marqués de Valdecilla se posicionó a favor de estudiar, desde el punto de vista de la eficiencia, la ampliación de la vacunación en adultos. «Debería estar más consensuada —dijo— porque es la población activa y también donde tenemos más diferencias». En la parte pediátrica, «hay más homogeneización, pero no en esta y hay que mejorarla, sobre, todo si queremos convencernos de que es una de las mejores inversiones de futuro».

Disponibilidad de recursos

Elevar la conciencia sobre la importancia de la vacunación será clave en el futuro, pero también suministrar la información necesaria al respecto de la investigación científica que hay detrás de cada estudio. A este respecto, Martinón, que propuso «un calendario de mínimos y no de máximos, uno que contemple toda la vida, también como adultos o mujeres embarazadas», explicó que el cambio llegará cuando «veamos las vacunas como una inversión». En la actualidad, relató, «se está trabajando en el desarrollo de candidatos vacunales de cualquier enfermedad infecciosa en la que alguien pueda estar pensando». Se trata —resumió— «de comenzar a trabajar en el desarrollo de una vacuna frente a un patógeno que no existe. No sé cuándo va a aparecer, pero yo ya lo tengo todo preparado». El problema actual radica en «si vamos a tener los recursos necesarios para poder incluir las vacunas en los calendarios» porque, en este momento, «hay vacunas muy buenas, seguras y eficaces, pero que no está incluidas en el calendario vacunal por diferentes motivos o puramente económicos, disfrazados de eficiencia». A este respecto, García Rojas, señaló que «hay que aplicar el conocimiento científico, ese mueve a la sociedad». Reconoció tener dificultades para «trasladar estas ideas a los ámbitos de decisión», pero se mostró contundente de que «la vacuna es la única medida que va a evitar problemas de salud».

La meningitis, graves secuelas y un coste anual de 11.000 euros por paciente

 

María Meizoso

El equipo de I+D de Economía Social y Gestión de Servicios Sanitarios del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander está detrás del estudio de Evaluación de la enfermedad meningocócica frente a la no vacunación desde una perspectiva multidisciplinar en España. Entre sus conclusiones, destacó su responsable, está que «un 42% de los pacientes de esta enfermedad, o sus cuidadores, nos cuentan que no pudieron acceder a la vacunación porque en ese momento no la tenía o por una cuestión de edad». La clave radica en la disposición de las vacunas: «Que exista ese acceso es fundamental porque los datos demuestran que casi la mitad no han podido contar con ella. Es más, en muchas comunidades esa vacuna no está financiada».

Desembolso

El estudio del hospital cántabro va de la mano de la Asociación Española de Meningitis. «Es un proyecto de gran interés porque, por primera vez, esa entidad ha encargado elaborar una encuesta con pacientes reales», señaló Cantarero. Ese contacto les ha permitido conocer «los casos más concretos, así como las secuelas que causa esta enfermedad». Y también han reflejado las cifras. «Hemos visto que muchas de las personas que cuidan a pacientes afectados por meningitis, sobre todo con un perfil de mujer y de mediana edad, han tenido que renunciar a una parte de su jornada laboral —algunas a toda— por atender el cuidado de una enfermedad que es tan devastadora y que deja sordera, ceguera o posibles amputaciones», resumió. Además, desde el punto puramente económico, el estudio demuestra que un 55% de los afectados por la meningitis sufre este tipo de secuelas. En ese caso, el desembolso anual por cada paciente supera los 11.000 euros.

Más allá de las cifras, Cantarero abogó por aprovechar el escenario actual generado por la pandemia del coronavirus para ser «más persuasivos» con la vacunación. ¿De qué modo? «Se trata de contar que ahorramos muertes, contagios y severidad, pero también hay que recordar que la hospitalización genera costes y colapso en los servicios sanitarios».

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