Cuando el campo magnético alteró la historia de la humanidad

Hace 41.000 años, cuando convivían sapiens y neandertales, un debilitamiento del escudo que rodea a la Tierra provocó una catástrofe medioambiental

Panel de las manos en la cueva de El Castillo (Cantabria), de más de 40.000 años de antigüedad
Panel de las manos en la cueva de El Castillo (Cantabria), de más de 40.000 años de antigüedad

La inversión de los polos magnéticos más reciente y con mayores consecuencias ocurrió hace 41.000 años y es conocido como Evento Laschamps. Hoy la Tierra está rodeada por centenares de satélites que sustentan la civilización tecnológica. Un suceso de esa naturaleza podría devolver al ser humano a la Edad de Piedra. Sin embargo, hasta ahora no había pruebas sólidas de que una inversión magnética pudiese ocasionar un impacto notable en el clima o haya generado una catástrofe medioambiental. Pero un reciente trabajo publicado en la revista Science apunta por primera vez a la magnetosfera como principal responsable de un evento de extinción que sucedió hace 42.000 años, cuando todavía convivían sapiens y neandertales.

Los investigadores accedieron al pasado a través de un nuevo testigo: los anillos de árboles kaurique que hay en los humedales de Nueva Zelanda. Los autores del artículo encontraron un vínculo entre el debilitamiento de aproximadamente un 6 % del escudo magnético y los cambios en los niveles de un elemento químico radiactivo, el carbono 14, en la atmósfera. Sin la capa protectora, los rayos cósmicos energéticos procedentes del espacio exterior accedieron con mayor facilidad a la estratosfera, reduciendo el ozono, el gas que frena la dañina radiación ultravioleta. Eso sí, las auroras eran un fenómeno habitual y extendido durante el período de tiempo que duró los efectos de este desastre medioambiental.

Los investigadores sostienen que los profundos cambios climáticos y biológicos causaron pérdidas masivas de animales y plantas y pudieron propiciar, además, la extinción de los neandertales. También apuntan en el artículo que este suceso magnético explica en buena medida los orígenes del arte rupestre que se realizaba con ocre rojo. En la cueva de El Castillo (Cantabria) se encontraron las huellas de manos que fueron grabadas con ocre rojo hace unos 42.000 años según los paleontólogos. «Sospechamos que en realidad se usaba como protector solar, una práctica que todavía se observa en los grupos indígenas modernos en Namibia. Los niveles más altos de radiación ultravioleta por un campo magnético débil podrían haber llevado a los humanos a buscar refugio en cuevas o haberlos obligado a proteger su piel con minerales bloqueadores del sol», explica Alan Cooper, autor principal del artículo.

El flujo de corrientes magnéticas que rodea el mundo nunca permanece estable, se encuentra en constante movimiento. En 1831 se localizó por primera vez el norte magnético, que no es lo mismo que el geográfico. «O xeográfico indica o punto máis ao norte do planeta, mentres que o norte magnético é o que sinala un compás», apunta el físico Jorge Mira. A comienzos del siglo XIX el norte magnético estaba situado en Canadá pero desde entonces se ha estado desplazando hacia el este a un ritmo de unos 130 metros por día. «No 2019 xa atravesou a liña internacional de cambio de data que pasa polo meridiano de Greenwich. Polo tanto, o norte magnético está agora mesmo situado máis cara a Siberia que cara ao Canadá», señala. Esto ha obligado a los científicos a actualizar el llamado modelo magnético mundial. «Aínda que o norte magnético se usa cada vez menos, pola introdución do GPS, hai quen se guía polo compás, e polo tanto é necesario modificar as cartas magnéticas», asegura el físico gallego.

Curiosamente, gracias a esta última actualización, las brújulas son más precisas que nunca, ya que el norte magnético y geográfico no han estado tan cerca al menos en los últimos 180 años. Otro artículo publicado el año pasado en la revista Nature Geoscience predice que durante la próxima década el polo norte magnético continuará en su trayectoria actual, viajando entre 390 y 660 kilómetros hacia Siberia. «La fuerza del campo mágico ha caído alrededor del 15 % en los últimos 150 años, un cambio bastante grande. No sorprende, por lo tanto, que las agencias espaciales busquemos vías para proteger mejor la infraestructura», confiesa Rune Floberghagen, científico de la Agencia Espacial Europa.

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