El último CIS de salud mental muestra una sociedad hundida por la pandemia del coronavirus

Uno de cada tres españoles admite haber llorado por la situación y el 15 % haber sufrido ataques de pánico o ansiedad


El virus no solo machaca físicamente. La última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) desglosa la factura que un año de pandemia ha dejado en la salud mental de los españoles. La fotografía que arroja es la de una sociedad hundida, muy preocupada y agotada, que ha pasado mucho miedo. Arranca un nuevo marzo y la angustia sigue ahí. Con el tiempo, sin embargo, se ha apaciguado: al menos la mitad de los que en noviembre temían por su vida (entonces el 58,4 % de los españoles) ya no ven tan negro el futuro. Aún así, el 23,4 % admiten sentir «mucho o bastante miedo» a morir por culpa del coronavirus. «La expectativa que genera la vacunación da esperanza -interpreta el psicólogo clínico Eduardo Martínez Lamosa-, a lo que se suma que ahora tenemos más información. Al principio de todo vivíamos en una situación de caos, todo era mucho más imprevisible, y la incertidumbre genera miedo».

Esta intranquilidad se traduce en malestar y en desconsuelo. El 35 % de españoles reconocen haber llorado alguna vez desde el inicio de la pandemia -uno de cada cuatro confiesa que con frecuencia, además-. Las que más se han derrumbado han sido las mujeres (el 52 % frente a un 16 % de hombres), lo que no necesariamente significa que ellas lo pasen peor, sino que lo exteriorizan más. «Socialmente está más aceptado que las mujeres expresen emociones, los hombres lo viven como un tabú -apunta el experto-. También se cree que las mujeres se preocupan más por los demás a nivel social y los hombres son más solitarios, pero siguen siendo estereotipos».

Además, más de la mitad de los encuestados -que fueron 3.083, todos mayores de edad- asegura notarse «cansado o con pocas energías»: uno de cada cinco se ha sentido la mayoría de los días deprimido o sin esperanza y el 16 % (lo que supondría unos siete millones de personas) han tenido uno o más ataques de ansiedad o pánico. De nuevo, más mujeres que hombres (el doble). El 66,7 % de los que han sufrido uno de estos episodios reconocen haber cambiado su vida habitual. Ahora evitan ir a determinados sitios por miedo a sufrir nuevos ataques. Martínez Lamosa advierte que aquí hay que tener precaución al interpretar los datos: «No es lo mismo lo que la gente entiende por un ataque de ansiedad que lo que realmente es a nivel técnico. Es una pregunta de autodiagnóstico, pero lo importante es que refleja bien la situación subjetiva, que la gente se siente agotada y esto, a la larga, puede acarrear también problemas de salud, síntomas físicos». A este agotamiento, añade, se le suma que las rutinas han cambiado: la alimentación, el ejercicio físico. «No se sabe de qué manera exactamente, pero si esta situación se prolongase mucho más afectaría muy negativamente a la salud, tanto mental como física», sostiene.

Un 51,9 % de los consultados aseguran que están «cansados o con pocas energías», especialmente los más jóvenes; un 41,9 %, haber tenido problemas de sueño y un 38,7 %, dolores de cabeza, taquicardias y mareos. Un 21,5 % consideran que están «decaídos, deprimidos o sin esperanza»; otro 21,8 % se describen como «nerviosos, ansiosos o muy alterados»; y un 14,2 % admiten sentirse «incapaces de controlar las preocupaciones». Explica el psicólogo que son efectos habituales de la fatiga. «Una de las consecuencias más previsibles de que esta situación se alargase mucho en el tiempo era lo que se conoce como trastorno adaptativo, que es la consecuencia de estar agotado de vivir siempre lo mismo -comenta-. Lo habitual suele ser síntomas de ansiedad o bajo estado de ánimo, incluyendo la desmotivación, la pérdida de interés en cosas que antes nos producían placer».

El estudio desvela también que el 68,6 % de los españoles tuvieron «mucho o bastante miedo» a que se muriese algún ser querido, mientras que un 72,3 % experimentaron ese mismo nivel de preocupación al pensar en contagiar a algún familiar o amigo. Curiosamente, los que más han temido por su propia vida no han sido los más vulnerables, sino los que se encuentran en la franja de entre 55 y 64 años. ¿Qué más atormentó a los ciudadanos estos meses? Que las pandemias acabasen convirtiéndose en algo habitual (59,6 %), que el virus siguiese propagándose (74 %), no poder ver a sus seres queridos (64 %), perder ingresos (41 %), quedarse sin trabajo (27 %) o que la sociedad no volviese a ser la misma de antes. Hasta un 53 % de los españoles sospecha que nada volverá a ser igual.

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