Nuevas variantes: en alerta, pero sin pánico

Las mutaciones aumentan, pero los expertos recuerdan que la incidencia sigue bajando, que se frenan con mascarillas y distancia y que las vacunas no son inefectivas contra ellas

Melchor Sáiz-Pardo
Colpisa

Como un monstruo de mil cabezas, el SARS-CoV-2 lleva meses cambiando para seguir haciendo daño. Las variantes, mutaciones en el código genético de los virus que aparecen conforme se van copiando en cada contagio, eran esperables con 114 millones de casos en todo el mundo, pero la clave es descubrir cuáles se transmiten mejor, cuáles son las más virulentas y cuáles escapan al efecto de la vacuna.

De todo el mundo llegan a diario noticias sobre nuevas variantes. En Nueva York ha aparecido una bautizada como B.1.526 que ya supone el 25% de los casos en la ciudad y en México, otra llamada B.1.1.222 representa el 87% de los contagios del país. En España, según el último informe sobre variantes, publicado por por el Ministerio de Sanidad el 22 de febrero, las más importantes son la B.1.1.7 (variante británica), la B.1.351 (sudafricana) y la P.1 (brasileña). La más extendida sigue siendo la variante británica, que tiene una presencia muy desigual dependiendo de las comunidades, pero puede llegar a ser la dominante en el país, si no lo es ya, porque ahora mismo supone más del 90% de los casos detectados en algunas zonas en las últimas semanas. Es «más transmisible y probablemente más letal», pero «no parece que escape a la inmunidad (adquirida tras infección natural o vacunación con variantes previas)», sostiene el ministerio, que ha encontrado 898 casos de esta variante (más otros 183 procedentes de fuentes no oficiales).

Menos diseminadas, por ahora, pero más preocupantes, son la sudafricana, de la que se han detectado 15 casos en España, y la brasileña, con solo un caso oficial y dos más extraoficiales. Ambas sí pueden escapar parcialmente o de un modo importante al efecto de las vacunas, según han demostrado los estudios que las farmacéuticas han llevado a cabo en Sudáfrica y en Brasil.

«De momento, debemos relativizar el nivel de peligrosidad de las variantes. Algunas de estas variantes puede que lleven meses circulando y no está claro que sean más mortíferas o causen una patología distinta a la ya conocida. Pero en cualquiera de los posibles escenarios, es importante dos cosas, conocer qué está circulando y caracterizar si esas nuevas variantes suponen un cambio sustancial en la capacidad del virus de producir enfermedad, incluso en personas infectadas o vacunadas», explica el virólogo y profesor de Microbiología en la Universidad CEU San Pablo Estanislao Nistal.

Dudas

Sobre las variantes sobrevuelan muchas dudas: no se sabe si portan más carga viral que el virus tradicional, lo que haría necesario prolongar las cuarentenas de quienes las sufren, tampoco la efectividad de las vacunas sobre ellas y, sobre todo, cuántos casos de cada una hay. Para detectarlas es necesario realizar una secuenciación del virus en cada caso y España, actualmente, no secuencia ni el 1% de los positivos. El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, admitió la pasada semana que España no cuenta con recursos para secuenciar el 5% de los casos antes del verano, como ha pedido la Comisión Europea. «Sí, se podría incrementar la capacidad de caracterización e incidencia de las nuevas variantes y de futuras que pudieran ir apareciendo», opina Nistal, que pide «potenciar los centros con capacidad de secuenciación, diagnóstico y caracterización de estas infecciones» para mejorar la preparación de cara a futuras pandemias.

La comunidad científica está intentando evaluar la efectividad de las vacunas contra las nuevas variantes. El vicepresidente de la Asociación Española de Vacunología, Fernando Moraga-Llop, cree que «hay que estar alerta, pero no debe cundir la alarma». «Lo que sabemos es que las vacunas quizá no sean tan efectivas, pero desconocemos en qué tanto por ciento. Hay tener cuidado con la sudafricana y con algunas mutaciones, como la E484K, que pueden favorecer el escape vacunal, pero el virus no se escapa totalmente, sólo disminuye la eficacia. Y además, los laboratorios ya se han puesto a 'rediseñar' sus vacunas y en octubre parece que las habrán adaptado», sostiene Moraga-Llop. De la misma opinión es Estanislao Nistal: «Los datos muestran una reducción en la cantidad de anticuerpos neutralizantes que generan las vacunas frente a alguna de las variantes, pero los anticuerpos no desaparecen», señala el profesor del CEU.

Las variantes, que casi por definición, son más contagiosas (son adaptaciones del virus para sobrevivir) preocupan a los epidemiólogos. «Pueden ser la causa de más olas, especialmente por su capacidad de transmitirse más o de contagiar a otros grupos de edad que antes parecían mas protegidos (especialmente, los niños). Debemos entender que las variantes surgen con mayor probabilidad cuanta más transmisión hay (porque damos oportunidad a que el virus mute más y se transmite más), así que lo importante para seguir previniendo estas variantes es disminuir la incidencia», argumenta Usama Bilal, profesor de la Drexel University de Filadelfia. «Las variantes son nuevas piedras en el camino, pero debemos tener claras algunas cosas: se frenan igual que el virus tradicional, con mascarillas, distancia social e higiene de manos; y países como Reino Unido, Irlanda o Dinamarca han parado sus olas de variante británica, igual que en España, que está bajando la incidencia acumulada pese a que hay más variantes. No podemos dejarnos llevar por la idea de que las nuevas variantes nos van a matar», sostiene el epidemiólogo Pedro Gullón.

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