Sanidad asume ya que habrá 17 Semanas Santas diferentes y se conformará con directivas comunes para contener las nuevas olas de la pandemia

La disparidad de la incidencia y la necesidad de acuerdos unánimes hacen inviable un plan único, pese al riesgo real de rebrotes

Melchor Sáiz-Pardo
Madrid / Colpisa

 Carolina Darias está viviendo estos días en sus carnes exactamente la misma sensación que experimentó Salvador Illa allá por noviembre. Entonces, el exministro de Sanidad intentó por todos los medios evitar lo que él mismo denominó «17 Navidades diferentes». Pero al final, en las pasadas vacaciones, cada comunidad estableció sus reglas de entrada y salida, de número de comensales en las cenas y de horarios y aforos en los bares y restaurantes. Darias ahora -con la Semana Santa y el puente de San José encima- corre el mismo riesgo, darse de cabeza contra el muro de los poderes autonómicos, como le ocurrió a su antecesor, pero no está dispuesta a tirar la toalla. Quiere al menos un 'acuerdo de mínimos'.

La titular de Sanidad ha decidido escarmentar en cabeza ajena y ha movido ficha con antelación para intentar persuadir a las autonomías de la necesidad de adoptar esas «reglas de juego comunes», que no homogeneizadoras, para los 19 territorios (comunidades y ciudades autónomas). Darias ha encargado a la Comisión de Salud Pública un documento marco para intentar unificar las normas de una desescalada que, sin embargo, muchas regiones ya han empezado por su cuenta un mes antes de las vacaciones.

Según responsables de Sanidad, este documento será flexible y en él los expertos aspiran a plasmar una suerte de hoja de ruta con las medidas que se pueden relajar según el grado de incidencia en cada zona. No será -insisten- un texto para «igualar las restricciones» ni «homogeneizarlas» en todas las comunidades, dado que la incidencia sigue siendo muy dispar, sino para equiparar la desescalada en territorios con situaciones epidemiológicas análogas. El pasado jueves, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), Fernando Simón, ya avisó de que «no se pueden plantear medidas comunes porque la situación epidemiológica es muy diferente» en las comunidades.

Y es que Darias, Simón y sus respectivos equipos, según han reconocido en las últimas horas responsables del Gobierno, son muy conscientes de que no pueden forzar a las comunidades a medidas adicionales sin aprobar un nuevo estado de alarma. «Solo cabe la persuasión», admiten en Sanidad, donde saben que la carta definitiva se la van a jugar en el Consejo Interterritorial, ese foro que ahora se reúne con periodicidad semanal y cuyo poder de decisión se basa en la unanimidad porque sus decisiones, en realidad, no son vinculantes legalmente para las autonomías.

Buena parte de los gobiernos regionales de todos los colores -particularmente Andalucía, Castilla y Léon, Comunidad Valenciana, Extremadura y Cantabria- han pedido de forma reiterada evitar una nueva «torre de Babel», como la definió Miguel Angel Revilla, en referencia a lo ocurrido las pasadas Navidades.

Cierre perimetral

La cuestión esencial-reconocen desde Sanidad- es el uso del confinamiento perimetral de las comunidades como principal herramienta para limitar la movilidad. Y hablar del encierro autonómico es abrir automáticamente el enfrentamiento con la Comunidad de Madrid, la región con la incidencia más alta de España, pero que, sin embargo, desde Navidad se ha empeñado en mantenerse abierta.

El Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, sin duda el más laxo en las medidas durante la pandemia, no quiere, a priori, imponer medidas restrictivas a su población, sobre todo ahora que la virulencia del virus se encuentra en pleno descenso. En el otro extremo están comunidades como Castilla y León o Asturias, que ya han prometido que van a seguir con su confinamiento perimetral pase lo que pase.

En Sanidad no ocultan que su deseo sería el de mantener cerradas las fronteras autonómicas. Los informes que manejan en el CCAES no descartan, ni mucho menos, dos escenarios igualmente negativos a pesar del aumento de la vacunación. El primero es que la Semana Santa coincida con el inicio de una cuarta ola, sobre todo a la vista de la desaceleración de la bajada de la transmisión en los últimos días y teniendo en cuenta que el pico de la tercera ola se alcanzó en la segunda mitad de enero, dos meses antes de Semana Santa y, por ende, con tiempo de sobra para que se inicie un nuevo tsunami. La segunda posibilidad que estudian los expertos de Sanidad es que sean las propias vacaciones las que desaten la cuarta ola con el relajamiento de las medidas, tal y como ocurrió en las pasadas Navidades.

Los epidemiólogos piden desescalar con precaución para retrasar el nuevo pico de contagios

Algunos epidemiólogos las siguen denominando olas y otros prefieren llamarlas «momentos de aumento de transmisión», pero todos coinciden en que la curva de los nuevos casos de covid-19, que ahora está en un valle, volverá a crecer en el futuro. Eso sí, no da igual cuándo se produzca ese nuevo aumento: tiene que ser lo más tarde posible para que haya más vacunados y el sistema sanitario se recupere de la dureza de la tercera embestida.

«Ganar tiempo es muy importante. Todos los países tendrán subidas y será muy difícil escapar de ellas, pero es mejor que nos pille siendo los últimos que los primeros. Que el aumento de transmisión ocurra dentro de poco, con la vacunación recién comenzada y los hospitales aún con gran presión, puede ser devastador. Pero si el crecimiento sucede dentro de unos meses, con la población más vulnerable vacunada y sin el sistema saturado, puede haber un impacto menor en los hospitales y en la mortalidad», cuenta el epidemiólogo Pedro Gullón.

Una opinión similar muestra su colega Usama Bilal, profesor asturiano en la Drexel University de Filadelfia (Estados Unidos). «Posiblemente siga habiendo olas durante 2021, aunque serán menos virulentas. Cada vez hay más gente que ha pasado la enfermedad y más gente inmunizada, así que estas olas van a ir disminuyendo en general su intensidad y mientras los servicios de salud pública estén funcionando, podemos mitigar sus efectos», señala. Pero la clave está en cómo se realicen las desescaladas. «Es muy pronto para levantar algunas medidas como el cierre del interior de la hosteleria. Tenemos que estar en una situación de muy baja incidencia para hacer esto, y no lo estamos en ningún sitio en España», continúa Bilal.

«Necesitamos seguir teniendo mucha prudencia en la situación en la que estamos. Puede que una nueva relajación dé lugar a una nueva oleada y a muertes que son evitables», argumenta, por su parte, el virólogo y profesor de Microbiología en la Universidad CEU San Pablo Estanislao Nistal. «Es importante que no desescalemos demasiado rápido», corrobora Gullón. «Ya hemos visto lo que pasó en noviembre, con niveles de incidencia que crecieron muy rápido y se multiplicaron luego en Navidad. Cualquier medida tiene que ser pensando que puede tener marcha atrás y sin triunfalismos, que las cosas se hagan con cabeza y tranquilidad», concluye.

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