Una auxiliar a domicilio: «Sin nosotras muchos mayores no se podrían quedar a vivir en el rural»

Los profesionales que ayudan en el hogar en Portomarín ya han recibido al menos una dosis de la vacuna

Vanesa Bruzos, auxiliar de geriatría del concello de Portomarín
Vanesa Bruzos, auxiliar de geriatría del concello de Portomarín

PORTOMARÍN / LA VOZ

El trabajo de los auxiliares de ayuda en el hogar es otra de esas heroicidades ocultas que con la pandemia cogieron incluso más importancia. Tras la vacunación de los profesionales de las residencia y centros sanitarios, el Sergas decidió continuar con el grupo de empleados de ayuda a domicilio hace tres semanas. Una noticia que Vanesa Bruzos estaba deseando, consciente de la esencial función que hace para el grupo de mayores de riesgo que resiste en el rural. Vanesa es auxiliar de geriatría y lleva más de 13 años recorriendo las casas de los mayores de todo el concello Portomarín que necesitan ayuda en su día a día. En este concello, terminaron este lunes con la administración de la primera dosis de la vacuna. Resume su trabajo con un «te tiene que gustar, es vocacional», porque su importancia social es mucha: «Hemos sido la única compañía de los dependientes del rural durante una gran parte del último año».

—¿Paró de trabajar en algún momento durante la pandemia?

—Yo concretamente no. En Portomarín somos ocho auxiliares para 37 usuarios. En algunos momentos de mucha incidencia se redujeron los servicios para aquellos que podían arreglarse sin nuestra ayuda, como actualmente, pero yo siempre seguí con mis cuatro casas. Además, no cambiamos de usuarios para evitar estar en contacto con diferentes personas.

—¿Cómo cambió su trabajo con el coronavirus?

—Tenemos una responsabilidad muchísimo mayor, como todo aquel que trabaja con personas de riesgo. Al principio nos bombardearon con protocolo, pero rápidamente nos acostumbrados y pasamos a ser los responsables de explicar la situación a los usuarios.

—¿Cómo lo vivieron ellos?

—Al principio se asustaban mucho al vernos con la ropa de protección, sobre todo por las pantallas, no nos reconocían. Después, los que no tienen un deterioro cognitivo, confían en nosotras para decirles que todo va bien y explicarles cómo estaba evolucionando el virus.

—¿Se incrementó el cuidado sanitario?

—Se realizan con más precaución, pero el incremento ya depende de la salud de cada uno, hay grandes dependientes que viven con su familia y mayores con más independencia a los que le surgieron otras necesidades. Con la pandemia se volvió más importante la asistencia de la comida, la limpieza de la casa o meramente la compañía. Ya que entre los cierres perimetrales y las restricciones muchos mayores se quedaron solos en toda una aldea, alejada del núcleo de Portomarín.

—¿Los usuarios viven en zonas alejadas?

—Algunos sí. Nosotras trabajamos por todo el concello, entre aldeas que están a más de media hora una de otra. Muchos vecinos no quieren abandonar su casa del pueblo, por eso se acogen a este servicio. Sin nosotras, muchos no se podrían quedar en el rural, tendrían que mudarse cerca de su familia o a una ciudad.

—¿Cómo afectaron las últimas restricciones máximas?

—Los dejaron más solos, ya que al no poder juntarse con convivientes ni siquiera pueden ir a pasear con sus vecinos, una actividad que muchos hacen. Además, los cierres perimetrales dificultaron las visitas de los familiares.

—¿Es importante la vinculación emocional con los usuarios?

—Es inevitable. Son varias horas al día con ellos y poco a poco, a los que no tienen un deterioro cognitivo, les vas cogiendo tanto cariño como a un familiar. Además, muestras de afecto son muchas veces lo que más necesitan. En el tiempo que estoy en los domicilios, también tengo que escucharlos y entablar una relación con ellos. Están deseando que llegues y te tiran del brazo casi para que no te vayas. Al final acabo conociendo sus inquietudes casi tanto o más que su familia.

—¿Qué sientes al recibir la vacuna?

—Todavía estamos con el papeleo previo. Pero la estaba deseando, por mí habría sido ya la primera. Nosotras también trabajamos en primera línea.

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