Las nuevas leyes del robot: «No sustituirás a los trabajadores ni fingirás ser humano»

Frank Pasquale, profesor de Derecho y experto en IA, actualiza a Asimov

«Westworld» describe a androides indistinguibles de los humanos.
«Westworld» describe a androides indistinguibles de los humanos.

vigo / la voz

El escritor Isaac Asimov propuso hace casi 80 años que los robots cumpliesen tres leyes que se resumen en «no dañarán a un humano por acción ni omisión, y deberán autoconservarse». En pleno siglo XXI, un profesor de Derecho especializado en Inteligencia Artificial (IA) ha visto que los robots ya están dañando al ser humano, aunque no de forma física. En el terreno laboral, están reemplazando a muchos trabajadores, y en el psicológico, fingen las emociones de una persona. Por eso, propone cuatro leyes más para inspirar a los legisladores.

En la novela Runaround, escrita en 1942, el autor de ciencia ficción Isaac Asimov delineó las tres leyes básicas de la robótica. Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitirá que sea herido. Deberá obedecer las órdenes dadas por un humano, excepto cuando entren en conflicto con la primera ley. Y protegerá su propia existencia siempre que eso no entre en conflicto con las otras dos leyes.

Estos tres principios se han vuelto obsoletos en el siglo XXI, según Frank Pasquale, profesor de Derecho en la Brooklyn Law School. En su reciente libro New Laws of Robotics (Nuevas leyes de la robótica), el docente propone otras cuatro normas destinadas a los fabricantes de máquinas inteligentes. Se pregunta qué pasará cuando los coches-robot envíen al paro a cientos de miles de chóferes y camioneros. ¿Puede un dron autónomo disparar a una célula terrorista? ¿Puede un bot o una secretaria virtual de Google Assistant fingir expresiones como «¿hum!» o «¡ah!» para hacer creer al cliente que está hablando con un humano?

La primera ley de Pasquale dice que un sistema robótico y la IA deberían complementar a los profesionales, no reemplazarlos. La segunda prohíbe conferir humanidad a las máquinas. La tercera sostiene que no intensificarán la carrera armamentística de suma cero (destrucción mutua asegurada). La cuarta obliga al autómata a indicar la identidad de su creador, controlador y propietario. «Estas leyes promueven la complementariedad, la autenticidad, la cooperación y la atribución. Aún podemos distinguir entre una tecnología que reemplaza a la gente y otra que la ayuda a hacer mejor su trabajo», dice.

Sobre la prohibición de robar el trabajo, Pasquale dice que un robot no puede dañar a un humano, y dejarlo en el paro es hacerle daño. Ve como solución la llamada robótica asistencial, en la que la máquina ayuda a un médico a diagnosticar, no lo reemplaza. Otra idea es graduar el automatismo de un coche autónomo, desde el modo chófer (prácticamente, un piloto automático) a otro en modo guardián (que solo actúa para evitar un accidente).

Respecto a no conferir una humanidad al robot, recuerda la serie distópica Westworld, donde prospera una comunidad de androides de metal y látex que recrean gestos y modos humanos. Pasquale no se olvida de que la IA ya es experta en crear fotos de fake people (gente falsa) que hablan con voces sintéticas. Cuesta saber si es una persona real. Propone que un robot tenga figura de animal o criatura fantástica cuando ayude a los niños.

La tercera ley aborda a los killer robots (drones soldado). Aconseja frenar la escalada armamentística y el control social con IA que puntúa a los ciudadanos. Y con la cuarta ley, anima a identificar al diseñador que está detrás de una máquina o un chatbot para responsabilizarle si acaba fuera de control o algo sale mal.

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